Colombia: ¡Asombrados! – Por Carlos Gutiérrez Márquez
Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
Carlos Gutiérrez Márquez *
Cada día trae su sorpresa, positiva o negativa, para alegría o para tristeza de unos u otros, para su angustia o para su disfrute. Sorpresa. Su carácter puede ser diverso y su matiz depende de lo que implique, trate o afecte.
En Colombia, por estos días, las sorpresas del día a día van marcadas por la profundización del conflicto armado; por su contundencia; por el amplio marco regional que va cubriendo; por la capacidad de maniobra, control territorial y defensa/ataque logrado por algunos agrupamientos armados, así como por el valor supremo que les dan a las armas, sin relacionarlo cabal y/o minuciosamente con lo político, de manera que su desperfilamiento político es el opuesto de su capacidad militar.
Se trata entonces de una dualidad contradictoria que sorprende, toda vez que evidencia que no se han procesado a cabalidad las enseñanzas arrojadas por la historia de las Farc-EP, que, una vez firmada la paz en el 2016 y pretendiendo recoger la esperada influencia social que creían tener en el país tras más de seis décadas de accionar armado, con extensa presencia en el territorio nacional, se encontraron con la indiferencia y/o el desprecio de las mayorías.
Un resultado, en peso mayor, por el privilegio que le dieron al fusil, precisamente cuando decidieron autodenominarse EP, resaltando la importancia de lo militar sobre lo político. Su presencia territorial así lo confirmaba, con poblaciones complacientes, realmente sometidas, por temor a la fuerza; un control armado impuesto, con poblaciones atemorizadas y sin politización sobre el proyecto de sociedad que decían impulsar esos miles de guerrilleros vestidos de camuflado. El tiempo evidenciaría su principal error: su despreocupación por ganar lo esencial entre la población adonde llegaban: su corazón y su conciencia, y su convencimiento de lo imposible: que la simple fuerza les abriría las trochas hacia Bogotá.
Esto, para el caso de Colombia.
Desde otras partes del mundo, llegan con el día a día otras muchas sorpresas, que asombran, positivas unas, negativa otras, según de lo que se trate. En concreto, desde el norte de nuestro continente, en particular de Estados Unidos, llegan sorpresas que no emocionan sino que asustan; sorpresas que no despiertan alegría ni tranquilidad sino que afligen y despiertan zozobra. Es el caso de su decisión hecha pública en noviembre de 2025 de recuperar su época dorada, bajo la convicción de hacer que su país “[…] sea aún más grande de lo que ha sido jamás” (1).
Se trata de una decisión que, tomada ante el evidente declive de sus capacidades en todos los planos, el ahondamiento del empobrecimiento y la desigualdad social en lo extenso de su cuerpo social, y el riesgo evidente de ser desplazado en pocos años de su sitial de privilegios que le otorga ser el imperio dominante.
Es esa una decisión que al imperio le implica estrategias, prioridades, inversiones, alianzas, tiempos, ritmos…, teniendo claro, en toda decisión que tomen y acción que emprendan, que lo primero, que lo prioritario en todas sus maniobras y procederes son los Estados Unidos, para garantizar con ello “[…] los derechos naturales otorgados por Dios a los ciudadanos estadounidenses” (¡!).
En su enfoque estratégico definen objetivos y prioridades, algunas de ellas:
“Queremos proteger a este país, a su gente, a su territorio, a su economía y a su forma de vida de ataques militares y de influencias extranjeras hostiles, ya sea espionaje, prácticas comerciales predatorias, tráfico de drogas y de personas, propaganda destructiva y operaciones de influencia, subversión cultural o cualquier otra amenaza a nuestra nación”.
“Queremos control total sobre nuestras frontera […]”. En otras palabras, impedir, controlar o reducir la migración que, según su decir, perjudica a su país.
“Ningún adversario ni peligro debería poder poner en riesgo a Estados Unidos”.
“Queremos reclutar, entrenar, equipar y desplegar las fuerzas armadas más poderosas, letales y tecnológicamente avanzadas del mundo”.
“Queremos el sector energético más sólido, productivo e innovador del mundo”.
“Queremos seguir siendo el país más avanzado e innovador del mundo en ciencia y tecnología, y aprovechar estas fortalezas”.
Sorpresa, amable para muchos, desagradable para no pocos, ya que lo hasta acá relacionado (ya conocido, pues fue noticia de primer nivel en todos los medios de comunicación en el momento de hacerse público el documento que recoge la Estrategia de Seguridad Nacional), cada uno de sus propósitos va en marcha y tiene aplicación concreta.
Entre esas materializaciones se destaca la ‘guerra’ desatada contra los carteles narcotraficantes. Un actuar con varias aristas: presión sobre gobiernos, como el mexicano y colombiano, para que entreguen a las principales cabezas de esas estructuras, entre las cuales también incluye a los grupos guerrilleros colombianos. Tal proceder va de la mano de operaciones clandestinas a cargo del espionaje estadounidense, como se hizo evidente el 19 de abril pasado con la muerte de dos agentes de la CIA en México. ¿Habrán llevado a cabo las Fuerzas Armadas mexicanas la captura de varios de los narcos de más renombre sin la intervención de las agencias secretas del país vecino?
A la par de aquello, operaciones en mar abierto, con bombardeo de lanchas de pescadores y asesinatos sin fórmula de juicio de sus tripulantes, son acciones de fuerza que ya arrojan cerca de 180 homicidios…, ¡porque son homicidios!
Queda latente en este proceder la entrega, por parte de Colombia, de “tres objetivos de alto valor” que ofreció el presidente Petro en febrero al presidente Trump, entre ellos alias Chiquito Malo (líder del Clan del Golfo, declarado el pasado 21 de abril como narcoterrorista por parte de Estados Unidos) (2), alias “Pablito”, uno de los comandantes del Eln, y alias “Mordisco”, comandante de la fracción de las Farc conocida como Estado Mayor Central. Los acuerdos entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, firmados el 21 de abril, van en esa misma dirección.
Estamos ante el desarrollo de una estrategia que se propone negar “[…] a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”. En desarrollo de ello, reconfigura todo lo que tenga valor estratégico en esta parte del mundo, bien en puertos, bien en bases militares, bien activos y minerales estratégicos, y mucho más.
Vetar la presencia y la administración del Canal de Panamá por parte de empresas chinas, el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el control de todos los recursos estratégicos en suelo venezolano, como también en múltiples países de la región –entre ellos Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay–, dan cuenta plena. Cuba, como la cereza del pastel, está en el foco de sus objetivos por someter.
Como complemento, desarrollo o materialización de esta misma ESN, con foco en todo el territorio que consideran su “esfera de influencia prioritaria”, el 7 de marzo le dan a luz en Miami –con la presencia de una decena de presidentes de la región considerados como sus principales aliados– a la estrategia de seguridad y alianza militar conocida como “Escudo de las Américas”, con la cual queda en vilo la soberanía de los países de la región, producto del control directo e indirecto de la mayoría de ellos (3).
Al mismo tiempo, los Estados Unidos en la ESN precisan sus procederes en otras regiones del mundo, entre ellas Oriente Medio, en la cual ubican a Irán como “[…] la principal fuerza desestabilizadora de la región”, valoración y precisión que desmienten de plano algunos informes periodísticos que aseguran que Estados Unidos había sido llevado por Israel a la ofensiva contra el país asiático, actuar agresivo que concreta al mismo tiempo su estrategia de buscar la “paz a través de la fuerza”.
La agenda estratégica del imperio se despliega en otros muchos campos, Europa, la Otan, reubicación de prioridades de inversión, desarrollo de la industria en general y militar en particular, la región indopacífica, para sorpresa de propios y ajenos, todo ello en marcha. Aquel es claramente un gran despliegue que hace evidente que la potencia americana tiene todavía tiempo de pataleo antes de aceptar que China, India, Rusia o cualquier otro país ocupe su trono.
Por si estas sorpresas no fueran suficientes, el reciente 21 de abril el mundo conoció el Manifiesto Palantir (4), resumen de la filosofía de supremacismo gringo, para materializar el gobierno global de los tecnócratas y ceos, milmillonarios autoconsiderados como los más capaces, los únicos, los llamados, entre los ocho mil millones de seres humanos que hoy pueblan este planeta, a dirigir su destino y regular el conjunto de la naturaleza, claro, bajo la tutela de Estados Unidos, “país que, como ningún otro en la historia del mundo, ha impulsado más los valores progresistas”.
El documento de Palantir, multinacional tecnológica del espionaje, la guerra y la muerte, a cargo de Peter Thiel y hoy dirigido por Alex Karp, materializa además lo planteado en la ESN de buscar y concretar “[…] una colaboración estrecha entre el gobierno de Estados Unidos y el sector privado estadounidense”. Al tiempo de la máxima: “El futuro pertenece a los creadores”. Son unos creadores que pueden ser empleados gubernamentales, sin estar por ello sometidos al escrutinio público ni a bajos sueldos (ver tesis números VIII y IX).
Sin tapujo alguno, asumen tal propósito los ideólogos de las 22 tesis que nos adentran en la distopía en la cual va ingresando la humanidad de la mano de quienes, bajo la sombrilla de la tecnología de punta, la Inteligencia Artificial en primera instancia, desdicen de la democracia como uno de los mayores sueños de diversidad de países, para dejar las sociedades a las órdenes del software inteligente, el mismo que, aseguran, dará paso a una nueva era de la humanidad, “una era de disuasión, la era atómica, llega a su fin, y una nueva era de disuasión, basada en la IA está a punto de comenzar”.
El Manifiesto, inspirado por el afán y el propósito de garantizar la prolongación del imperio estadounidense, ahora revestido de formas tecnológicas de control social y dominio global, reconoce que, para materializar tal propósito, deben ir mucho más allá de los llamados morales, pues “la capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que un llamado moral. Exige hard power y el hard power de este siglo se basará en el software”.
Una manifestación en tal sentido se vio claramente en Venezuela, bajo el uso de Claude, IA desarrollada por Antropic (ver página 8), y parcialmente en Irán. Previamente, en Palestina y Líbano. En todos estos países, los ataques infligidos por las fuerzas de Estados Unidos o su peón en Oriente Medio han dejado ver la misma matriz: conocimiento detallado de los pasos de su dirigencia, permitiendo el mismo proceder: su asesinato por medio de operaciones militares de gran precisión, proceder decidido a todo, con tal de lograr sus propósitos, incluida la consumación de un genocidio, como es evidente en Gaza.
Un hard power así depende de la inspiración y la conducción sobre el cuerpo social, ejercido por los tecnócratas, los desarrolladores de tecnología de punta, los mismos que, en su afán patriótico, extendido a todo Silicon Valley, sienten “[…] la obligación positiva de participar en la defensa de la nación”, rompiendo así la separación hasta ahora existente entre empresa privada y fuerzas armadas, al mezclarse totalmente con estas. La constitución del Batallón 201, integrado por directivos de Palantir, Meta y OpenIA, así lo confirma (5).
De esta manera, tales empresas y cuerpos armados terminan siendo la misma cosa, una simbiosis que convierte a sus propietarios, como a todo su personal, en objetivo militar. Así lo entendió Irán al dirigir parte de sus misiles contra centros de computación de Amazon en Baréin y de Oracle en Dubái (6).
¡Asombroso el giro que estamos presenciando en el Estado y los gobiernos, y sus implicaciones para todo el cuerpo social!
Este giro se adentra en el mundo de una nueva realidad, de la cual no quedan exentos países como China, Rusia y otros más, todos ellos con desarrollos en estos campos y con un despliegue de control social sumamente refinado que arrasa con cualquier noción de democracia. La militarización de la vida diaria, ahora bajo nuevas modalidades, ya es realidad. Es así como el autoritarismo rompe todo tipo de barreras.
Una nueva era de resistencia, con imaginación potenciada por la decisión de muchas y muchos a no dejarse enjaular tras las barreras invisibles del software, se pone a la orden del día. ¿Habrá vocación social, más allá de los gobiernos sometidos a la ESN y al Escudo de las Américas, para hacerla realidad?
Notas
- Estrategia de Seguridad Nacional (ESN)
- https://co.usembassy.gov/es/el-lider-del-clan-del-golfo-el-cartel-de-la-droga-y-organizacion-terrorista-colombiana-enfrenta-nuevos-cargos-en-una-acusacion-sustitutiva/
- https://cnnespanol.cnn.com/eeuu/live-news/noticias-cumbre-escudo-americas-en-vivo-orix
- https://legrandcontinent.eu/es/2026/04/21/el-manifiesto-de-palantir-para-la-dominacion/
- Varsavsky Julián, “La IA como arma letal de los coroneles de Silicon Valley”, periódico desdeabajo, 27 de abril de 2026.
- RTVE, “Irán afirma que ha bombardeado instalaciones de Amazón y Oracle tras amenazar con atacar empresas de EE.UU”, abril 3 de 2026.
*Director de Le Monde Diplomatique, edición Colombia.
