El Salvador: modelo de educación digital bajo las reglas de la Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica – Por Luciana Jouli
El Salvador: modelo de educación digital bajo las reglas de la Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica
Por Luciana Jouli *
La escuela ya no es solamente un lugar donde se aprende a leer, escribir y resolver problemas. También es un espacio donde se producen datos, se utilizan plataformas y se incorporan sistemas de inteligencia artificial. En este contexto, El Salvador, se consolida bajo un modelo de educación digital en la región qué responde a una fracción de la Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica. Esta transformación avanza de la mano de Google, xAI, SpaceX y Platzi. El caso de El Salvador permite observar cómo se desarrolla una disputa que atraviesa a toda América Latina: quién controla las tecnologías con las que educamos, quién administra los datos que producen estudiantes y docentes y quién define las reglas del conocimiento que circula.
La digitalización constituye una de las determinaciones centrales de la nueva fase del capitalismo. Por eso la educación también está cambiando. Los procesos de alfabetización en la actualidad implican leer y escribir y saber utilizar dispositivos y plataformas. Y además, comprender cómo funcionan, qué información ofrecen, identificar que intereses hay detrás y poder participar con autonomía en los entornos digitales. La pregunta central sobre qué necesitamos para educar en la nueva fase ya no se centra en el acceso a una computadora o a internet, sino en indagar cómo y quién controla la infraestructura sobre la que ese acceso se sostiene.
El Salvador ofrece un caso concreto en la región. Durante la pandemia, el Ministerio de Educación incorporó Google Classroom y Workspace. En 2020 se habían creado alrededor de un millón cuatrocientas mil cuentas y se había capacitado a más de treinta mil docentes. Luego, Google informó que Workspace se convirtió en la plataforma principal de colaboración para más de un millón y medio de estudiantes y docentes.
La política de equipamiento acompañó este proceso. En 2023, el Gobierno salvadoreño informó la entrega de un millón doscientas mil computadoras y tabletas a estudiantes del sistema público. Entre 2021 y 2026, el Ministerio de Educación distribuyó cerca de un millón seiscientos cuarenta mil dispositivos.
El punto de inflexión llegó en septiembre de 2023. La Asamblea Legislativa de El Salvador aprobó la Ley General para la Modernización Digital del Estado. La norma incorporó a Google como “Socio Estratégico”. En educación, el acuerdo contempla una Plataforma Unificada de Datos Educativos y establece Google for Education como plataforma principal del sistema. Esto modificó la naturaleza de la relación entre Estado y tecnología. No se trata solamente de comprar un programa. El Estado integró parte de su infraestructura educativa con el ecosistema de una corporación tecnológica estadounidense.
En diciembre de 2025 apareció la vinculación de Bukele con la infraestructura digital estadounidense se fortaleció. El Gobierno de El Salvador y xAI, la empresa de Elon Musk, anunciaron el despliegue de Grok en más de cinco mil escuelas públicas y para más de un millón de estudiantes. El sistema busca funcionar como tutor personalizado y adaptar el aprendizaje al ritmo, las preferencias y el nivel de cada estudiante. El proyecto también plantea producir nuevas metodologías, datasets y frameworks para futuros usos educativos de inteligencia artificial. La escuela aparece así como espacio de enseñanza, pero también como espacio de producción de datos, experimentación tecnológica y acumulación económica para las plataformas.
La infraestructura de conectividad suma otra dimensión. Starlink, empresa de SpaceX, forma parte del ecosistema empresarial de Musk y participa de la expansión de la conectividad educativa. En mayo de 2026 se informaba una cobertura cercana al 95% de internet de alta velocidad en los centros educativos públicos de El Salvador.
El gobierno de Bukele también cambió la formación fuera de la escuela. Desde diciembre de 2025, el Gobierno salvadoreño ofrece acceso gratuito durante doce meses a más de mil seiscientos cursos de la plataforma Platzi, que ofrece capacitación en tecnología, programación, inteligencia artificial, negocios e inglés. Una empresa cuyos responsables son John Freddy Vega y Christian Van Der Henst pero que creció con el apoyo de silicon valley y se convirtió en la primera plataforma de educación digital en Latinoamérica en lanzar un satélite al espacio bajo la responsabilidad de la empresa fue SpaceX, que pertenece a Elon Musk, con su misión Transporter-8 donde se incluyó el satélite de la edtech.
Estos procesos deben leerse dentro de una disputa tecnológica más amplia. De un lado aparecen las grandes corporaciones agrupadas bajo la sigla GAFAM: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft. Del otro, el entramado conocido como BATHX: Baidu, Alibaba, Tencent, Huawei y Xiaomi.
La disputa geopolítica se expresa en el ámbito educativo. Las plataformas organizan interfaces, almacenan información, procesan datos y pueden intervenir sobre aquello que aparece primero en una búsqueda o en una recomendación. La inteligencia artificial agrega una nueva capacidad: producir respuestas y orientar recorridos de aprendizaje. El Salvador, a partir de alianzas con actores económicos como Google, xAI, SpaceX y Platzi está instalando su programa digital en el país y en la región.
El desafío en la región y el mundo es político. Si una escuela depende de una plataforma externa para enseñar, almacenar información y organizar sus actividades, la cuestión tecnológica pasa a formar parte de la soberanía educativa. El caso salvadoreño muestra hacia dónde puede avanzar esta transformación y plantea una pregunta para América Latina: ¿queremos formar usuarios de tecnologías desarrolladas por la nueva aristocracia financiera y tecnológica o construir capacidades propias para producirlas, regularlas y decidir cómo utilizarlas?
En la región, no alcanza con conectar escuelas. Hay que garantizar derechos, formación crítica, protección de datos y capacidad pública para decidir sobre las tecnologías que habitan las aulas. La educación no puede quedar fuera de la disputa tecnológica global pero tampoco puede limitarse a consumir sus resultados.
*Jouli es Licenciada en Educación Especial. Integrante del Centro de Estudios y Formación en Política Educativa (CEFOPED), asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
