Cuba, la disputa agroalimentaria y energética bajo el asedio de Washington – Por María Rizzo y Matías Strasorier
Cuba, la disputa agroalimentaria y energética bajo el asedio de Washington
*Por María Rizzo y Matías Strasorier
Desde el 1 de enero de 1959, la República de Cuba se encuentra en el epicentro de la discusión política global. En la rebeldía de un puñado de hombres y mujeres que se forjaron en la Sierra Maestra, está la semilla de una resistencia de más de seis décadas.
En la denominada Nueva Fase del Capitalismo, la alimentación y la energía han dejado de ser simples recursos de intercambio para convertirse en armas de control geopolítico, y la rebeldía de las y los cubanos, los pequeños fueguitos que se deben apagar.
El recrudecimiento de la hostilidad por parte de Estados Unidos hacia la isla —que combina maniobras jurídicas reactivadas contra sus dirigentes políticos con un bloqueo asfixiante— responde, fundamentalmente, al temor estratégico de la Casa Blanca ante el avance de la República Popular China en América Latina y el Caribe, y se mantiene fiel a su doctrina tal cual fuera expresado en el memorándum oficial redactado por el funcionario del Departamento de Estado estadounidense, Lester Mallory, el 6 de abril de 1960: “provocar hambre y desesperación en el pueblo cubano para derrocar al gobierno revolucionario mediante la asfixia económica”.
Como señala Lucas Aguilera, analista y director de investigación de NODAL, la transición global actual muestra una contradicción de temporalidades dominantes: «China tiene muy ganado el futuro, pero el presente todavía lo tiene ganado Estados Unidos, en términos estratégicos».
Por su parte, en los postulados de Aguilera sobre la Nueva Fase del Capitalismo, las potencias globales no solo se disputan territorios tradicionales, sino el control del desarrollo digital, infraestructuras críticas y plataformas de valorización de la vida humana. Destaca de forma directa la táctica estadounidense sobre la región: «El imperialismo norteamericano despliega una estrategia multidimensional en América Latina; busca cercar y asfixiar cualquier foco de resistencia o alternativa soberana que pretenda abrirle las puertas a la transición multipolar. Lo que vemos en Cuba no es una agresión aislada, sino un intento desesperado por contener el avance de China en su área de influencia histórica, utilizando el hambre y la parálisis energética como herramientas de disciplinamiento político.»
En este marco regional, Estados Unidos está disputando palmo a palmo el control de Latinoamérica en un intento desesperado por frenar el avance de China en su histórico «patio trasero». El acoso sistemático hacia Cuba busca neutralizar de raíz cualquier posibilidad de que el gigante asiático logre reactivar y modernizar la economía de la isla, consolidando una base de influencia tecnológica y logística a solo 90 millas de las costas continentales norteamericanas.
El eje agroalimentario como el núcleo de la asfixia
El principal talón de Aquiles de la soberanía cubana reside en su dependencia alimentaria, viéndose obligada a destinar miles de millones de dólares anuales a la importación de insumos básicos. La historia económica de la isla demuestra que sus épocas de mayor estabilidad e independencia alimentaria interna se dieron durante la asociación con la URSS y el bloque del este europeo.
La desaparición de aquel bloque sumió al campo cubano en una crisis estructural agravada por decisiones organizativas posteriores —como el desmantelamiento de centrales azucareras a principios de siglo— que terminaron por fragmentar y descapitalizar el agro. Hoy, aunque el Estado cubano recurre a actores como las MIPYMES privadas para paliar el desabastecimiento, los alimentos llegan indexados a un mercado informal de divisas inalcanzable para la mayoría de los trabajadores.
La respuesta de largo plazo a la profunda problemática agroalimentaria cubana existe y es viable, la biotecnología aplicada al agro, la automatización de los cultivos, el uso de bioestimulantes y biorregeneradores, así como optimización científica de las tierras ociosas.
A pesar de las severas limitaciones materiales, Cuba ha desarrollado una infraestructura científica única en la región a través de instituciones como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Los científicos cubanos han creado productos de vanguardia mundial orientados a salvar la producción de alimentos sin depender de químicos importados, tales como:
GAVAC®: Una vacuna recombinante única contra la garrapata del ganado bovino (Rhipicephalus microplus), que reduce drásticamente la mortalidad animal y la necesidad de acaricidas químicos perjudiciales.
Estabilak: Un producto natural derivado de la propia leche que permite conservarla fresca a temperatura ambiente por horas sin necesidad de refrigeración, una solución crucial frente a la crisis de apagones que destruye las cadenas de frío.
HeberNem: Bionematicida ecológico que protege los cultivos de hortalizas bajo cubierta, sustituyendo al agresivo y costoso bromuro de metilo.
Sin embargo, en el marco de la contradicción de la Nueva Fase, la tecnología como herramienta transformadora se encuentra atrapada en una pura potencialidad inaccesible para el pueblo cubano en tanto se mantenga el bloqueo de Estados Unidos. Las restricciones financieras y logísticas que impone el cerco de Washington impiden a Cuba importar maquinaria avanzada, servidores de software agropecuario de precisión y los paquetes biotecnológicos globales de última generación a través de tres mecanismos principales de asfixia:
La «Regla del 10%» y el Veto de Suministros Avanzados: Por leyes del bloqueo, cualquier equipo, reactivo o software que contenga más de un 10% de componentes o propiedad intelectual estadounidense tiene prohibido ser vendido a Cuba. Esto paraliza laboratorios completos al bloquear la compra de secuenciadores de ADN de última generación, biorreactores automatizados, reactivos de alta pureza y repuestos críticos.
Persecución Financiera y el «Riesgo de Multa»: La inclusión de Cuba en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo por parte de Washington genera un efecto de sobrecumplimiento bancario internacional (overcompliance). Los bancos rechazan procesar pagos de la isla, impidiendo cobrar las regalías o ventas legítimas de vacunas agropecuarias como el GAVAC® en mercados internacionales y encareciendo los costos logísticos hasta en un 40% por triangulación comercial.
El Ahogo de la Producción a Gran Escala: Aunque los científicos logren diseñar la fórmula perfecta a nivel piloto, la falta de divisas impide escalar la producción industrial. El país posee el conocimiento para inmunizar a su ganado o proteger sus cultivos, pero las plantas nacionales operan al mínimo por falta de envases, viales de vidrio, etiquetas o energía estable para los procesos de liofilización.
La energía como segundo frente de batalla. La «Revolución Solar»
Paralelamente a la comida, la energía se ha transformado en el segundo frente de la guerra híbrida aplicada sobre la isla. El gobierno estadounidense ha intensificado sus presiones mediante un riguroso bloqueo energético, persiguiendo a buques mercantes y aplicando sanciones secundarias a empresas internacionales para cortar de raíz el suministro de combustible que sostiene el Sistema Electro energético Nacional cubano. Los masivos y prolongados apagones diarios reflejan el impacto de esta estrategia diseñada para inducir el colapso social.
Frente a la asfixia, Cuba apuesta por una salida estratégica de la mano de Pekín, la «Revolución Solar», es un programa energético que proyecta la instalación de casi un centenar de parques solares fotovoltaicos para inyectar 2,000 megavatios (MW) a la red nacional. El crecimiento exponencial del financiamiento y envío de paneles solares provenientes de China expone con claridad por qué EE.UU. escala sus amenazas de intervención militar y persecución jurídica, la Casa Blanca teme que la transición energética y tecnológica de Cuba rompa definitivamente el histórico anillo de aislamiento continental estadounidense.
Frente a la parálisis petrolera y el déficit del Sistema Electro energético Nacional —que llegó a superar los 2,000 MW—, la inyección de capital y componentes asiáticos marca la pauta de la transición energética:
Inversión en paneles fotovoltaicos: Las exportaciones chinas de tecnología solar hacia Cuba escalaron radicalmente, pasando de USD 5 millones en 2023 a la cifra récord de USD 117 millones en 2025.
Proyección de infraestructura (Meta 2028): El plan conjunto contempla la instalación de 92 parques solares fotovoltaicos en toda la isla, diseñados para generar 2,000 MW de potencia y cubrir cerca del 20% de la matriz de generación nacional.
El impacto del cambio de socios estratégicos y las restricciones del bloqueo se reflejan de forma contundente en los indicadores productivos de la isla, evidenciando el paso de la bonanza industrial del siglo XX al actual modelo de resistencia tecnológica y energética financiado por China.
Los datos cuantitativos demuestran que el accionar del gobierno estadounidense sobre el pueblo cubano es una guerra por todas las vías, el cual se encuentra motorizado a su objetivo de hegemonizar el dominio imperialista en occidente. El ataque sistemático sobre los pueblos que se niegan a ser sometidos por el sistema capitalista, aquellos pueblos que pretenden construir un sistema de producción social más humano son hoy el enemigo de los gobiernos de las elites globales. Esa misma elite de la isla de Epstein, la elite asesina que bombardea escuelas en Irán y niños en Palestina. La misma elite que adora al dinero como su único dios.
Es la elite que no deja producir ni desarrollarse a los pueblos cuya mayor rebeldía es luchar por ser libres y cuidar el planeta tierra, nuestra casa común y sus recursos.
*Strasorier es Director del Centro de Estudios Agrarios, Argentina. Maestrando en Estudios Sociales Agrarios (FLACSO) y Analista agropecuario. Rizzo es co-Directora del Centro de Estudios Agrarios, Médica Veterinaria, maestranda en Desarrollo Regional y Políticas Públicas de FLACSO.


