El cuerpo como territorio en disputa: genocidio reproductivo y resistencia en Palestina – Por Alejandra Rizzo
El cuerpo como territorio en disputa: genocidio reproductivo y resistencia en Palestina
Por Alejandra Rizzo*
La ofensiva israelí sobre Gaza destruye hospitales, maternidades, redes de cuidado y condiciones básicas para la reproducción de la vida. Frente a ello, las mujeres palestinas sostienen formas de organización comunitaria y resistencia cotidiana mientras organismos internacionales, especialistas y organizaciones de derechos humanos comienzan a advertir sobre una dimensión específica del conflicto: el genocidio reproductivo.
Más de 38.000 mujeres y niñas asesinadas, hospitales obstétricos destruidos, partos sin anestesia y una crisis sanitaria que afecta a cientos de miles de embarazadas forman parte del escenario que atraviesa Palestina tras más de un año y medio del recrudecimiento de la ofensiva sionista israelí. En abril de 2026, ONU Mujeres informó que al menos 47 mujeres y niñas murieron por día en Gaza entre octubre de 2023 y diciembre de 2025 y que cerca de un millón permanecen desplazadas sin acceso regular a salud, alimentación y servicios básicos.
La situación impacta especialmente sobre la salud reproductiva. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), cientos de miles de mujeres enfrentan dificultades extremas para acceder a productos de higiene menstrual, controles prenatales y atención ginecológica. La Organización Mundial de la Salud advirtió además que más de 500.000 mujeres quedaron sin acceso a servicios esenciales de salud sexual y reproductiva.
La destrucción de la reproducción de la vida
El genocidio sobre Palestina ya no puede explicarse únicamente como una disputa militar o territorial. Además de la imposición violenta del estado de israel, dirigido por Benjamín Netanyahu, de ocupación ilegal de las tierras palestinas y desplazamiento forzado, lo que se ejerce en Palestina es también la destrucción sistemática de las condiciones materiales que hacen posible la reproducción de la vida: hospitales, maternidades, viviendas, redes de cuidado, acceso al agua, producción agrícola y condiciones mínimas de supervivencia comunitaria han sido destruídas en más del 90% según organismos internacionales de derechos humanas y el propio Ministerio de Salud de Palestina.
En enero de 2026, la organización ‘’Physicians for Human Rights’’ sostuvo que el embarazo y la maternidad se transformaron en “actos de alto riesgo” en Gaza. Sus informes documentaron abortos espontáneos, desnutrición severa, partos sin anestesia y aumento de complicaciones obstétricas producto del colapso sanitario y el desplazamiento forzado.
La investigadora palestina Hala Shoman desarrolló esta idea durante su exposición en la sesión final del Tribunal de Gaza, realizada en octubre de 2025. Allí sostuvo que el “reprocidio” constituye una forma específica de genocidio orientada a destruir la capacidad de reproducción social y biológica de un pueblo. El objetivo no es solamente provocar muerte inmediata, sino volver inviable la continuidad futura de la vida palestina mediante el ataque sistemático a maternidades, fertilidad, vínculos familiares, salud y condiciones materiales de existencia. Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas israelí, lo expresó textual en mayo del 2026: ‘’Estamos construyendo la Tierra de Israel y destruyendo la idea de un Estado palestino’’.
El concepto permite pensar cómo el genocidio actúa sobre embarazos, crianza, fertilidad y sostenimiento cotidiano de la comunidad. Según Shoman, la destrucción de la infraestructura reproductiva no constituye un efecto colateral del conflicto, sino una dimensión estructural de la ofensiva sobre Palestina.
Uno de los hechos más significativos ocurrió en diciembre de 2023, cuando un bombardeo israelí destruyó el principal centro de fertilidad asistida de Gaza. El ataque eliminó más de 4.000 embriones y miles de óvulos y espermatozoides almacenados. El director de la clínica afirmó entonces que “5.000 vidas fueron destruidas en un solo proyectil”. Para Shoman, la destrucción de infraestructura reproductiva forma parte de una lógica orientada a afectar la posibilidad futura de reproducción de familias palestinas y, con ello, eliminar para siempre a Palestina del mapa mundial.
La destrucción de viviendas aparece también como otra dimensión central de este proceso. Más del 95% de las viviendas de Gaza sufrieron daños o destrucción. Según datos retomados por la Unión Europea, Naciones Unidas y el Banco Mundial en un informe publicado en abril de 2026, el desarrollo humano en Gaza retrocedió 77 años. El documento describe un “colapso multisectorial” que afecta simultáneamente salud, educación, alimentación, ingresos y cohesión social.
El genocidio sobre los cuerpos
El genocidio también puso en evidencia formas específicas de disciplinamiento y control sobre los cuerpos palestinos. Organizaciones de derechos humanos denunciaron violencia sexual, humillaciones, torturas y detenciones arbitrarias contra mujeres y hombres palestinos en cárceles israelíes.
Informes de Addameer y del Palestinian Prisoners’ Club documentaron casos de aislamiento, desnudez forzada, agresiones sexuales, secuestros y privación de atención médica contra personas detenidas. La violencia aparece así como el mecanismo de control territorial y disciplinamiento político. Según datos del Centro Palestino para Personas Desaparecidas Forzosamente, un total de 8.000 niños permanecen desaparecidos y cerca de 21.510 han perdido la vida durante los 29 meses de continuos ataques israelíes en la Franja de Gaza.
El informe presentado por Shoman en el Tribunal de Gaza advierte además sobre ataques deliberados a la fertilidad masculina, incluyendo heridas genitales provocadas por disparos y situaciones de violencia sexual contra detenidos palestinos. El objetivo del reprocidio, sostiene, excede los cuerpos de las mujeres y busca destruir la continuidad colectiva de la sociedad palestina.
La situación sanitaria afecta también la vida cotidiana de las mujeres desplazadas. Organizaciones humanitarias reportaron casos de mujeres obligadas a utilizar telas, restos de ropa o materiales insalubres ante la imposibilidad de acceder a productos básicos de higiene menstrual. A ello se suma el incremento de infecciones urinarias, enfermedades ginecológicas y cuadros severos de estrés y desnutrición.
Mujeres palestinas y la disputa por la reproducción de la vida
Sin embargo, la experiencia palestina no puede reducirse únicamente a la devastación. En medio de la destrucción, las mujeres palestinas sostienen redes de cuidado, alimentación, salud comunitaria y organización cotidiana fundamentales para la supervivencia colectiva.
En campamentos, refugios y barrios destruidos, mujeres organizan cocinas comunitarias, redes de distribución de alimentos, atención sanitaria básica y espacios de acompañamiento para niñas y niños desplazados. En Italia, madres israelíes y palestinas marcharon descalzas por Roma en el marco de la «Marcha Descalza: Llamamiento de las Madres por la Paz», dónde cientos de personas se unieron en base a la consigna de que «los niños palestinos merecen seguridad, dignidad y un futuro libre de miedo». También periodistas, médicas, docentes y comunicadoras palestinas continúan produciendo información y construyendo memoria en medio de bombardeos, persecuciones y desplazamientos forzados.
La resistencia también se organiza desde los cuerpos y los cuidados. Allí donde la ofensiva busca fragmentar la vida social, las redes comunitarias producen formas de recomposición colectiva que permiten sostener la existencia cotidiana bajo condiciones extremas.
La disputa tampoco se desarrolla solamente sobre el territorio físico. Organizaciones palestinas denunciaron durante 2026 detenciones, desapariciones y violencia contra periodistas y comunicadoras. La circulación de imágenes, relatos y testimonios se convirtió en otro terreno central de la confrontación política global. El genocidio actúa también sobre la capacidad de narrar, registrar y construir legitimidad internacional.
En ese escenario, las plataformas digitales y la circulación global de imágenes pasaron a ocupar un lugar estratégico. La disputa actual no se desarrolla únicamente sobre fronteras o recursos materiales, sino también sobre la producción de sentido, la visibilidad de las violencias y la construcción de subjetividades.
La ofensiva sobre Palestina expone así una transformación más profunda en las formas actuales de ejercicio del poder. El genocidio ya no actúa únicamente sobre objetivos militares. También interviene sobre las condiciones materiales que hacen posible la reproducción de la vida: maternidades, hospitales, agua, alimentos, vínculos comunitarios, memoria y capacidad de futuro.
El genocidio reproductivo no actúa solamente sobre la muerte inmediata. También busca interrumpir el tiempo futuro de un pueblo: impedir nacimientos seguros, destruir infraestructuras de cuidado, romper vínculos familiares y volver inviable la continuidad material y simbólica de la vida palestina.
En ese contexto, las mujeres palestinas no aparecen solamente como víctimas de la devastación, sino como parte central de las redes que sostienen comunidad, organización y resistencia frente a un modelo sionista que administra vulnerabilidades y fragmenta las condiciones de existencia colectiva.
El conflicto ya no es únicamente territorial. También se libra sobre los cuerpos, el tiempo, los cuidados y la posibilidad misma de reproducir la vida colectiva.
*Alejandra Rizzo, militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Aquelarre Feminista en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de NODAL.
