Elon Musk pronostica el fin del dinero: las contradicciones del capitalismo ante la IA – Por Alejandro Frigerio
Elon Musk pronostica el fin del dinero: las contradicciones del capitalismo ante la IA
Por Alejandro Frigerio
Para el barón industrial sudafricano, visionario desarrollador tecnológico y furibundo vocero de la extrema derecha global, en una década el dinero perderá relevancia. Su augurio incluye que las máquinas cubrirán las necesidades humanas y los individuos contarán con tiempo libre sin la presión de tener que trabajar para vivir. La IA cambiará radicalmente el futuro de la humanidad, haciendo que el dinero pierda toda relevancia.
Las afirmaciones del individuo más rico del mundo (1er billonario de la historia) sobre la irrelevancia del dinero para 2036 debido a la abundancia generada por IA abarcan dos cuestiones principales: 1°) que la robótica e IA contribuirán a la automatización absoluta* y que ésta a su vez eliminará tanto el total de empleos humanos como los ingresos que de ellos se derivan; 2°) que -en una década- la humanidad podrá gozar de todo su tiempo libre y, además, recibirá un alto ingreso universal. Todo esto (que ya ni los mayores capitalistas pueden desconocer) presenta una excelente oportunidad para revisitar ambas cuestiones con mayor profundidad, analizando como la dinámica del sistema de ganancias conducirá -más temprano que tarde- a la extinción del capitalismo.
La predicción del empresario (conocido por sus empresas SpaceX y Tesla y sus polémicas en la red social X, de la que también es dueño) sobre el futuro de la economía y la sociedad fue una reiteración de algo ya demostrado científicamente hace más de siglo y medio. Musk anuncia que el avance de la IA y la robótica serán de tal magnitud que la escasez dejará de ser un problema y la abundancia constituirá la norma. El vaticinio sobre la extinción de los sistemas mercantil y monetario por el mayor capitalista de la actualidad indica que el capitalismo –al que sus apologetas proclaman como eterno (“siempre existió y siempre existirá”)- además de finito, tendría una sobrevida muy breve.
El tecno-magnate habla también de “trabajo opcional” y un “alto ingreso universal”. A fines de julio en entrevista con Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de la revista The Economist, Musk expuso su argumento central: si los robots y la IA producen más bienes y servicios de los que cualquiera podría consumir, el dinero dejará de ser necesario. “El futuro va a ser muy diferente del pasado. No existe ninguna analogía o metáfora que, para mí, ilustre la magnitud del cambio que vamos a experimentar” **, agregó.
El ex miembro del gabinete de Trump (considerado por algunos como xenófobo***), anuncia un mundo libre de trabajo ya que las máquinas cubrirán todas las necesidades, y el acceso a bienes y servicios será ilimitado. “Habrá un alto ingreso universal. El trabajo será como cultivar una huerta: no necesitas hacerlo, pero quizás quieras hacerlo” **** dijo, agregando que las personas podrán dedicarse a actividades voluntarias o creativas.
Analizaremos el pronóstico color de rosa de Musk, ofreciendo una visión alternativa a la crisis civilizatoria que enfrenta la humanidad.
Algunos conceptos científicos necesarios para el adecuado encuadramiento del tema
Dinero y capital
El dinero en sí mismo no es capital -ya que existía mucho antes de surgir el capitalismo- pero se convierte en capital durante determinada fase del desarrollo mercantil. El dinero como dinero y el dinero como capital, sólo difieren entre sí en sus distintas formas de circulación.
Históricamente, el capital inicia su carrera como capital mercantil y usurario en forma de dinero. Cada nuevo capital en los mercados de mercancías, de trabajo o de dinero, también aparece en forma monetaria, convirtiéndose en capital sólo mediante un conjunto específico de procesos. Para el surgimiento de capital el prerrequisito objetivo es un determinado nivel de desarrollo productivo mercantil y del sistema monetario.
Antes de la aparición del capital (y del capitalismo como modo productivo dominante) existió la llamada producción mercantil simple, expresada en la fórmula de circulación de mercancías: M (mercancía) – D (dinero) – M (mercancía), es decir, la venta de una mercancía para comprar otra. La fórmula M – D – M es inherente a la producción mercantil simple. En este caso una mercancía se cambia por otra mediante dinero. Éste no cumple otra función que la de intermediario del intercambio, no la de capital. Ejemplo: un sastre cambia una camisa por cierta cantidad de pan. Un valor de uso se intercambia por otro valor de uso, a través de dinero.
La forma de circulación de mercancías M – D – M implica intercambio de diversos valores de uso en aras de satisfacer alguna necesidad inmediata. La forma de circulación del capital dinerario es diferente: D (dinero) – M (mercancía) – D (dinero) lo cual implica que la compra se realiza con fines de venta, de enriquecimiento. En ella el dinero es punto de partida y se emplea como medio de compra para vender, es decir, actúa en calidad de capital. El capitalista compra con su dinero ciertas mercancías a fin de volver a convertirlas en dinero; inicio y final de la transacción coinciden: el capitalista comienza y termina con dinero en sus manos: D – M – D.
No obstante, si al final de la operación el capitalista terminase con la misma cantidad de dinero que tenía al comenzarla, todo el movimiento de capital perdería sentido. Lo tiene sólo sí al final gana más dinero. La meta de toda actividad capitalista es la ganancia. Así, el movimiento de dinero en el capitalismo se expresa en la fórmula D – M – D’, o fórmula general del capital, en la que D’ representa el dinero inicial más un incremento (o excedente) al que se denomina plusvalía, representada aquí con la letra D’. El capitalista no usa dinero como intermediario para la circulación de mercancías, sino como medio para lucrar y enriquecerse. Este movimiento es constante y, en su proceso, el dinero adquiere la propiedad de incrementarse. El valor que se incrementa a sí mismo, o valor que produce plusvalía se denomina capital.
La fórmula D – M – D’ es la fórmula general del capital tal como aparece en la esfera de circulación. Se aplica a todo tipo de capital: mercantil, usurario e industrial.
Lo antedicho evidencia que el poseedor de dinero -para convertirse en capitalista- deberá encontrar en el mercado una mercancía que, al consumirse, cree valor y, además, uno mayor que el encerrado en ella. Es decir, el poseedor de dinero debe encontrar una mercancía cuyo valor de uso tenga la peculiaridad de ser fuente de valor.
Dinero: de medio para intercambio a relación social de explotación para apropiación de trabajo ajeno
Aunque el linaje del Homo sapiens es relativamente reciente (315.000 años), el género más amplio al que pertenecen los humanos actuales (Homo) apareció hace cerca de 2.8 millones de años. Durante este largo período la sociedad humana vivió en una organización social conocida como comunismo primitivo caracterizada por propiedad colectiva de la tierra y los recursos; trabajo cooperativo que distribuía lo producido para asegurar la subsistencia de todos; ausencia de Estado para protección de la propiedad privada de medios productivos; y bajo desarrollo por existencia de herramientas rudimentarias, lo cual solo cubría necesidades básicas, sin dejar excedentes para acopio.
Las sociedades de clases que sucedieron a la sociedad comunal primitiva luego de la llamada Revolución Neolítica -hace entre unos 10.000 y 6.000 años (aproximadamente entre el 8000 y 4000 a. C.), cuando la humanidad abandonó el nomadismo y adoptó la agricultura y ganadería sedentarias- fueron: la sociedad esclavista, el modo de producción asiático, la sociedad feudal y la sociedad capitalista. Para el tema que nos ocupa -el rol del dinero- debemos analizar en particular al modo productivo esclavista.
Históricamente, con su desarrollo, el intercambio fue adquiriendo cada vez mayor importancia. En una serie de ramas productivas, cierta parte de los productos se elaboraban regularmente como mercancías y se vendían en el mercado. Una mercancía es un objeto o bien que satisface una necesidad humana y que no se produce para consumo propio, sino con el fin de ser intercambiado en el mercado por medio de la compraventa. La mercancía es la célula económica básica de la sociedad capitalista.
Al desarrollarse el comercio fue aumentando la importancia del dinero. Generalmente, la función de dinero era ejercida por la mercancía más extendida como objeto de cambio. En muchos pueblos -especialmente en los que se dedicaban al pastoreo- inicialmente se empleaba el ganado como dinero. En otros, esta función la cumplían la sal, el trigo o las pieles. En Grecia, como en Roma, además del comercio de esclavos y otras mercancías, el comercio de artículos de lujo importados de países de Oriente adquirió gran importancia, estando a menudo relacionado con el saqueo de poblaciones aborígenes y con la piratería. Gradualmente, todas estas formas de dinero y otras fueron siendo desplazadas por la moneda metálica.
En el régimen esclavista, el dinero no era ya solamente un medio para facilitar la compra-venta de mercancías. Fue convirtiéndose en medio de apropiación del trabajo ajeno a través del comercio y de la usura. El dinero invertido para apropiarse trabajo excedente y producto excedente se convierte en capital, es decir, en medio de explotación. El capital comercial y el capital usurario preceden al modo capitalista de producción: ambos nacen en la entraña del régimen esclavista y no modifican las relaciones de producción basadas en la esclavitud, sino que, al contrario, favorecen la conversión de pequeños productores en esclavos al empujarlos a la ruina.
A la vez, estas formas de capital que no intervienen en la producción, contribuyen a la concentración de grandes recursos pecuniarios en manos de mercaderes y usureros. Parte considerable de éstos recursos se destina a su consumo parasitario. Las relaciones productivas capitalistas surgen y se erigen en dominantes cuando surgen dos nuevas clases: los obreros asalariados y los capitalistas industriales. Así, los relatos de historiadores burgueses que presentan las relaciones esclavistas en Grecia y Roma –donde el esclavismo alcanzó su apogeo- como relaciones capitalistas carecen de sentido.
La producción en el modo productivo esclavista perseguía la apropiación por los amos del trabajo y el producto excedente de los esclavos. La falta de interés por los esclavos en el trabajo rendido para sus dueños -y la baja productividad de éste- movía a los dueños a obtener producto excedente de la cooperación en gran escala de masas de esclavos sometidos a explotación inhumana (este tipo de explotación era posible por la mencionada condición legal de los esclavos, considerados “cosas” por las leyes griegas y romanas, “bienes muebles” sujetos al derecho real). Pero, y principalmente, por la enorme afluencia de ellos, resultante de las guerras de conquista.
Capital: definición y clasificaciones
El capital es una relación social de producción. No es una cosa, ni tampoco un conjunto de cosas. Es una determinada relación productiva social que aparece bajo ciertas condiciones en una formación histórica dada y que puede corporizarse o representarse por una o varias cosas. Esta es la definición científica del capital.
No obstante, esta formulación contrasta con el significado que le asigna la Economía Política Vulgar, escuela predominante en medios académicos y oficiales del capitalismo tardío. La definición dada por ésta escuela –hoy la más generalizada- es que el capital consistiría en una o varias cosas, específicamente “en cualquier bien o conjunto de bienes susceptibles de emplearse como medios de producción”. Así, el capital estaría formado por bienes durables (herramientas, maquinaria, fábricas, etc.) destinados a fabricar otros productos. También lo conformarían recursos financieros invertidos en una empresa para producir diversos bienes, así como las ganancias obtenidas.
Existen variadas clasificaciones sobre distintos tipos de capital, la principal de carácter científico los separa inicialmente en usurario, mercantil e industrial, y luego también en financiero. Varias corrientes de la Economía Política Vulgar hacen distinciones basadas en su definición de capital (como “una o varias cosas”, no como relación social), dividiéndolo en público y privado; tangible e intangible; inmobiliario o mobiliario, e incluso en capital humano, de riesgo, flotante, cultural, simbólico y digital.
Valor de uso, valor, y valor de cambio
El valor de uso de una cosa consiste en que satisface alguna necesidad humana, ya como artículo de consumo personal o como medio de producción. Cuando el humano produce objetos para su propio consumo, se trata de productos. Para que un producto se convierta en mercancía debe satisfacer alguna necesidad social, es decir su demanda por parte de otros miembros de la sociedad.
La riqueza material social consiste en valores de uso. Bajo el sistema de producción de mercancías (mercantil), el valor de uso no satisface necesidades propias del productor sino de los que compran mercancías, por lo que debe crear un valor de uso social. Como las mercancías tienen el rasgo de poder intercambiarse, la peculiaridad histórica de su valor de uso consiste en que también es vehículo del valor de cambio.
Valor de cambio es el potencial de una mercancía para ser intercambiada en determinada proporción por otras mercancías. Aunque en actos de cambio individuales esas proporciones puedan ser accidentales, en conjunto surgen de uniformidades definidas. La teoría del valor-trabajo (formulada y desarrollada por Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx) resume la experiencia del intercambio a lo largo de los siglos.
Las mercancías intercambiadas como valores de uso difieren entre sí, de lo contrario el intercambio no tendría sentido. La característica común y objetiva de las mercancías que permite considerarlas como equivalentes es el trabajo social invertido en su producción. Como valores de uso, las mercancías son diferentes, pero como encarnación del trabajo social, son homogéneas.
El trabajo social encarnado en una mercancía constituye su valor. Valor es el trabajo de los productores condensado en la mercancía. Toda la vida social se basa en el trabajo. Al intercambiar mercancías, los productores deben tener en cuenta este hecho objetivo y -en su propio interés- deben partir de la equivalencia laboral entre aquellas: de su valor. El valor de cambio de las mercancías -es decir, la proporción en que se cambia una mercancía por otra- está determinado por su valor.
El valor, a su vez, es determinado por el trabajo encerrado en las mercancías, que adquiere forma de cosa. Las proporciones o relaciones cuantitativas que sirven de base para el cambio de mercancías son la forma del valor, su expresión en el acto de cambio. Esas proporciones cuantitativas muestran que en las mercancías cambiadas se invirtió igual cantidad de trabajo, que encierra iguales valores.
El valor es una categoría social que, aunque no se la vea, se advierte siempre que haya intercambio de mercancías. Es una relación entre personas disfrazada bajo un envoltorio material. Además, es una categoría histórica, ya que surge en determinada etapa del desarrollo social. El valor de uso existió siempre y jamás dejará de existir, pero la mercancía como valor surgió con la producción mercantil y desaparecerá junto con ella.
Sólo un bien que tenga valor de uso puede tener valor. Sin embargo, no todas las cosas útiles, no todo valor de uso tiene valor: no hay valor en cosas a las que no se aplicó trabajo humano (por ejemplo, la tierra baldía, el agua de los mares, las plantas silvestres, etc.). Pero el gasto de trabajo adquiere valor sólo bajo determinadas condiciones sociales: durante la producción de mercancías.
Unidad y contradicción entre valor de uso y valor
Las mercancías representan la unidad entre el valor y el valor de uso, pero esta unidad es contradictoria. Como valor de uso, la mercancía es cualitativamente heterogénea (harina, oro, acero, etc.), pero como valor es cualitativamente homogénea (toda mercancía es producto del trabajo humano).
Como valor de uso, la mercancía se destina al consumo; como valor, a la venta. Quienes producen mercancías se interesan básicamente en el valor (no en el valor de uso), pero para que éstas puedan realizarse como valor deben ser, además, valores de uso: deben encontrar demanda. Los valores de uso son tangibles; el valor es imperceptible. Estas son las contradicciones entre valor de uso y valor de las mercancías.
¿Utilidad, oferta y demanda o rareza y escasez son fuentes del valor de las mercancías?
Superficialmente, lo que pareciera dar valor a una mercancía es su utilidad. En apariencia, cuanto más útil sea un objeto más valor debería tener. No obstante, esta apreciación es incorrecta. Las cosas de mayor utilidad como el aire no cuestan nada, o cuestan poco, como el agua. Mientras artículos no tan útiles como las piedras preciosas, cuestan mucho. Si el costo de los productos aumentase con el incremento de su utilidad, el agua y el pan serían más caros que las piedras preciosas. Por tanto, la utilidad (o valor de uso) de una cosa es condición de su valor, pero no su causa. Aunque no puede existir valor sin valor de uso, el valor de uso puede existir sin el valor (el aire tiene gran valor de uso, pero no tiene valor alguno).
A priori, la oferta y la demanda parecieran capaces de determinar la magnitud del valor. Se afirma que cuanta más demanda tenga una mercancía sus precios tenderán a elevarse y, contrario sensu, cuanto mayor sea su oferta, los precios tenderán a bajar. No obstante, esta apreciación también es incorrecta. A poco de profundizar en la cuestión se hace evidente que el valor de las mercancías no depende de la presunta “ley de oferta y demanda”. Comparemos por ejemplo el valor del azúcar y de la sal. Aunque la demanda de ambas mercancías sea igual a su oferta, el valor de 1 kilo de azúcar es varias veces mayor al de 1 kilo de sal. Por tanto, la demanda y la oferta no tienen impacto sobre la diferencia de valor entre ambas.
Es cierto que las proporciones entre oferta y demanda no son irrelevantes respecto a los precios de las mercancías, pero, sobre lo que producen efecto, no es la cuantía del valor, sino el grado de alteración que experimentan los precios de mercado respecto al valor de la mercancía. Al aumentar la oferta y disminuir la demanda de alguna mercancía, los precios descienden por debajo de su valor. Contrariamente, al disminuir la oferta y aumentar la demanda, los precios se elevan por encima de su valor. Solo cuando oferta y demanda son iguales, los precios de mercado se corresponden con el valor de la mercancía. Este caso es muy raro en la producción mercantil capitalista. Por tanto, la oferta y la demanda tampoco determinan el valor de las mercancías.
La rareza o escasez de una mercancía también pareciera poder determinar su valor. Pero, profundicemos esta primera impresión. Tomemos tres mercancías: oro, diamantes y pan. El oro y los diamantes son raros y costosos. El pan, contrariamente, abunda considerablemente más y es mucho más barato, aunque sea más necesario para la vida humana. Ahora bien, eso no significa automáticamente que si algo no abunda esto cause incremento de su valor. Por ejemplo, en temporadas de sequía, el agua escasea y existe enorme demanda por ella. No obstante, a pesar de toda su utilidad, escasez y la gran necesidad que existe de ella, no posee valor que pueda expresarse en dinero (salvo cuando en vez de ser un bien de utilidad pública de libre acceso se privatiza su provisión, ingresando al mundo de las mercancías). Entonces, esta apreciación es tan incorrecta como las dos anteriores.
¿Dónde se produce el incremento del capital?
Los economistas burgueses, tratando de explicar la fuente del enriquecimiento capitalista, afirman que surgiría de la circulación mercantil. Esto es insostenible. En la esfera de la circulación se generan intercambios de valores equivalentes. Si todos los vendedores obtuvieran por sus mercancías más de lo que valen –digamos 20% más- al convertirse en compradores deberían pagar a los demás vendedores un 20% adicional. Así, lo que los propietarios de mercancías ganasen como vendedores, lo perderían como compradores. Pero la realidad demuestra que el aumento de capital favorece al conjunto de la clase capitalista que, como tal, siempre gana.
El circuito D – M – D’ del capital no muestra dónde y cómo se crea la plusvalía. Este proceso -la compra de mercancías para venderlas- ocurre en la esfera de la circulación, donde sólo se altera la forma del valor: la forma dinero se convierte en forma mercancía, y la forma mercancía en forma dinero. Según la ley del valor, el intercambio de mercancías se efectúa de acuerdo con el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Por tanto, en la esfera de la circulación no existe aumento de valor.
Tampoco encontramos respuesta a la pregunta suponiendo que en los actos individuales de intercambio las mercancías se compren y vendan a precios desviados de su valor. Si el precio de una mercancía es superior a su valor, el vendedor gana y el comprador pierde; al contrario, si el precio es inferior a su valor, el vendedor pierde y el comprador gana. En el curso de la vida económica, el capitalista actúa alternativamente como vendedor y comprador. Así, con precios de mercancías que se desvíen de sus valores, el capitalista perderá como comprador y ganará como vendedor. Pero esto solo explicaría enriquecimiento de capitalistas individuales que ocurre vía redistribución de valores ya creados. La pregunta sobre cómo se crearon permanece sin respuesta.
Sin embargo, toda la clase de capitalistas no puede enriquecerse a sus propias expensas, porque la circulación no crea valor. En consecuencia, la desviación de precios de las mercancías de sus valores no explica el origen ni el aumento del valor, y tampoco la conversión del dinero en capital. El análisis de la circulación demuestra que la plusvalía no puede originarse en la circulación, ya que ésta equivale a la suma total de todas las relaciones de intercambio entre productores de mercancías.
En síntesis: el incremento del capital no se produce en la esfera de la circulación o compra-venta. Tampoco la utilidad, la capacidad para ser objeto de oferta y demanda, o la escasez son generadoras de valor. Solo el trabajo es fuente o substancia del valor. Cuanto más trabajo requiere la producción de una mercancía, mayor será su valor. El oro es más caro que el carbón porque encontrarlo, separarlo de otros metales y llegar al producto final exige mucho más trabajo que la extracción de igual cantidad de hulla.
Ley de plusvalía: ley económica básica del sistema productivo capitalista
Bajo el dominio de la propiedad capitalista sobre los medios de producción, el trabajo de los productores reales (trabajadores) es utilizado para crear y aumentar plusvalor, cuyo propósito central es enriquecer a los capitalistas. Este es el contenido económico intrínseco de la producción como proceso generador de plusvalía.
La ley económica básica del capitalismo consiste en producir máxima plusvalía mediante aumento del número de trabajadores asalariados y su creciente explotación por los capitalistas. El motivo rector, fin y objetivo de la producción capitalista es extraer la mayor cantidad posible de plusvalía y, consecuentemente, explotar la fuerza de trabajo en la mayor medida posible.
La ley de plusvalía ayuda a explicar procesos y fenómenos de la sociedad burguesa, expresando su esencia y desarrollo. La producción capitalista no tiene como fin satisfacer necesidades de los trabajadores, sino incrementar el capital. La ley de plusvalía rige el desenvolvimiento capitalista en el que el movimiento productivo tiene carácter antagónico, y expresa ese rasgo contradictorio mostrando como su accionar tiende a profundizarlo, determinando la evolución y también el futuro colapso del sistema.
La única fuente de ganancias y de acumulación de capital es la plusvalía (valor producido por trabajo humano en exceso de sus costos de mantenimiento y reproducción). El impulso del capital para maximizar ganancias y su propia acumulación lo estimula a obtener coactivamente la mayor cantidad de plusvalía mediante fuerza de trabajo asalariada en forma de: reducción salarial, mayor cantidad de horas trabajadas y más intensidad de trabajo, o por vía de aumentos en productividad no reflejados en incrementos equivalentes de los salarios reales (Ej.: abaratamiento de bienes para reproducción de la fuerza de trabajo).
Otras leyes fundamentales del capitalismo indispensables para entender su presente y predecir el futuro
Si bien la ley de plusvalía es la ley económica fundamental del capitalismo, existen otras de enorme relevancia sin cuyo conocimiento no es posible comprender el funcionamiento del sistema de conjunto, su lógica interna y, menos aún, pronosticar acertadamente su desarrollo futuro. Por ejemplo, la ley del valor es la ley económica básica de la producción mercantil por la cual las mercancías se intercambian en base a la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en producirlas, como ya se dijo.
Además de estas dos leyes fundamentales se requiere necesariamente comprender al menos básicamente las de: acumulación de capital; equiparación de la tasa de ganancia; concentración y centralización del capital; tendencia creciente en la composición orgánica del capital (o declinación absoluta del trabajo vivo en la producción); determinación salarial mediante la lucha de clases; tendencia decreciente en la tasa de ganancia; carácter cíclico de la producción capitalista e inevitabilidad de las crisis de sobreproducción; progresiva proletarización de la población trabajadora; socialización objetiva de la producción; e inevitable colapso del sistema (Zusammenbruchs-theorie).
(*) Alejandro Frigerio nació en Buenos Aires. Se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires, obtuvo un Masters en economía en Georgetown University, y un PhD en filosofía en American University. Vivió durante cuatro décadas en Estados Unidos, donde trabajó como docente universitario y consultor político-económico. Militante desde la adolescencia, continuó su actividad política en el país del Norte, siendo dirigente de numerosas organizaciones de base y defensa de los derechos civiles. Fue el primer latinoamericano elegido como integrante del gabinete de la Jefatura de Gobierno de Washington D.C., a cargo de la cartera de Desarrollo Económico. A su vez, realizó una prolífica actividad como columnista de opinión en los principales periódicos de habla hispana de ese país, colaborando en prestigiosas publicaciones internacionales como Le Monde Diplomatique. Frigerio es autor de cuatro libros y numerosos artículos sobre temas económico-sociales.
*La automatización absoluta es la fase del desarrollo tecnológico donde el sistema de máquinas substituye por completo el trabajo vivo humano en el proceso directo de producción.
**Fuente: https://www.infobae.com/tecno/2026/07/27/el-dinero-no-importara-en-2036-la-radical-prediccion-de-elon-musk-para-todos/
***Musk tiene un vínculo ideológico familiar con el nazismo y el apartheid. Su abuelo materno, Joshua Haldeman (padre de Maye Musk) lideró un movimiento político durante la Segunda Guerra Mundial llamado Technocracy Incorporated (Tecnocracia Incorporada), que fue prohibido por el gobierno de Canadá debido a su apoyo a Hitler y al antisemitismo. Tras ser arrestado por estas actividades, Haldeman decidió mudar a toda su familia a Sudáfrica en 1948, impulsado por su ideología nazi y afinidad con el sistema del apartheid, del que también hablaba elogiosamente el padre de Elon, Errol Musk.
****https://www.infobae.com/tecno/2026/07/27/el-dinero-no-importara-en-2036-la-radical-prediccion-de-elon-musk-para-todos/

