China, un camino de regulación para las “nuevas formas” de empleo – Por Diego Lorca

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China, un camino de regulación para las “nuevas formas” de empleo

Por Diego Lorca*

 

El Tribunal Popular Intermedio de Hangzhou, capital de la provincia de Zhejiang en el este de China, confirmó este 28 de abril que una empresa tecnológica no puede despedir a un trabajador alegando que la inteligencia artificial (IA) absorbió sus funciones. La sentencia se difundió como caso típico antes del Día Internacional del Trabajo y fija doctrina sobre el reparto de los costos de la automatización.

El trabajo asalariado clásico se organizó históricamente alrededor de una relación formal, jurídica y material clara; empleador que contrata, lugar de trabajo definido, herramientas generalmente provistas por la empresa y una serie de derechos (salario, jornada, seguridad social, negociación colectiva) fruto de luchas sociales y su posterior institucionalización estatal. Esta configuración fue central en la consolidación del Estado de bienestar y de los sistemas de protección social a lo largo y ancho del planeta. Hoy, sin embargo, asistimos a una profunda transformación en la arquitectura del trabajo. La fase digital y financiera del capitalismo, con las plataformas como “las nuevas fábricas”, está inaugurando un modelo que promete “flexibilidad” y “autonomía”, pero que en los hechos encierra mayores grados de precariedad y explotación laboral y China no es un caso aislado.

El trabajador del fallo antes citado, identificado sólo por su apellido Zhou, ingresó en noviembre de 2022 como supervisor de control de calidad de modelos de lenguaje en una firma tecnológica de Hangzhou donde cobraba 25.000 yuanes mensuales (unos 3.640 dólares). En 2024 la empresa le ofreció un puesto inferior con 15.000 yuanes (2.180 dólares), una caída salarial del 40%, alegando que la IA podía hacer su tarea, y como Zhou rechazó la propuesta la empresa decidió despedirlo. Tres instancias coincidieron en que la adopción de IA es una decisión empresarial, no un cambio objetivo de circunstancias, y no habilita la rescisión que la Ley de Contrato de Trabajo china reserva a fusiones, catástrofes o cambios regulatorios disruptivos, además la justicia dispuso que el progreso tecnológico puede ser irreversible, pero no opera fuera del marco legal.

Días anteriores al fallo, el Comité Central del Partido Comunista Chino, máxima autoridad política del país asiático emitió los “Lineamientos sobre la Protección de Derechos e Intereses de los Trabajadores en Nuevas Formas de Empleo”, el primer marco normativo del país dedicado de manera específica a los trabajadores de plataformas digitales (delivery, ride-hailing, livestreamers, mensajería) y que deberá tener pleno cumplimiento para el 2027.

Estos lineamientos alcanzan a más de 200 millones de personas que realizan diferentes trabajos relacionados con plataformas, equivalente al 27% de la fuerza laboral total y al 43% de la urbana. Plantea como obligaciones centrales, los contratos estandarizados, retribución vinculada a la intensidad real del trabajo (no a la orden cumplida bajo presión algorítmica), salario mínimo local garantizado, tope de horas trabajadas forzado por la propia app (debe dejar de asignar pedidos cuando se alcanza el límite), transparencia algorítmica, derecho de las representaciones sindicales a negociar y revisar los algoritmos de asignación de tareas, precios y sanciones, y sumisión de los algoritmos a revisión regulatoria.

Además, recientemente las autoridades de medios y cultura del país asiático emitieron normas de comportamiento y regulaciones para los trabajadores de programas de streaming, otras de las nuevas formas de trabajo que actualmente no se regulan en la mayor parte del mundo. Las normas prohíben 31 tipos de conductas, publicadas conjuntamente por la Administración Nacional de Video y Televisión y el Ministerio de Cultura y Turismo. Además, exigen que para contenido que requiera conocimiento profesional —como medicina, finanzas y educación— los streamers deben tener calificaciones profesionales y registrarse ante las plataformas de livestreaming.

Las normas exigen que los streamers declaren sus ingresos con veracidad y paguen impuestos conforme a la ley. El caso emblemático es el de Huang Wei (Viya), multada con 1,34 mil millones de yuanes por evasión impositiva. Luego del caso Viya, las autoridades chinas de ciberespacio, impuestos y supervisión de mercado declararon que reforzarían la gestión de registro y clasificación de cuentas de livestreaming, con la obligación de que plataformas, agencias de servicio e individuos cumplan sus obligaciones fiscales.

Un mercado laboral bajo presión 

Según la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS) China cerró 2025 con 725 millones de personas ocupadas, distribuidas en 22% sector primario, 29% industria y 49% servicios. La distribución sectorial confirma la transición —lenta pero sostenida— hacia una economía de servicios. En metrópolis como Pekín y Shanghai, los servicios superan respectivamente el 80% y el 66% del empleo total.

La tasa de desempleo urbana se mantuvo estable en 5,2% durante 2025, pero lo preocupante es el desempleo juvenil de 16 a 24 años que llegó al 16,9% en marzo de 2026 y había trepado al 18,9% en agosto de 2025, cuando egresaron doce millones doscientos mil universitarios, el mayor número de la serie. Al igual que en el resto del mundo, las y los jóvenes son los más afectados y excluidos de un mercado laboral que tiende a la precarización laboral y al pluriempleo.

La brecha entre el tramo de 16-24 años y el de 30-59 años, supera los 12 puntos porcentuales, una de las más amplias entre las economías del G20. Quienes no acceden al empleo formal, como sucede en gran parte del mundo, terminan en la economía de plataformas, la All-China Federation of Trade Unions, la federación nacional de sindicatos de la República Popular China contabilizó ochenta y cuatro millones de trabajadores en «nuevas formas de empleo» en 2024, el 21% de la fuerza laboral (la ACFTU es la organización sindical más grande del mundo y la única legalmente reconocida en China, con 300 millones de miembros afiliados en diversos sectores).

Esta nueva arquitectura del trabajo basado en la digitalización y financiarización de la economía es claramente observable en el gigante asiático y demanda principalmente mano de obra juvenil, migrante y de trabajadores expulsados de la manufactura. Datos clave:

  • En China, los trabajadores de plataformas pasaron de 50 millones en 2015 (6,5% del empleo) a 75 millones en 2018 y más de 200 millones en 2025.
  • Solo en delivery, Meituan y Ele.me concentran 98% del mercado. Meituan contó con 7,45 millones de riders que generaron ingresos en 2023; casi la mitad trabajó menos de 30 días (uso ocasional o transicional).
  • DiDi reportó más de 31 millones de conductores registrados; 22% de los trabajadores manufactureros migraron al delivery por ingresos relativamente altos y baja barrera de entrada.

La pregunta que abre el fallo de Hangzhou no se queda en Zhejiang: ¿quién paga la transición hacia la nueva arquitectura del trabajo? Si la respuesta es cada trabajador por separado, la consecuencia son los dieciséis millones de jóvenes chinos sin empleo formal y los ochenta y cuatro millones que dependen de plataformas. Si la respuesta requiere un reparto, hace falta lo que los jueces de Hangzhou apenas insinuaron, reconocimiento de la relación laboral en plataformas, codeterminación de los algoritmos que asignan tareas y salarios, y fondos de reconversión financiados con la productividad ganada por la automatización. La discusión empieza en un tribunal de Zhejiang y vuelve sobre cada país donde la IA llegó mucho antes que su regulación.

*Diego Lorca, Director del OITRAF (Observatorio Internacional del Trabajo del Futuro) y analista de NODAL.

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