Mujeres indígenas en América Latina, territorios en disputa, cuerpos que resisten – Por Alejandra Rizzo

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Mujeres indígenas en América Latina, territorios en disputa, cuerpos que resisten

Por Alejandra Rizzo*

Por primera vez, este 5 de septiembre las Naciones Unidas conmemoraron oficialmente el Día Internacional de las Mujeres y Niñas Indígenas del Mundo. La fecha nació en 1983, durante el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos Indígenas de América, realizado en Tiwanaku, Bolivia, como homenaje a la lucha de Bartolina Sisa. Recupera la memoria de esta mujer aymara, que encabezó junto a Túpac Katari el cerco a La Paz de 1781 y fue ejecutada por las fuerzas coloniales el 5 de septiembre de 1782. Más de dos siglos después, su historia vuelve sobre un presente marcado por la disputa por la tierra y los bienes comunes.

En América Latina, las mujeres indígenas ocupan un lugar central en esas disputas. Sostienen comunidades, transmiten lenguas y saberes y defienden territorios amenazados por proyectos mineros, petroleros, agroindustriales y forestales. La violencia que enfrentan no puede separarse de esos conflictos, criminalización, persecución judicial, desalojos y asesinatos aparecen allí donde la tierra y los recursos naturales se convierten en una fuente de acumulación.

La dimensión regional de esta realidad quedó expuesta el 4 y 5 de septiembre en Ciudad de México, donde mujeres indígenas de 14 países de América Latina y el Caribe discutieron territorio, cuidados, biodiversidad, cambio climático y participación política, con el objetivo de fortalecer alianzas y construir una agenda propia.

Pero esa articulación venía tomando forma desde semanas antes. Entre el 16 y el 21 de agosto, más de 2.500 personas participaron en Puyo, provincia de Pastaza, Ecuador, del XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), que reunió a pueblos indígenas, comunidades y organizaciones de los nueve países de la cuenca amazónica. El encuentro reclamó el cese de las concesiones mineras y petroleras, mecanismos efectivos de protección para quienes defienden los territorios y el reconocimiento de la Amazonía como una zona libre de extracción.

La elección de Ecuador tampoco fue casual, allí, los pueblos waorani, ubicados en la región amazónica del país, continúan exigiendo el cumplimiento de la consulta popular de 2023, en la que cerca del 60% votó por mantener bajo tierra el petróleo del bloque 43-ITT, en el Parque Nacional Yasuní. Tres años después, solamente una parte de los pozos fue cerrada y las comunidades siguen reclamando que se respete el mandato popular.

En Colombia, esa defensa del territorio tiene además consecuencias cada vez más violentas. El 1 de septiembre fueron asesinados en su vivienda, en Cajibío, departamento del Cauca, María Ovidia Palechor, mujer indígena Yanakuna y defensora de derechos humanos, y su compañero James Flor, líder campesino y representante de víctimas. Palechor había coordinado el Programa Mujer y el Programa de Defensa de la Vida y los Derechos Humanos del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Ambos acompañaban las iniciativas comunitarias de paz de La Pedregosa y habían denunciado la presencia y las amenazas de actores armados en la zona.

En Guatemala aparece otra dimensión de la misma disputa: la criminalización. Un informe del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos calificó de “alarmante” la persecución contra personas defensoras, especialmente indígenas, y advirtió sobre intimidaciones, violencia y utilización de mecanismos judiciales contra quienes enfrentan proyectos extractivos, energéticos y agroindustriales.

Argentina: la tierra, para qué y para quiénes 

En Argentina, el avance del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada abrió una nueva discusión sobre tierra, vivienda y territorios indígenas. Organizaciones sociales, indígenas y de derechos humanos advirtieron que las modificaciones propuestas pueden facilitar desalojos y profundizar la inseguridad jurídica de comunidades que todavía esperan el reconocimiento efectivo de sus territorios.

La discusión se cruza con un proceso de concentración y extranjerización de la tierra. En Puerto Libertad, Misiones, alrededor del 80% de las tierras productivas están en manos de la multinacional forestal Arauco. En Salta, comunidades indígenas denuncian conflictos vinculados con el agronegocio, la minería y la especulación inmobiliaria. En la Patagonia, el desalojo de familias de la comunidad mapuche Quintriqueo y la amenaza sobre la comunidad Melo volvieron a mostrar las consecuencias de la eliminación, en 2024, de la emergencia territorial indígena.

El 5 de septiembre fue también una jornada de organización. En distintas provincias se realizaron encuentros, actividades comunitarias y acciones de reivindicación de las mujeres indígenas. En Río Negro, organizaciones docentes reivindicaron a las mujeres mapuche como protagonistas de la defensa del territorio, la lengua, la identidad y los saberes. En Chaco, mujeres de la comunidad Toba recuperaron la memoria de sus referentes y volvieron a poner en el centro las necesidades y demandas de sus pueblos. En Jujuy se homenajeó a Bartolina Sisa y a mujeres referentes de las cuatro regiones de la provincia. También hubo espacios de organización y celebración comunitaria. En Tunuyán, Mendoza, mujeres andinas realizaron una jornada con música, danzas y expresiones culturales en homenaje a Bartolina Sisa, mientras en distintos territorios del país organizaciones indígenas y populares reivindicaron la fecha desde una perspectiva de resistencia anticolonial, antipatriarcal y antiimperialista.

Cinco siglos resistiendo

La lucha de las mujeres indígenas por el territorio también permite recuperar la figura de Milagro Sala, dirigente social jujeña y referente de la Organización Barrial Tupac Amaru. A diez años de su detención, su trayectoria continúa asociada a una experiencia de organización territorial que construyó viviendas, escuelas, centros de salud y espacios comunitarios para sectores populares. Su caso muestra otra dimensión de la disputa: la criminalización de las organizaciones populares que construyen poder colectivo y se atreven a disputar recursos, derechos y condiciones de vida.

Bartolina Sisa tampoco puede quedar reducida a una imagen del pasado. Su historia recuerda que la resistencia indígena fue organización política, construcción de fuerza y lucha por el territorio. Esa misma disputa atraviesa hoy a las mujeres que enfrentan desalojos, proyectos extractivos y persecuciones mientras sostienen la vida comunitaria.

En la nueva fase del capitalismo, la tierra, el agua, los minerales y los bosques aparecen cada vez más subordinados a la lógica de la acumulación. Sobre esos territorios avanza también una disputa por los cuerpos y por las condiciones de reproducción de la vida. Las mujeres indígenas muestran que ambas luchas no están separadas,defender el territorio es defender la posibilidad de decidir cómo vivir, producir y organizarse.

A más de cinco siglos de las primeras resistencias contra la conquista, esa pelea continúa abierta. Allí donde la tierra se concentra y la vida se convierte en mercancía, las comunidades siguen construyendo organización. Bartolina Sisa no vuelve como una efeméride: vuelve en cada territorio donde una mujer indígena se planta frente al despojo y convierte la defensa de la vida en fuerza colectiva.

 

*Alejandra Rizzo, militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Feminista Aquelarre en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de Nodal  

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