Ecuador | Pescadores atacados por patrullas de EEUU y familiares de desaparecidos piden justicia ante la Asamblea Nacional
Pescadores atacados por patrullas estadounidenses y familiares de desaparecidos claman justicia ante una Asamblea que les cerró las puertas
La Asamblea Nacional lleva más de cuatro meses sin iniciar la fiscalización de los ataques contra pescadores de las embarcaciones Don Maca, Fiorella y Negra Francisca Duarte II, pese a que una comisión oficialista aprobó una resolución para investigar el caso en abril de 2026.
🔴 Pescadores ecuatorianos 🇪🇨 bombardeados y familiares de los pescadores artesanales secuestrados en altamar por fuerzas militares extranjeras 🇺🇸 llegaron a la @AsambleaEcuador buscando respuestas y ni siquiera les permitieron ingresar.
¿Por qué se les niega el derecho a ser… pic.twitter.com/EPU6Hfof9w
— Gustavo Mateus Acosta (@GustavoMateusA) August 25, 2026
Han transcurrido más de cuatro meses desde que la Comisión de Soberanía y Seguridad de la Asamblea Nacional (dominada por ADN) aprobó, el 16 de abril de 2026, la Resolución 009 para investigar los ataques armados de patrullas estadounidenses a pescadores artesanales ecuatorianos.
Sin embargo, la inacción legislativa marca la agenda de este periodo. Durante todo este tiempo, la comisión encargada no había sesionado ni iniciado formalmente el proceso de fiscalización a los ataques a pescadores de las embarcaciones Don Maca, Fiorella y Negra Francisca Duarte II.
La urgencia de investigar el caso se reavivó tras una reciente publicación del diario estadounidense Washington Post el pasado 13 de agosto, la cual reveló la presunta implicación de la CIA en los bombardeos perpetrados por patrullas norteamericanas contra las naves ecuatorianas.
El calvario de las víctimas en los exteriores del Palacio Legislativo
Impulsados por la desesperación y la falta de respuestas estatales, un grupo de sobrevivientes y familiares de los ocho pescadores desaparecidos viajó durante horas por carretera, costeando sus propios gastos de alimentación y transporte, para exigir ser escuchados en la sede legislativa este martes 25 de agosto de 2026.
Entre los congregados se encontraban Jaime Rubén Cervantes, Erick Fabricio Coello y Johnny Palacios, sobrevivientes de la embarcación Don Maca, junto a las esposas de los pescadores desaparecidos de la nave Fiorella, entre ellas María Mero Mero.
Varios pescadores presentaban un delicado estado de salud, pues presentaban discapacidades físicas permanentes producto de las explosiones. Uno de los sobrevivientes asistió con graves secuelas que le impiden caminar, mientras que otro padece de ceguera y sordera parcial debido a los impactos.
A pesar de estas notorias limitaciones físicas, la seguridad legislativa les impidió ingresar al Parlamento por disposición de la Presidencia de la Asamblea, liderada por Mishel Mancheno (ADN). Los asambleístas que respaldaban su comparecencia habían enviado desde el día anterior todos los documentos de identidad y números de cédula requeridos por el protocolo. Así lo informó la legisladora Mónica Palacios, de la Revolución Ciudadana.
Pero, al llegar a la puerta, la Escolta Legislativa impidió el paso, desatando momentos tensos y desesperación entre las familias que reclamaban ser recibidos:
“Queremos justicia, queremos que nos atiendan“, gritaban.
Durante el altercado en los exteriores, se dio lectura a un instructivo oficial de la Asamblea que señala que para ingresar al Palacio solo se requiere que los legisladores remitan con antelación la lista de invitados al correo de la Escolta Legislativa.
A pesar de haberse cumplido con este proceso, los oficiales de guardia insistieron en que existía una contraorden directa. El personal policial argumentó que no podían permitir el paso porque necesitaban una autorización explícita emanada por correo electrónico desde la Presidencia de la Asamblea.
El relato de las víctimas
Para Erick Coello, tripulante de la embarcación Don Maca, la pesadilla inició en enero, a eso de las 4:30 o 5:00 de la tarde. Tras haber soportado un fuerte oleaje la noche anterior, Coello acababa de subir a la cubierta principal, empapado por el agua.
El capitán de la nave, al verlo en ese estado, le aconsejó que comiera algo y bajara a descansar a los camarotes antes de continuar con el rumbo.
“A lo que yo voy a bajar, escucho la primera explosión. ¡Plum! Fue como una onda expansiva que me tiró para atrás y me dejó inconsciente”, narra Coello.
Al recuperar el sentido bajo los gritos de mando del capitán, comprendió que habían sido bombardeados.
El estallido le provocó una pérdida parcial de la visión; hoy vive con una mancha negra interna en sus ojos, similar a sangre acumulada, y la luz del sol le genera un lagrimeo constante que le impide ver con claridad. Además, tiene el tímpano perforado, una lesión que ante la falta de atención médica oportuna se ha infectado gravemente, supurando pus de forma continua.
De su lado, Jhonny Palacios, también tripulante del Don Maca, aporta los detalles tácticos. Describe los hechos como un secuestro sistemático. La tripulación de 20 personas se encontraba en plena faena, esperando que una lancha pequeña regresara con la pesca para transferirla al barco principal, cuando aparecieron drones en el cielo.
“Primero, un dron atacó la parte de atrás del barco, donde están los gatos, para que la nave se quedara inmóvil”, detalla Palacios. “El segundo tiro lo pegaron por el costado izquierdo, donde estaba todo el equipo de comunicación e internet, para dejarnos completamente incomunicados”
Acorralados bajo la amenaza constante de los drones que daban vueltas sobre sus cabezas, los pescadores se congregaron en la cubierta, con la advertencia de que serían asesinados si intentaban usar el teléfono satelital de emergencia.
Poco después, una enorme patrulla estadounidense se aproximó. Al principio, los pescadores pensaron que se trataba de un barco atunero y se acercaron junto al capitán para pedir auxilio para Coello, quien se encontraba herido. A través de un traductor, los marinos extranjeros les preguntaron cuántos eran y si había heridos. Tras ordenarles subir, la supuesta ayuda humanitaria, relata, se transformó en hostilidad:
“Tiraron una escalera de pios y fuimos subiendo. Al herido lo hicieron subir primero. Apenas subimos, nos esposaron uno a uno, nos pusieron capuchas y nos apuntaron con armas como si fuéramos delincuentes”.
A pesar de que una inspección posterior de los captores en el Don Maca confirmó que la nave solo transportaba hielo y pescado, los militares decidieron deshacerse de la evidencia.
Alrededor de las 20:00, dispararon tres proyectiles contra la embarcación. “Las capuchas eran tan finas que, aunque estábamos sentados en su cubierta, todos alcanzamos a ver la enorme llamarada de nuestro barco incendiándose”, recuerda Palacios.
El calvario no terminó ahí. Para evitar tensiones diplomáticas y eludir el ingreso a aguas ecuatorianas, la patrulla extranjera trasladó a los 20 tripulantes hacia aguas internacionales, donde fueron entregados a las autoridades de El Salvador.
“Nos llevaron allá para decir que éramos náufragos. Nosotros nunca fuimos náufragos; ellos nos atacaron y nos secuestraron en aguas de nuestro propio país”, sentencia Palacios.
Entre tanto, María Mero relata el drama de la embarcación Fiorella, que zarpó a pescar el 13 de enero con ocho tripulantes a bordo, entre ellos su esposo y su hermano. El 20 de enero recibió la noticia de que la nave había explotado tras ser atacada por una patrulla estadounidense armada con drones.
El ataque fue presenciado por dos sobrevivientes que se encontraban realizando labores de pesca en una pequeña lancha alejada de la nave principal, quienes vieron el estallido, escucharon voces en inglés y lograron retornar a tierra para dar la alarma.
Desde entonces, el destino de los ocho pescadores es un misterio. María sospecha que, al igual que ocurrió con las tripulaciones del Don Maca y el Negra Francisca Duarte II, sus familiares pudieron ser trasladados a cárceles en El Salvador.
“Mi esposo es el que trabaja para nosotros. Tengo una niña de cuatro años que llora y pregunta por su papá; yo solo le digo que se ha ido de viaje para no darle otra explicación”, confiesa María entre lágrimas.
Además, María denuncia que, lejos de brindarles apoyo en la búsqueda, la Capitanía del Puerto de Manta les cerró las puertas y les exigió dinero para salir a rastrear el océano. Poco después, la institución declaró el caso de las ocho personas desaparecidas como un tema “cerrado”.
“¿Cómo van a decir que el caso está cerrado? ¿Acaso ellos no son personas?”, cuestiona María.
