Brasil | Con Axé, con partidos, con datos, con comunidad – Por Flor Minici

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Con Axé, con partidos, con datos, con comunidad

Por Flor Minici*

La victoria de Lula en Brasil rompe felizmente trampas miserables. La primera es la trampa del pesimismo paralizante: esa mirada que solo ve en la región un escenario de crisis orgánicas, fragilidad institucional y desmantelamiento de los bienes comunes. La segunda es la trampa del optimismo inercial: la idea de que los ciclos políticos progresistas se repiten por inercia y que basta con invocar las fórmulas del pasado para responder a las encrucijadas del presente.

Hay que evitar las dos grandes trampas del presente. La del pesimismo apocalíptico, ya en su versión pentecostal o en una versión post-utópica: esa mirada que solo ve en la región un escenario de crisis orgánicas, fragilidad y desmantelamiento de los bienes comunes. La otra trampa, la del optimismo inercial: la idea de que los ciclos políticos progresistas se repiten por inercia y que basta con invocar fórmulas del pasado para responder a los problemas en presente.

En Brasil está en juego, antes, durante y después de esta elección histórica, de esta movilización masiva y transversal de los pueblos libres, un terremoto político y el espejo de toda América Latina y el Abya Yala. Pero también un mensaje para todos los pueblos libres del mundo, llamados a romper las cadenas del genocidio, la destrucción de la Tierra, y el avance de las nuevas fronteras extractivas en lo que constituye una verdadera nueva fase imperialista y de ocupaciones. Hoy nuestrxs hermanxs de Brasil le entregaron a la humanidad un giro en la trama del avance continuo, continental y mundial de las oligarquías, las plutocracias y los fascismos.

No se puso en juego sólo una discusión macroeconómica, cómo quería instalarse desde las usinas del pesimismo. La victoria se tejió en un micelio donde se fueron cruzando guerrilla digital, inteligencia comunitaria y partido de trabajadores: la primera disputando cada rincón del sentido común en las redes, la segunda organizando el territorio con los pies en el barro, y el tercero sintetizando e institucionalizando esa fuerza de clase. Esa articulación entre trinchera virtual, músculo territorial y conducción política no es una mera coincidencia electoral: es el verdadero sello de la victoria en Brasil.

América Latina está en el centro de disputas geopolíticas globales por la transferencia tecnológica y el control de bienes naturales. El avance de las ultraderechas en nuestra región tiene en el Cono Sur y en Brasil su laboratorio principal. Ya no estamos ante la derecha conservadora o neoliberal tradicional, sino ante una fusión entre el extractivismo más predatorio, con la avanzada sobre la Amazonía, el agronegocio, el litio, el agua y los bienes comunes; y la ingeniería fina del capitalismo de plataformas.

Los enemigos de los pueblos libres lograron construir un nuevo sentido común mediado por algoritmos. Monetizaron el resentimiento social, capturaron el descontento ante la precarización de la vida y ofrecieron respuestas autoritarias, punitivas e individualistas.

El pueblo de Brasil nos está enseñando que gobernar o resistir desde el Estado ya no alcanza si no hay una disputa territorial, cultural y digital permanente.

Juntxs somos comunidades, redes, colectividades territoriales: somos tecnología social y política de alta precisión.

La integración regional del siglo XXI será de las comunidades o no será.

Viva Lula, viva el pueblo de Brasil, vivan los pueblos libres del mundo. Viva Palestina. Estamos acá. Estamos presentes de cuerpo y alma. Somos el espíritu de la selva y la tecnología del cambio.

Axé.

 

*Flor Minici (Buenos Aires, 1986) es poeta, militante, investigadora en Estudios Culturales y Literatura, docente y gestora cultural.

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