Chile | Tengo fe en América Latina y su destino – Por Karina Oliva

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Tengo fe en América Latina y su destino

Por Karina Oliva*

Llevo días preguntándome cuál es el rol del feminismo popular en un contexto global y regional como el que estamos viviendo. Más que respuestas, solo he conseguido antecedentes críticos por los cuales el feminismo popular debe ser una alternativa real en momentos de oscurantismos como los que vivimos. 

Desde iniciado el genocidio en palestina, Israel ha asesinado a más de 75 mil personas, más de la mitad de las victimas son mujeres y niños y las cifras aumentan cada día más. Las cifras de personas detenidas por el ICE desde el segundo mandato de Trump ascienden a 400.000 y más de 600 mil personas deportadas a finales del 2025. Si miramos Ecuador, el país de la región con los indicadores más crueles de violencia, vemos que durante los primeros meses del 2025 se registraron 4,619 homicidios calificados, representando un aumento del 47% comparado con el 2024. Es decir, las cifras son durísimas, si revisamos los datos publicados el 2025 por FES hubo un aumento de 158% de la violencia política en el país, sobre todo en procesos electorales. 

Ahora, si miramos los datos macroeconómicos de América Latina, nuestra región es una de las zonas que mayor concentración de la riqueza tiene a nivel mundial. Según el informe de Oxfam la riqueza de los milmillonarios creció en el orden del 39 %, 16 veces más rápido que la economía regional en su conjunto. Lo más grave entre los indicadores que verifica el informe es que desde 2020 la riqueza combinada de estos milmillonarios ha crecido un 81%. Nuestra región llega a 109 mil millonarios, 14 más que en 2024. Como señala el informe la riqueza de los milmillonarios ha crecido en promedio un poco más de 491 miles de dólares al día, mientras que un trabajador con salario mínimo necesitaría 102 años para alcanzar esa misma fortuna. 

No quiero adentrarme directamente en cada una de las situaciones económicas que viven los diferentes países de la región con las políticas de austeridad impuestas, como las del gobierno de Javier Milei, que ha roto la histórica política industrial del país trasandino y que, en nombre del respeto y resguardo del derecho de las y los trabajadores ha promulgado una reforma laboral de carácter esclavista; o como la reforma tributaria en Chile, implementada desde el 2025, que impone cargas tributarias a personas precarizadas en función de las transacciones bancarias con el objetivo de reducir la informalidad laboral, en vez de gravar a los grandes capitales. 

A todos estos datos se suman los efectos desgarradores que está dejando la intervención militar criminal que lleva a cabo Trump y Netanyahu contra el pueblo de Irán, que en una semana ha dejado más de mil trescientos muertos iraníes, sin considerar las bajas que ha tenido el ejército norteamericano e israelita, que por control sobre los medios de comunicación, es probable que estén bloqueando parte de la información,  ante la acción defensiva por parte de Irán.

En este contexto no es menor la crisis humanitaria que vive el mundo, entre guerras, precariedad económica y aumento de la pobreza. Según Naciones Unidas ha aumentado entre 2024 y 2025 de 10,0% a 10,3%, equivalente  a una cifra cercana a 839 millones de personas, viviendo en pobreza extrema. Sin embargo, nadie ha sido capaz de cohesionar una respuesta frente al avance de las políticas de odio, xenofobia, racismo, violencia que se ha ido naturalizando día a día, ni el progresismo que abrazó el consenso de Washington, ni las izquierdas académicas profundamente críticas pero alejadas del día a día de las sociedades sometidas al bombardeo trágico neoliberal. 

Evidentemente, el rol del feminismo popular es construir una política, un discurso, una retórica, una propuesta económica que sea capaz de consolidar una nueva estructura, una nueva fórmula de convivencia social, donde los criminales de Epstein y sus amigos no tengan espacio de poder; donde a las élites políticas, económicas, culturales y deportivas como Lionel Messi y sus amigos les de profunda vergüenza reunirse con un pedofilo y criminal de Guerra como Donald Trump. 

El rol del feminismo popular no es ser activismo, la tarea es construir una política real. Dar respuesta al aumento del costo de vida, tener una respuesta sólida y de sentido político, pero sobre todo común frente a la crisis climática que deja a millones de personas en el mundo sin hogar con las inundaciones y desastres naturales, cuando cada verano en Chile mueren personas por incendios forestales debido a las plantaciones de monocultivos que han roto la biodiversidad. Tener una respuesta desde las instituciones existentes y crear nuevas, que permitan que las pequeñas y medianas empresas no sean asfixiadas por las grandes corporaciones transnacionales  o por las políticas bancarias o tributarias, cuando casi un tercio de las PyMes y micro PyMes en nuestra región, están siendo lideradas por mujeres jefas de hogares monoparentales, porque es la fórmula encontrada de poder generar ingresos y mantener las tareas de cuidado, y así podría dar una lista desde qué área se podrían levantar nuevas alternativas donde el feminismo popular sea el sentido común de la humanidad. 

Es decir, el desafío del feminismo popular es una responsabilidad política, profundamente militante, que va más allá de las caricaturas que las derechas e incluso, de algunos sectores progresistas liberales, nos quieren arrinconar. 

Estas últimas horas no he dejado de pensar en que a pesar de ser tan cruel el escenario global, a pesar que los presidentes de nuestra región se reúnen con Trump como bufones de un rey loco feudal, la contundente respuesta popular a nivel global ha sido ese sentir de rechazo. Un repudio que abre posibilidades de cambiar el sentido común de subordinación, para dar paso a una alternativa humanitaria, profundamente transformadora, que resuelva la vida cotidiana de las millones de mujeres y cada ser humano que habita nuestro continente. Se abrirán así, las grandes alamedas de nuestra América Latina por donde pasemos libres, cada uno, en busca de nuestro destino. 

 

*Karina Oliva es politóloga, analista internacional y militante del partido Popular de Chile

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