Palestina | El genocidio también apunta contra la educación y la memoria: más del 90% de las escuelas y universidades de Gaza fueron destruidas o dañadas
Palestina | El genocidio también apunta contra la educación y la memoria: más del 90% de las escuelas y universidades de Gaza fueron destruidas o dañadas
La destrucción del sistema educativo palestino se consolida como uno de los ejes más visibles de la ofensiva israelí sobre Gaza y Cisjordania. Al respecto, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) confirmó que más del 90% de los edificios escolares y universitarios de Gaza fueron destruidos o dañados por bombardeos, incendios y demoliciones deliberadas. El impacto alcanza a más de 658.000 niños y niñas que llevan veintiún meses sin acceso regular a la educación. A esto se suma la pérdida de empleo y condiciones de vida de miles de docentes y trabajadores del sistema educativo palestino.
El deterioro también se extiende a Cisjordania y Jerusalén Oriental. Según datos de la ONU, más de 800.006 estudiantes palestinos se ven afectados por el aumento de operaciones militares israelíes, puestos de control, demoliciones y ataques de colonos. La circulación diaria hacia las escuelas y universidades quedó atravesada por restricciones permanentes. En muchos casos, llegar a clases implica atravesar retenes militares o enfrentar cierres repentinos de caminos y ciudades.
La ofensiva no se limita a las escuelas. El informe “Daños israelíes a archivos, bibliotecas y museos en Gaza”, de octubre de 2023 a enero de 2024, elaborado por la red Librarians and Archivists with Palestine, documentó la devastación de más de diecisiete bibliotecas, diez museos, dos archivos centrales y más de cien sitios históricos. El relevamiento también registra la muerte de trabajadores bibliotecarios y archivistas durante los ataques. Frente a esto, en Gaza, grupos de voluntarios intentan recuperar libros y materiales entre edificios destruidos, mientras parte del patrimonio cultural palestino permanece sepultado bajo los escombros.
En Cisjordania, el funcionamiento cotidiano del sistema educativo depende de atravesar más de 900 puestos de control militares. A la vez, la interrupción en la transferencia de ingresos fiscales impacta sobre los salarios docentes. Muchos trabajadores cobran apenas entre el 47% de sus haberes, pese a cumplir jornadas completas. El aumento del costo de vida, que alcanzó el 400%, profundiza la crisis social en escuelas y universidades.
Aun así, la educación palestina continúa funcionando en condiciones extremas. En Gaza, estudiantes rinden exámenes frente al mar o en espacios improvisados después de perder sus escuelas y edificios universitarios. La continuidad educativa se sostiene a partir de redes comunitarias, docentes desplazados y familias que intentan mantener actividades escolares entre bombardeos y desplazamientos forzados.
La destrucción de escuelas, bibliotecas y universidades no aparece como un efecto colateral, sino como parte de una ofensiva orientada a quebrar la capacidad de organización, memoria y proyección histórica del pueblo palestino. Sin embargo, lejos de la resignación, distintos sectores de la sociedad palestina continúan reconstruyendo espacios educativos, recuperando archivos, sosteniendo redes culturales y defendiendo el derecho a existir, aprender y transmitir su historia. En medio del genocidio, la educación y la memoria se convierten también en territorios de lucha política y afirmación colectiva.
