Perú: llega el gas natural a las 7 regiones de la sierra centro y sur

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Perú: llega el gas natural a las 7 regiones de la sierra centro y sur

Humberto Campodónico

Después de 22 años de la llegada del gas a Lima, llegaría a las 7 Regiones y, en especial al Cusco, donde está el yacimiento Camisea. Los pueblos de la sierra central y sur deben tener el mismo trato que tuvo Lima. Ya era hora.

Desde el 2005, los sucesivos gobiernos no han podido llevar el gas de Camisea a los hogares de millones de peruanos de la sierra centro y sur. Han querido hacer la masificación sin que exista una autoridad nacional, sin construir una red nacional de gasoductos, otorgando pequeñas concesiones de Asociaciones Público Privadas con reglas, precios y subsidios distintos. Pero estamos ahora en un momento clave pues hay una adenda propuesta por la empresa Cálidda para llevar gas a la sierra centro y sur. Antes de entrar al fondo del asunto, veamos las razones del fracaso de los últimos 20 años.

En julio del 2021 el ministro de Energía y Minas, Jaime Gálvez dijo que las sucesivas tentativas de Proinversión para llevar el gas natural a las 7 Regiones de la Sierra Centro y Sur habían fracasado porque no había un interés económico suficiente del sector privado para ese proyecto. Agregó que prefirieron llegar al final del proceso para que el Estado lo pueda hacer en forma subsidiaria1.

Las sucesivas tentativas comenzaron en el 2005. Hubo varias licitaciones y, en cada una de ellas, los postores se retiraron y los concursos se declararon desiertos. La razón es simple: el monto de inversión necesario para construir e instalar las tuberías en las ciudades de las Regiones Ucayali, Ayacucho, Junín, Huancavelica, Apurímac, Cusco y Puno no permitía recuperar el capital invertido.

Dicho de otra manera, llevar el gas natural a los domicilios de las 7 Regiones (la masificación) no tiene una rentabilidad económica, o sea, no se autofinancia. Pero sí tiene una rentabilidad social pues permite el acceso al gas natural, que es mucho más barato que los balones de GLP.

Lo mismo sucedía con el gas de Camisea en sus inicios (industria naciente), pues su tasa de retorno de la inversión era muy baja. El proyecto consistía en producir gas en Camisea, construir un gasoducto que lo trajera a Lima y desarrollar las conexiones de gas, no solo a los domicilios, sino a las centrales térmicas, a las industrias, al comercio y al parque automotor (el GNV que hoy todos conocen).

Por eso, el gobierno le otorgó una serie de incentivos. Hubo recuperación anticipada del IGV, pago de los aranceles de importación en 7 años (y no de golpe), así como depreciación acelerada. Muy importante: se otorgó Garantía de la Red Principal (GRP), la misma que fue pagada por todos los peruanos en su recibo de luz lo que financió en gran medida el gasoducto de Camisea a Lima por más de US$ 300 millones. Y se garantizó un consumo mínimo de 70 millones de pies cúbicos diarios (mmpcd) de la Central de Ventanilla (que aún no se había privatizado).

Así, en el 2004 el gas de Camisea llegó a Lima. Pero Lima no solo contaba con los incentivos mencionados. Tenía industrias con gran consumo y, también, el gas natural impulsó la construcción de las centrales térmica en Chilca que, hoy, representan más del 50% del consumo de gas natural.

Este gran consumo es el que permite que haya un subsidio cruzado, es decir que los grandes consumidores puedan financiar la inversión para masificar el gas llevándolo a los domicilios de los pequeños consumidores. Se puede apreciar (ver cuadro) que hay 2,100,000 domicilios con conexión, o sea el 99%, pero solo consumen el 5.1% del total de 687 mmpcd de Lima. La diferencia es notable cuando vemos que las 39 centrales eléctricas consumieron 415 mmpcd o sea el 60%. Luego vienen los 838 clientes industriales, con el 22% y las 294 estaciones de servicio de GNV con el 12% del consumo. Ahí está el subsidio cruzado.

La pregunta es: ¿Quiénes son los grandes consumidores de las 7 Regiones para implementar el subsidio cruzado? Pues no existen. Por eso es que los concursos de Proinversión quedan desiertos.

Así, las 7 Regiones se ven obligadas a comprar balones de GLP a precios entre 60 a 70 soles por balón. El equivalente calórico del precio del gas natural es 60% más barato. Y tras piedras, palos, porque el GLP ha subido en 80% desde el inicio de la guerra de EEUU e Israel contra Irán.

Eso no sucede con el gas natural del Lote 88 pues su precio está regulado y solo sube con la inflación industrial de EEUU (3 a 4% anual). En otras palabras, si los combustibles (gasolinas, diesel, GLP) subieran a US$ 500/barril, el precio del gas de Camisea solo subiría 4%. Tenemos un pasaporte a la energía barata (no va a durar más allá de 10 años si es que no sea explora para tener más gas, pero eso lo veremos en otra nota).

Las 7 Regiones están entre las más pobres el país. Y por eso el gobierno, a través del FISE, otorga un vale de 20 a 30 soles mensuales para disminuir el costo del GLP a 1,230,000 hogares, con un monto anual cercano a los S/. 430 millones en el 2025. Por ejemplo, Cajamarca, Puno y Cusco recibieron 289,000, 235,000 y 201,856 vales en ese año.

Vamos llegando al final. En todos los países de la Región donde se ha masificado el gas se han construido gasoductos: Bolivia, Argentina, Colombia, México. Y esto es crucial, pues permiten llevar la cantidad de gas necesaria para atender la demanda de todos los consumidores. Pero en el Perú eso no sucede. Solo hay un gasoducto de Camisea a Lima, con un ramal a Ica. Nada más. Una lágrima. El Gasoducto Sur Peruano (GSP) se cayó en el 2016 por la corrupción de Odebrecht, descubierta en Estados Unidos.

En Bolivia hay 1.4 millones de conexiones domiciliarias con 7 millones de personas beneficiarias, el 56% del total de la población de 12.5 millones. En Colombia hay 12.2 millones de conexiones, con 36 millones de beneficiarios, el 68% del total de de los 54 millones de habitantes. En el Perú hay 2.2 millones de conexiones (incluyendo la costa norte y sur), con 9 millones de personas y somos 34 millones. Tomar nota: más del 85% de las conexiones están en Lima.

Como vimos al inicio, acá se suspendieron los planes de masificación en el 2021. En el 2023, Cálidda planteó que se prorrogue el plazo de finalización de su concesión (termina el 2033) con el compromiso de llevar el gas a las 7 Regiones, ampliando 10 años el plazo de su concesión para incluirlas. Esto quiere decir que Lima financiaría las conexiones domiciliarias de las 7 Regiones y se cobrarían las mismas tarifas que acá. Dicho de otro modo, las 7 Regiones serían financiadas con el subsidio cruzado que vendría de Lima.

Hay muchos temas que se quedan en el tintero. Uno de ellos: sigue siendo necesaria la construcción de gasoductos. El plan actual dice que el gas llegará en camiones cisterna desde la planta de Perú LNG en Cañete. Pero eso es muy poco: allí hay dos plantas de 20 mmpcd cada uno (Lima consume más de 600 mmpcd) que ya abastecen la costa norte y sur. Solo se va a atender una parte de la demanda de las 7 Regiones. Pero es un primer paso porque la demanda seguirá creciendo y exigirá ductos.

Otro: debe haber un plan nacional de masificación del gas, en el marco de un plan energético de mediano y largo plazo. Todos los países lo tienen; nosotros no. Y es tanto más necesario ahora que la guerra de EEUU e Israel contra Irán ha puesto la seguridad energética a la orden del día, o sea forma parte de la nueva geopolítica mundial: garantizar el abastecimiento e impulsar a las energías renovables deviene en primera prioridad.

Finalmente, la adenda al contrato de Cálidda ha recibido cuestionamientos de orden físico, contable y regulatorio por parte del regulador Osinergmin (uno de ellos es que la cantidad de conexiones debe aumentar para satisfacer buena parte de la demanda), los mismos que deben ser resueltos por el Minem y también por el MEF, lo que aún no es de dominio público.

Así las cosas, después de 22 años de la llegada del gas a Lima, llegaría a las 7 Regiones y, en especial al Cusco, donde está el yacimiento Camisea. Los pueblos de la sierra central y sur deben tener el mismo trato que tuvo Lima. Ya era hora.

*Economista, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

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