Trump declara que Israel “no sobreviviría” sin Estados Unidos, mientras Benjamín Netanyahu vuela hacia Washington para reunirse con el mandatario
Trump dice que Israel «no sobreviviría» sin Estados Unidos
Estas declaraciones se producen antes de la reunión en la que se espera que Benjamin Netanyahu defienda la ampliación de la guerra con Irán.
Donald Trump preparó el terreno para su primer encuentro con Benjamin Netanyahu en meses al declarar que Israel «no sobreviviría» sin Estados Unidos y restando importancia a las preocupaciones sobre la venta de aviones F-35 a Turquía.
Las declaraciones del presidente estadounidense del lunes se produjeron en vísperas de su primera reunión en Washington con el primer ministro israelí desde que ambos líderes lanzaran la guerra contra Irán a principios de este año.
La reunión se produce en un momento en que los intereses de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio parecen haber divergido, después de que Trump anunciara un alto el fuego entre Estados Unidos e Irán en abril, antes de que Israel hubiera logrado cualquiera de sus objetivos bélicos.
El lunes, Trump reconoció que existía «una pequeña diferencia» entre sus objetivos militares y los de Netanyahu, e insinuó la persistencia de tensiones con el primer ministro israelí, declarando a los periodistas durante su viaje a Michigan que Estados Unidos ha sido demasiado generoso con «muchos países».
«Francamente, estamos siendo muy amables con muchos países que no sobrevivirían sin nosotros. ¿Y saben quién no sobreviviría sin nosotros? Israel», dijo Trump a los periodistas a bordo del Air Force One. «Bibi viene, él se lo dirá».
La reunión del martes será la octava entre ambos desde que Trump regresó al cargo el año pasado, y tendrá lugar unas horas antes de que asistan al funeral del senador republicano Lindsey Graham , un influyente defensor de la guerra contra Irán y un aliado clave de Netanyahu en Washington.
Netanyahu declaró el lunes, al partir hacia Estados Unidos, que la reunión versaría «ante todo» sobre Irán, pero que «todos los temas» estarían en la agenda.
Una persona informada sobre el asunto dijo que Netanyahu iba a Washington en «actitud de escucha», pero que quería que Estados Unidos ampliara las operaciones contra Irán más allá del estrecho de Ormuz , la vía marítima crucial que se ha convertido en el punto central del conflicto en los últimos meses.
Trump suspendió los ataques estadounidenses contra Irán el viernes pasado, tras 13 noches consecutivas de bombardeos. Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante la ONU, declaró el domingo que Trump esperaba dar «cierto margen de maniobra» a las conversaciones para que tuvieran éxito.
«Netanyahu quiere que esto vaya más allá de Ormuz», dijo la persona. Cuando se inició la guerra a finales de febrero, Netanyahu afirmó que los objetivos eran destruir las capacidades nucleares y de misiles balísticos de Irán y derrocar a su régimen.
La persona informada sobre la visita dijo que Netanyahu también expresaría su preocupación por la solicitud de Turquía de comprar aviones de combate F-35 avanzados a Estados Unidos, una posibilidad que ha generado alarma en Israel dado que disminuiría su ventaja militar sobre otros países de la región.
Israel es la única nación de Oriente Medio que posee aviones F-35. Pero Trump dijo este mes, después de reunirse con su homólogo Recep Tayyip Erdoğan en Ankara, que «sin duda consideraría» venderle a Turquía estos aviones , que utilizan tecnología furtiva para evitar ser detectados.
Netanyahu se ha manifestado enérgicamente en contra del plan, afirmando poco después del anuncio de Trump que seguir adelante con la venta «destruiría el equilibrio de poder en Oriente Medio».
También arremetió contra Erdoğan, un acérrimo crítico de la guerra de Israel en Gaza y de las operaciones en Siria, calificando a su gobierno de «régimen infectado por los Hermanos Musulmanes, que odian a Estados Unidos».
Trump declaró el lunes que Erdoğan “es amigo mío y nadie me dice qué debemos vender y qué no” en la relación entre Estados Unidos y Turquía. Sin embargo, el proceso de compra de los aviones por parte de Turquía sigue siendo complejo desde el punto de vista legal y político.
Washington excluyó a Turquía del proyecto F-35 en 2019 después de que recibiera el sistema de defensa aérea ruso S-400, que según temían los funcionarios occidentales, comprometería las defensas aéreas de la OTAN. Posteriormente, impuso sanciones a la agencia turca de adquisiciones de defensa.
El levantamiento de las sanciones no autorizaría por sí solo la entrega de los aviones, ya que la ley estadounidense también prohíbe la transferencia de F-35 a Turquía mientras posea el sistema S-400 o su equipo asociado.
Los funcionarios israelíes también esperan que Trump aproveche la reunión para presionar por una implementación más rápida de su plan para Gaza, que lleva meses estancado debido a que Israel se está apoderando de más tierras en el enclave palestino y Hamás se niega a desarmarse.
En un aparente gesto hacia Trump, un funcionario israelí declaró el domingo por la noche que Israel permitiría la entrada de una fuerza multinacional de estabilización a Gaza, tal como lo contempla el plan de Trump. El funcionario añadió que dicha fuerza incluiría soldados de Marruecos y Uganda.
«La decisión sobre Gaza fue una medida para generar confianza frente a Trump», declaró la persona informada sobre el viaje de Netanyahu. «No es que Trump dijera: «Hagan esto, aquello y lo otro y les concederemos una reunión», pero Estados Unidos sí quería ver avances. Trump sabe que Bibi se enfrenta a elecciones y lo necesita».
Un funcionario de la Casa Blanca declaró al Financial Times que Trump «discutiría el conflicto en Irán, los avances del Marco Trilateral en el Líbano y la ampliación de los Acuerdos de Abraham».
Netanyahu viaja a EE UU para reunirse con Trump tras los encontronazos mantenidos sobre la guerra en Irán
El primer ministro de Israel, descontento con el alto el fuego con Teherán, necesita el apoyo del presidente republicano de cara a las elecciones de octubre.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, vuela hacia Washington para reunirse con Donald Trump por primera vez desde que lanzaron juntos la guerra contra Irán, el pasado febrero. Aunque las entrevistas entre ambos no son excepcionales (el presidente de EE UU no se ha reunido tanto con ningún otro líder internacional, ocho veces desde que regresó al poder en 2025), sí lo es su impacto. Más aún al llegar un mes después de las nada secretas broncas (insultos incluidos) que Trump dedicó a Netanyahu cuando sintió que la ofensiva de Israel en Líbano ponía en peligro el alto el fuego con Irán. Las divergencias no parecen enteramente cosa del pasado, a tenor de las declaraciones del dirigente republicano de cara a la visita. Israel, ha dicho, “no sobreviviría” sin la ayuda de EE UU (“Bibi [Netanyahu] está viniendo, él os lo dirá”, agregó). Y dijo que “nadie” puede dictarle qué armamento vender a Turquía, en referencia a su oposición a la posible transferencia a Ankara de cazas F-35, que solo Israel tiene en la región.
En este ambiente el primer ministro israelí subió al avión este lunes, sorprendentemente, sin convocar antes a la prensa. Justo antes, señaló vagamente que el asunto iraní centrará el encuentro con Trump del martes, así como la necesidad de actuar con “gran determinación y gran sabiduría” en estos “tiempos complejos”.
Hace medio año, Netanyahu convenció a Trump de sumarse a algo que habían rechazado sus predecesores en la Casa Blanca: lanzar un ataque masivo contra Teherán para derrocar el régimen, en base a un plan (una revuelta promovida por agentes infiltrados, un avance kurdo desde Irak, manifestaciones masivas en medio de las bombas…) cogido con pinzas.
Medio año después, la realidad luce bien distinta, en forma de conflicto sin resolver, diluido por un acuerdo de alto el fuego que tan pronto deja días de fuego cruzado y amenazas de bloqueo del estrecho de Ormuz como los tres últimos, de confusión y llamamientos al diálogo.
Es, justamente, lo que no desea Netanyahu, que se enfrenta a las urnas en octubre sin suficientes apoyos para la reelección, según los sondeos, ni logros que presentar a los votante sobre esta guerra y la que lanzó en solitario en junio de 2025. Tras la primera, habló de “una victoria histórica que perdurará por generaciones”. Ocho meses después, inició la actual. El objetivo declarado era emplear “el tiempo que sea necesario” hasta “acabar con la amenaza del régimen de los ayatolás en Irán”. Este domingo, en una entrevista con motivo de su desplazamiento a EE UU, el primer ministro israelí solo podía jactarse de haber “retrasado unos pocos años” el programa atómico de Irán, con el bombardeo de sus instalaciones y el asesinato de 20 científicos nucleares.
Netanyahu necesita como el agua el apoyo público de Trump de cara a las urnas. Es lo que puede capitalizar tras sus humillantes encontronazos, relatados a los medios por el propio presidente de EE UU. El primer ministro es consciente de que no le escucha ya como el Trump al que convenció en diciembre de 2025 de la conveniencia de la campaña contra Irán, pese al escepticismo de algunos de sus asesores políticos y mandos militares, según varias recreaciones publicadas por medios de EE UU e Israel. De hecho, ya dentro del avispero iraní, al dirigente republicano le encanta repetir públicamente que es él quien decide al respecto y Netanyahu solo puede obedecer.
“Escuchar”
El jefe de Gobierno israelí ha ido cambiando el tono y, sobre todo, el volumen. En la entrevista de este domingo, preguntado sobre qué información de inteligencia del programa nuclear de Teherán pretendía presentar en EE UU, respondió: “Es bueno tener la oportunidad de sentarme con nuestro buen amigo Trump y escuchar qué tiene en mente porque, en gran medida, es su decisión”.
Netanyahu considera que la guerra solo acabará cuando el régimen en Teherán “sea derrocado o esté lo suficientemente debilitado” como para “cambiar de rumbo” y verse obligado a poner fin a su programa nuclear. “Es realmente lo que el presidente Trump está tratando de lograr […] De una forma u otra, tienen que poner fin a su programa nuclear, con un acuerdo o sin él”, añadió.
Las autoridades políticas y de seguridad de Israel insisten en la importancia de asfixiar económicamente a Irán, con la esperanza de capitalizar el malestar social. David Barnea, el jefe del Mosad hasta el pasado junio, trató implícitamente en su despedida de relativizar el fiasco del plan de derrocar a la República Islámica, señalando que sigue siendo un “objetivo lograble” y que debe ser “la máxima prioridad” de los servicios de inteligencia.
En este contexto, Israel es percibido por varios países como una especie de actor imprevisible que desconfía de la diplomacia. Meir Ben Shabbat, el exdirector del Consejo Nacional de Seguridad de Israel que lidera el centro de análisis conservador Misgav, escribía este lunes en el diario Israel Hayom que Israel, “en su aspiración a provocar un cambio de régimen, prefiere la opción de una presión militar y económica prolongada a una conflagración temporal”. “Si bien la presión continua agravará la crisis económica en Irán y fomentará el descontento interno, una conflagración temporal —incluso si destruye capacidades iraníes adicionales— finalmente propiciará el regreso a la vía de la negociación y permitirá que el régimen se recupere”, añadía.
Reunión breve
El último encuentro entre Trump y Netanyahu tuvo lugar en febrero, 17 días antes de lanzar su ataque, matando al líder supremo iraní, Alí Jameneí. A priori, esta reunión (prevista para las 11.00 hora de Washington; 17.00 en la España peninsular) será bastante más corta, porque será apenas tres horas antes del entierro del senador Lindsey Graham (al que ambos asistirán) y porque Trump también se verá con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.
Pese a la preeminencia del dossier iraní, colean otros temas, como Líbano, Gaza, Siria, la venta de F-35 a Turquía (con un complicado camino legal y político) y el reciente acuerdo nuclear con Arabia Saudí. El canal 13 de la televisión israelí ha informado de que Netanyahu declaró a sus ministros este domingo que Washington le está “exigiendo una serie de retiradas en tres frentes: Gaza, Siria y Líbano”, pero que él se opondrá “rotundamente”. Es la imagen que le gusta proyectar, sea o no acorde a la realidad.
El dirigente israelí viaja a la Casa Blanca con dos recientes medidas pensadas para presentar gestos de buena voluntad, sin irritar a la ultraderecha en su gabinete. La primera es la reciente retirada, casi simbólica, de una “zona piloto” en el sur de Líbano para que las Fuerzas Armadas del país vigilen que Hezbolá no se reorganiza.
La segunda la ha sacado adelante en la víspera, a toda prisa, tras semanas en el cajón. Es el visto bueno al despliegue de la fuerza multinacional de seguridad en Gaza, en un área conocida como naranja, entre la tomada por las tropas israelíes (que controlan más del 60% de la Franja) y la que sigue en manos del Gobierno de Hamás.
Es un avance relativo, con cientos de miles de gazatíes en tiendas de campaña y condiciones lamentables, aún bajo letales bombardeos diarios y con la reconstrucción en punto muerto. A esto se suma que el comité tecnocrático palestino, al que Israel viene impidiendo entrar a Gaza (el Gobierno de Hamás anunció unilateralmente que le daba paso, pero no ha habido transición), ha aguado las expectativas de Netanyahu. En un comunicado difundido este domingo, ha vinculado su ingreso no solo a que “la Junta de Paz y el Consejo de Seguridad de la ONU aprueben el despliegue de las fuerzas”, sino también, y por vez primera, “a que se retire el ejército israelí”.
