Llegaron a Argentina integrantes de la Flotilla Global Sumud mientras continúa la preocupación por el convoy humanitario retenido en Libia

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Llegaron a Argentina integrantes de la Flotilla Global Sumud mientras continúa la preocupación por el convoy humanitario retenido en Libia

25 de mayo. Este lunes integrantes argentinos de la Flotilla Global Sumud, la misión humanitaria internacional que intentó llevar ayuda a Gaza por vía marítima, arribaron al Aeropuerto Internacional Argentino de Ezeiza.

Se trata de Lautaro Rivara, sociólogo y periodista; Nicolás Cortez, médico generalista; Victoria Pi de la Serra, abogada y  Ramiro Giganti, periodista; quienes denunciaron secuestros, torturas, malos tratos y detenciones ilegales en aguas internacionales perpetrados por el Estado de Israel.

La jornada también estuvo atravesada por la expresión de preocupación por Paula Giménez y Lucas Aguilera, directores de investigación de NODAL, quienes secuestrados en Libia del Este mientras participaban del convoy terrestre internacional que se dirige hacia Gaza con ayuda humanitaria. En paralelo al recibimiento de la delegación argentina, familiares, organizaciones y referentes presentes reclamaron información inmediata sobre su situación, garantías para su integridad física y la libre circulación de la misión humanitaria.

Una de las primeras en brindar testimonio fue Victoria Pi de la Serra, quien describió lo ocurrido como una operación deliberada para impedir el ingreso de ayuda a Gaza. “Se ha demostrado hasta dónde es capaz de llegar el régimen sionista para que la ayuda humanitaria no llegue al pueblo palestino. Nos interceptaron dos veces en una diferencia de quince días con una actitud absolutamente violenta mediante la utilización de barcos que parecen centros clandestinos de detención donde secuestran personas en alta mar”, denunció.

 

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La integrante de la flotilla detalló además las condiciones de encierro a las que fueron sometidos. “Nos llevaron al territorio de la Palestina ocupada, una prisión, en la cual su modo de proceder fue no solamente amedrentar, pretender humillar, sino además utilizar todo tipo de violencias con todos nuestros compañeros y compañeras en distintos niveles. Nosotras, por ejemplo, de las 24 horas que estuvimos en prisión, 22 horas estuvimos con esposas. Un montón de situaciones que hacen a una tortura psicológica y violenta”, relató .

Pi de la Serra vinculó su experiencia con la situación estructural del pueblo palestino y el sistema carcelario israelí. “Somos testigos de que no hemos recibido ni el 1 por ciento de lo que padece el pueblo palestino en esas cárceles. Tenemos 9000 presos palestinos detenidos de manera ilegal y que sufren este tipo de torturas diariamente. La verdad que esto también nos sirve para dar testimonio sobre lo que verdaderamente sufren, pudiendo vivir aunque sea una pequeña porción en carne propia, para poder seguir denunciando”, afirmó .

También cuestionó el comportamiento de gobiernos occidentales frente a lo ocurrido. “Necesitamos seguir condenando y exigiendo a los gobiernos de Europa que fueron cómplices respecto de los dos secuestros ejercidos en el Mediterráneo, y además tenemos un gobierno nacional absolutamente alineado”, sostuvo.

Por su parte, Lautaro Rivara también advirtió la importancia de continuar denunciando lo que sufren palestinos y palestinas. “Muy contentos de estar en casa, de ejercer un derecho que es el retorno a nuestra patria, que cientos de miles de palestinos y palestinas todavía tienen negado. Esto tan simple como volver a la cultura de uno, a la tierra de uno, a los afectos propios, es algo prohibido para la población palestina. Es muy importante poder comunicar eso”, expresó.Luego avanzó con una de las denuncias más fuertes del día. “Lo que vivimos, lo que vimos en el Mediterráneo es que el Estado de Israel tiene no uno, no dos, sino tres centros clandestinos de detención flotando en altamar, donde la gente es secuestrada, donde la gente es torturada, donde la gente es desaparecida por algunos días. Y eso no está generando el escándalo que debiera, en la comunidad internacional”, afirmó .

 

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Rivara también apuntó contra la política exterior del gobierno argentino y advirtió sobre la continuidad de otras iniciativas humanitarias hacia Gaza. “Nuestro gobierno, el gobierno de Javier Milei, en vez de velar por la seguridad y la integridad de sus ciudadanos, está velando por los intereses de potencias foráneas. Tenemos compañeros y compañeras de Argentina y de decenas de países que están viajando por el norte de África hacia el paso de Rafah y que en este momento están absolutamente incomunicados en un territorio muy complejo y muy hostil. Realmente tememos también por su vida y por su integridad”, alertó.

El periodista argentino Ramiro Giganti aportó otro testimonio sobre el tratamiento recibido tras la captura. “Ahora estamos bien después de una situación muy dura y extensa, primero del esfuerzo que hicimos navegando más de un mes para poder llevar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza y después de tres días infernales tras haber sido secuestrados por el Estado más cruel que hay en este momento”, expresó .

 

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Giganti describió con mayor detalle las condiciones del encierro. “En mi caso me tocó pasar dos días en un barco -le decimos barco mazmorra- en clandestinidad, con golpizas e impedimentos para dormir. Nos habían robado casi toda la ropa, así que las noches eran heladas. Hubo gente que la pasó todavía peor, hubo personas que fueron torturadas con Taser, con electricidad”, denunció.

Sus declaraciones remiten también a las imágenes que circularon internacionalmente mostrando escenas de maltrato y humillación contra integrantes de la misión humanitaria tras su captura, material que se viralizó globalmente y profundizó el repudio internacional frente al accionar israelí, en un contexto en el que las expresiones de solidaridad con Palestina son crecientemente reprimidas mientras continúa el bloqueo sobre Gaza y la catástrofe humanitaria sobre su población civil.

La llegada de la delegación argentina no clausura la denuncia. Por el contrario, deja expuesta una escena internacional donde la ayuda humanitaria es interceptada, activistas civiles son secuestrados y castigados, y la solidaridad con Palestina se transforma cada vez más en blanco de persecución política y represión estatal.

 

 

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