Argentina es finalista, también en biotecnología – Por Fernando Rizza 

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Argentina es finalista, también en biotecnología 

 

Por Fernando Rizza 

 

Argentina acaba de dar un paso que la posiciona en el podio de la biotecnología mundial. Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) logró desarrollar el primer cerdo modificado genéticamente para realizar xenotrasplantes en América Latina. El avance permite pensar en la producción de órganos animales compatibles para trasplantes a seres humanos. Pero este hecho abre una discusión de fondo: ¿quién controlará el conocimiento estratégico capaz de salvar vidas?

El logro se conoció esta semana, aunque ocurrió el 8 de abril. El nacimiento de una cerda clonada con tres genes desactivados colocó a la Argentina en un grupo reducido de países capaces de desarrollar animales con edición génica. Hasta ahora, ese desarrollo estaba concentrado principalmente en Estados Unidos y China. El resultado muestra que la ciencia argentina todavía puede producir conocimiento de frontera. También muestra que las décadas de financiamiento a la ciencia y la tecnología, así como al sistema de salud y educación pública no fueron en vano y no paran de sorprender con sus avances. Avances hoy en riesgo por los recortes y desfinanciamiento del gobierno libertario de Javier Milei.

El xenotrasplante consiste en trasplantar órganos, tejidos o células de una especie animal a un ser humano. El cerdo aparece como el principal candidato porque su anatomía y su fisiología tienen grandes similitudes con las humanas. Además, se reproduce con rapidez. El problema está en el rechazo inmunológico. El organismo humano identifica al órgano animal como una amenaza y genera una reacción inmune exacerbada, lo que complica la sobrevida del paciente.

A partir de la edición genética se busca modificar esa respuesta. En el caso desarrollado por el equipo argentino, se desactivaron tres genes vinculados con el rechazo hiperagudo, a partir de la técnica “triple knockout”. El resultado fue un animal cuyos órganos son entre un 70% y un 80% menos visibles para el sistema inmunológico humano que los de un cerdo convencional.

El trabajo fue desarrollado por CrofaBiotech, una empresa biotecnológica incubada en la UNSAM y cofundada por investigadores y especialistas en trasplantes. El equipo de la universidad trabajó en la clonación molecular y en la edición genética de los embriones. La Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA participó en la gestación y el nacimiento de los embriones implantados.

El problema que busca resolver esta técnica no es menor. En Argentina, más de siete mil personas esperan un trasplante, según el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI). El país tiene alrededor de nueve donantes por cada millón de habitantes. Hasta junio de 2026 se habían realizado cerca de mil trasplantes. La distancia entre la necesidad y la disponibilidad de órganos sigue siendo enorme.

El problema se repite en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la oferta global cubre apenas el 10% de la demanda de órganos. Por esta razón, el xenotrasplante se abre paso como una alternativa, donde la edición génica, la clonación y la biotecnología son usadas para el bien común.

Mientras tanto, Estados Unidos también avanza en esta carrera. La empresa United Therapeutics obtuvo autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para iniciar un ensayo clínico con un corazón porcino modificado mediante diez ediciones genéticas. La empresa busca evaluar la seguridad y la eficacia del órgano en seres humanos, dando un paso central de avance sobre las validaciones que aún restan.

El capital financiero también ingresó de lleno en el sector. La empresa eGenesis obtuvo USD 191 millones en una nueva ronda de inversión para avanzar hacia ensayos clínicos. Es que es el capital financiero quien ve en cada desarrollo la oportunidad para valorizar su capital, es decir, aprovechar la necesidad de dinero de quienes investigan y desarrollan haciendo del conocimiento científico estratégico un activo de enorme valor, y corriendo el centro de gravedad del bien común y la salud humana a la renta como objetivo central.

La pregunta, entonces, no es solo si Argentina puede producir órganos porcinos compatibles con seres humanos. La pregunta es quién tendrá el control de esa capacidad. La investigación pública, las universidades y los científicos argentinos generan conocimiento estratégico. Pero las empresas necesitan capital para atravesar las etapas de producción, bioseguridad, validación regulatoria y aplicación clínica. Y es ahí donde pululan los fondos financieros, las “aceleradoras de startups”, etc. que hacen uso de la capacidad instalada que dejan los estados nación y del conocimiento colectivo y público, para generar oportunidades de negocios y rentabilidad para unos pocos.

La biotecnología plantea así una disputa central. Quienes controlen las tecnologías capaces de producir medicamentos, terapias genéticas y órganos podrán reducir sus dependencias o en definitiva alargar sus vidas. Quienes no, quedarán relegados a comprar esas soluciones en el mercado internacional y al precio que se disponga.

Argentina acaba de demostrar que puede participar en la frontera científica. El desafío consiste en que ese conocimiento no se pierda, no se privatice sin control y no termine financiando únicamente negocios en el exterior. La producción de órganos para trasplantes puede convertirse en una capacidad estratégica para el país y para América Latina.

Lo que todavía debe definir es si la biotecnología será tratada como una mercancía más o como una herramienta de soberanía nacional.

*Fernando Rizza es Médico Veterinario. Columnista de NODAL, integrante del Centro de Estudios Agrarios (CEA) y Docente en la Universidad Nacional de Hurlingham, Argentina.

 

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