Kast impulsa en Chile una reforma laboral comparable al Plan Laboral de la dictadura pinochetista – Por Diego Lorca

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Kast impulsa en Chile una reforma laboral comparable al Plan Laboral de la dictadura pinochetista

Por Diego Lorca*

El trece de julio el gobierno de José Antonio Kast ingresó al Congreso de Chile, con suma urgencia, el proyecto que crea el Estatuto Laboral para el Turismo. No toca el texto de la Ley 21.561, que reduce la jornada semanal de cuarenta y cinco a cuarenta horas hasta 2028, pero cambia la unidad con la que se calcula el promedio, de cuatro semanas a dieciséis en el régimen general y hasta cincuenta y dos en el turismo. El ministro del Trabajo, Tomás Rau, lo resumió así: «Las cuarenta horas no las queremos cambiar; cómo tú promedias las cuarenta horas sí».

En este contexto, la Central Unitaria de Trabajadores y Trabajadoras de Chile (CUT) leyó ese proyecto junto con las veintidós propuestas que una comisión de expertos entregó al gobierno el treinta de junio y lo llamó nuevo Plan Laboral. El Plan Laboral que José Piñera diseñó en 1979 para la dictadura de Augusto Pinochet, consolidado en el Código del Trabajo de 1987, fijó un ordenamiento que las reformas posteriores apenas retocaron. 

Cada vez que un gobierno de derecha asume en América Latina con un programa de ajuste, la reforma del régimen de trabajo ocupa el mismo lugar en la agenda y el argumento se repite sin variantes, abaratar el despido para “crear empleo”. En Argentina la Ley de Modernización Laboral concentró lo mismo en una norma única, denunciada en junio por la CGT ante la OIT, mientras en Chile el contenido avanza por estatutos sectoriales. Cambia el método, no el programa.

Cristián Cuevas, presidente de la Federación de Trabajadores de la Minería (FETRAMIN), en declaraciones a Nodal, afirmó que «estamos ante un gobierno que está promoviendo reformas para los más ricos y una contrarreforma a los avances que tuvimos en estos treinta años de democracia». Cuevas, además advirtió que «Aquí se vende un producto que eventualmente generaría empleo y según los datos, la información entregada también por los que sostienen el propio modelo, esta reforma no va a generar empleo. Es una farsa, es una gran mentira lo que está planteándose en Chile”.

Viejas recetas para nuevos diagnósticos

Las reformas laborales que se proponen en Chile no tienen nada de novedoso, por el contrario, como se aclaró al principio, son recetas ya utilizadas por la última dictadura militar de Augusto Pinochet y los Chicago Boys (economistas formados en la Universidad de Chicago que condujeron la política económica de la dictadura). La desocupación llegó a 9,4% en el trimestre marzo-mayo, según la Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), son 981.315  las y los desocupados, y hace cuarenta meses que se sitúa por encima del 8%. Se suman al cuadro, una participación laboral femenina de 10,5% y una desocupación juvenil del 24,6%. En doce meses se crearon 112.000 empleos informales y se perdieron 42.000 formales. La mediana del ingreso laboral, seiscientos ochenta mil pesos chilenos (unos setecientos veinte dólares), apenas supera la línea de pobreza de un hogar de cuatro integrantes.

Lo que se discute no es el diagnóstico sino la terapia y quién la escribió. La Mesa de Reactivación Laboral se constituyó el ocho de mayo de este año integrada por seis economistas, dos ingenieros y una abogada, presidida por David Bravo, de la Universidad Católica de Chile, en Santiago, pero sin representación sindical ni especialistas en derecho laboral.

De sus veintidós propuestas, nueve modifican la regulación laboral y tres concentran la disputa. La primera amplía el ciclo de cálculo de la jornada y ya es proyecto de ley. La segunda reemplaza, en los contratos nuevos, la indemnización por años de servicio por una a todo evento financiada con una cotización al Seguro de Cesantía, y traslada así el costo del despido al ahorro del trabajador. La tercera repone en el artículo 161 del Código del Trabajo la «falta de adecuación del trabajador o trabajadora» como causal de despido, que rigió entre 1990 y 2001. 

Además, el informe incluye cuatro propuestas sobre empleo femenino, entre ellas sala cuna universal y cuidado extraescolar. Ninguna llegó al Congreso. La única que se convirtió en proyecto fue la que amplía el ciclo de la jornada, en un país con una participación laboral femenina del 53,6% frente a un 71,6% en varones.

La negociación colectiva por rama, restringida en Chile a la empresa desde 1979 y la exigencia de acuerdo sindical, no individual, siguen siendo grandes ejes que el movimiento sindical chileno pretende discutir, a sabiendas de que actualmente la coyuntura política no lo permite. El escenario es complejo y aunque todas las centrales rechazaron las propuestas, falta coordinar y unificar esos esfuerzos hacia una movilización o un paro nacional que tenga la capacidad de poner un freno a los avances de la derecha chilena que viene por los derechos laborales y políticos de la clase trabajadora. 

 

*Diego Lorca, Director del OITRAF (Observatorio Internacional del Trabajo del Futuro) y analista de NODAL

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