Internacional | Benjamín Netanyahu rechaza el acuerdo para el desarme de Hamás alcanzado por la Junta de Paz

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Netanyahu rechaza el plan de Trump para el desarme de Hamás

En un mensaje de tono electoral, el primer ministro condiciona toda retirada del más del 60% de Gaza a la entrega de armas “total” y “auténtica” de la milicia islamista.

Aunque lo ha anunciado en la reunión semanal del consejo de ministros, Benjamín Netanyahu ha actuado este domingo más como candidato a la reelección en octubre que como jefe de Gobierno al rechazar el acuerdo para el desarme de Hamás alcanzado por la Junta de Paz —el organismo que supervisa la aplicación del alto el fuego en Gaza— y desvelado el 30 de julio por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Israel no se había pronunciado formalmente hasta ahora sobre el pacto, aunque venía haciéndolo en los hechos, al mantener los ataques en Gaza, salvo los bombardeos dirigidos a matar policías del Gobierno de Hamás o milicianos. El movimiento islamista —que gobierna el tercio del enclave palestino donde vive aglutinada casi toda la población— ha subrayado su “compromiso firme” con el pacto, pese al no de Netanyahu.

“Israel rechaza el documento de 15 puntos [el acuerdo de desarme]. Las Fuerzas de Defensa de Israel no realizarán ninguna retirada hasta el desarme de Hamás. Y cuando digo ‘desarme de Hamás’, me refiero tanto a las armas pesadas como las menos pesadas y a las ligeras”, ha afirmado al inicio del consejo de ministros semanal y reiterado en un vídeo en redes sociales. También ha insistido en que el desarme debe ser real, “no ficticio”, sembrando dudas sobre el proceso hasta convertirlo casi en infinito.

El tono preelectoral del anuncio está especialmente claro en que, en realidad, Netanyahu y el máximo representante de la Junta de Paz, Nickolay Mladenov, defienden lo mismo (primero, desarme total, incluidas armas ligeras; y solo entonces, inicio de la retirada) desde que se reunieron el lunes y el segundo se desdijo de sus afirmaciones previas y del propio texto del acuerdo. Ya entonces, Hamás y el resto de facciones armadas palestinas en Gaza subrayaron que se atenían “a lo acordado” y que esperaban “una respuesta clara y oficial” de Mladenov y los mediadores.

Cuestionado por sus incumplidas promesas de victoria bélica, sobre todo en Irán, Netanyahu se ha esforzado este domingo en presentarse de nuevo ante los electores como el líder fuerte que —como le gusta reiterar— dice “sí” a los aliados cuando se puede, y “no”, cuando se debe. Los estadounidenses, dijo, “tienen ideas” respecto al futuro de Gaza. “Algunas nos parecen aceptables y otras no, y sabemos cómo mantenernos firmes en estos asuntos”, afirmó.

Sin retirada

El primer ministro resumió su posición en tres ideas que contradicen el acuerdo. La primera es que el ejército israelí “no realizará ninguna retirada hasta que Hamás esté verdaderamente desarmado”, lo que choca con el enfoque (que figura en el plan y señaló inicialmente Mladenov) de que una y otra irían de la mano: en paralelo y por fases.

La segunda es que los militares, que controlan más del 60% de Gaza (una zona devastada y prácticamente deshabitada donde vienen estableciendo estructuras con vocación permanente), “seguirán frustrando las amenazas” contra ellos y los ciudadanos de Israel. Es una fórmula vaga para preservar la potestad de abrir fuego, pese a que el acuerdo de la Junta de Paz obliga técnicamente a Israel a “completar plenamente y sin demora” sus compromisos pendientes, entre los que especifica “el cese de las operaciones militares”.

La última no es una novedad, pero desincentiva el desarme. El acuerdo señala que “deberá crear las condiciones adecuadas para un camino creíble hacia el logro de la autodeterminación y la creación de un Estado palestino”. Este domingo, Netanyahu ha dejado claro que, mientras él esté en el poder, “no se creará un Estado palestino, ni en Gaza ni en Judea y Samaria”, aclaró usando el término bíblico y oficial para Cisjordania.

Hace tres días, los ministros de Exteriores de Emiratos Árabes Unidos (un país con importantes relaciones bilaterales con Israel), Qatar, Jordania, Indonesia, Pakistán, Turquía, Arabia Saudí y Egipto emitieron un comunicado conjunto para manifestar su “más enérgica condena” a las “continuas vulneraciones israelíes en Gaza”, que “socavan los esfuerzos internacionales y regionales para implementar la segunda fase” del plan de Trump y “amenazan con hacerlo descarrilar”.

Desde la reunión entre Mladenov y Netanyahu, Israel sí ha detenido en la práctica (sin explicitarlo, por motivos electorales) los bombardeos contra objetivos civiles de Hamás o milicianos de las distintas facciones. Es una parte de los ataques que viene efectuando en los diez meses de alto el fuego, en los que ha matado un niño al día de media, según ha recordado esta semana Unicef, la agencia de la ONU para la infancia.

“Desdén”

Mohamed Dahlan, un influyente y veterano político palestino que reside en el Golfo y ha trabajado para sacar adelante el acuerdo de desarme, ha calificado el rechazo de Netanyahu de muestra de “desdén” hacia Trump y su equipo. Ahora, ha añadido, los mediadores lo “reconocerán como el obstáculo para la seguridad y estabilidad”.

En estos diez meses, Israel ha incrementado la parte de la Franja que controla, ampliándola unilateralmente hasta superar el 60% al cambiar de posición los bloques de hormigón o incrementar las zonas sobre las que abre fuego contra quien se acerque. Netanyahu ordenó llegar al 70%.

El ejército sigue además abriendo fuego a diario (los muertos durante la tregua superan los 1.200) y frenando la reconstrucción de Gaza, que puede llevar décadas incluso, según los técnicos. Las autoridades militares de Israel limitan la entrada de casas prefabricadas, tiendas de campaña o maquinaria que permita retirar los escombros o restaurar el servicio de recogida de basuras, agua o electricidad.

Trump aseguró la semana pasada estar “muy contento” por los avances en las negociaciones para el desarme. Y que Netanyahu también tenía motivos para estarlo. Una fuente oficial estadounidense señaló entonces bajo anonimato que el presidente de EE UU estaría “muy decepcionado” si el dirigente israelí obstaculizaba la aplicación del pacto.

Tras el no de Netanyahu, el acuerdo queda, de hecho, en un limbo, ya que los 14 días (prorrogables) para consensuar su calendario de implementación solo comenzaban a contar desde que lo aprobasen las partes.

El texto, esperado y labrado durante meses, buscaba que Hamás entregase (sin destruir) gradualmente sus armas, tras el cumplimiento de todas las obligaciones de la primera fase y el ingreso de, por un lado, una fuerza multinacional de seguridad y, por otro, una administración de tecnócratas palestinos. Es la encargada de asumir la administración del día a día en la Franja, en sustitución del movimiento islamista, que la gobierna desde 2007. El texto habla entonces de la entrega, inhabilitación y almacenaje de “armamento pesado, sitios de producción militar, depósitos de armas y túneles”, sin mencionar las armas ligeras.

La Junta de la Paz prepara ya, de hecho, la construcción en la zona de Gaza bajo control israelí de una posición militar rudimentaria para albergar a 150 soldados de Marruecos de la fuerza multinacional. Es un país que viene profundizando el acercamiento a Trump y los vínculos armamentísticos con Israel desde que establecieron relaciones diplomáticas en 2020, con el reconocimiento de la soberanía sobre el Sáhara Occidental por Washington como contrapartida.

EL PAÍS


 

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