El estallido #NiUnaMenos (Argentina) – Por Colectivo @NiUnaMenos

Cómo cambiar al mundo desde Twitter: una conversación que empezó en la pantalla y llega a la Plaza de los dos Congresos el miércoles 3 de junio.

Puede algo tan efímero y banal como una seguidilla de tuits dar un batacazo con un tema y llevarlo a la agenda pública? Hace diez días habríamos jurado que no. Era un lunes y, como corresponde, tuiteábamos sobre nimiedades. Algunas estábamos trabajando, otras almorzando, otras haciendo tiempo entre citas. Entonces trascendió la noticia de un nuevo femicidio, el de Chiara Páez. Una se sintió tan dolida, que preguntó: “¿Cómo es posible que sigan asesinando a mujeres, sólo por ser mujeres, sin que nadie se conmueva?”; otra respondió que algo debería poder hacerse; otra sugirió un camino empezado pero transitado por poquísimas personas. Otras dijeron que querían caminar por ahí. De repente, ya éramos diez.

Y acá estamos. Lo que empezó como un intercambio entre amigas y conocidas –en términos de Twitter y de la vida real, que ahora, ya no lo dudamos, se parece bastante– creció tanto que es incontrolable. Miles de personas que no conocemos, universidades, instituciones nacionales e internacionales, políticos, candidatos, funcionarios, oportunistas, niñas, niños, sus madres, sobrevivientes y familiares de víctimas: todas esas fotos vimos pasar por la pantalla en estos días con sorpresa y hasta incredulidad. La consigna #NiUnaMenos se replica en carteles manuscritos, o impresos en la casa de alguien, en una oficina, en una pizarra, en un graffiti, en remeras, en cuadernos escolares. También la hacen suya famosas y famosos de todos los rubros, todos los estilos, todas las veredas posibles. Oficialismos y antioficialismos son fronteras que desaparecen en las listas de adhesiones. Por algo, desde aquel lunes, al menos una vez por día alguna escucha el chiste de que este tema parece ser lo único que zanjó “la grieta”. Nos reímos, pero eso no significa que no lo creamos.

A veces es cuestión de suerte. Hay temas urgentes, importantes, oportunos, sí, por supuesto. Pero eso, en general, no alcanza. No lo decimos nosotras, sino la evidencia. En la Argentina, las mujeres son asesinadas desde hace décadas. De femicidio, de maltrato machista, de violencia hacia las mujeres, se informa desde hace años. También desde hace años hay quienes reclaman orgánicamente políticas públicas para atender eso y sensibilidad social para evitarlo. Desde hace años ocurren casos estremecedores. Desde hace años se los cuenta mal y como se puede, porque no hay números oficiales; todavía hay quienes aseguran –en los medios, en la calle– que esos crímenes tienen que ver con el amor y no con el poder y el machismo. Las noticias sobre adolescentes, jóvenes, mujeres asesinadas solamente por ser mujeres no son de hoy ni de ayer. Y sin embargo el tema quedaba en los márgenes, recluido entre casos policiales y temas “de mujeres”. Por eso resulta increíble lo que logra el azar cuando se combina con una red social. Un reclamo viejo, viejísimo y justo, de un segundo al otro encontró una modulación distinta gracias a las redes sociales. Algo pasó. Algo está pasando.

Importa qué se dice, pero también cómo. Algo en el tono, algo en las palabras, algo en los perfiles de las personas que se iban involucrando rebotó de modos inesperados. Quizá tenga que ver con las diferencias: tan distintas en casi todo, tan parecidas en la necesidad de sensibilizarnos ante esta violencia, entre todas terminamos armando –sin querer– algo tan plural que interpeló a personas tan diversas como nosotras. No dijimos nada nuevo: retomamos la tradición y los contenidos que el movimiento de mujeres trabaja cotidianamente desde hace décadas. No inventamos nada. Sólo intentamos acercarlo a personas que nunca habían podido escucharlo. Y eso, en todo el país. Es el alcance de las redes. En más de 60 lugares de todo el país se están convocando manifestaciones el mismo día y a la misma hora que la de la Plaza de los Dos Congresos.

No se trata de tuitear una frase, una foto y nada más. Los miles que hoy se apropian de la consigna #Ni­UnaMenos saben que con declarar buenas intenciones no alcanza. Hace falta compromiso real, de todos, de todas, también de los funcionarios y los políticos. Importa que la sociedad, mujeres y varones de todas las edades, se involucren; que la violencia machista no impregne las vidas de todos cada día. También importa que esa sociedad se comprometa a reclamar a quienes deben facilitar recursos, programas, capacitaciones a distintas instancias del Estado en sus jurisdicciones. Importa que funcionarios y políticos se hagan cargo de ese reclamo y actúen. Hay mujeres cuyas vidas dependen de eso.

Anoche, una de nosotras recibió la foto de una nena de cinco años: sostenía una cartulina hecha en la media lengua de alguien que recién aprende a escribir y miraba a cámara con serenidad; el cartel decía “Ni una menos” y tenía un dibujito. La madre contaba en un mensaje: “Ella hizo la cartulina; ayer les explicó a sus amigas del jardín qué quiere decir; vamos a ir juntas a la plaza del pueblo”.

El miércoles 3 de junio tenemos una oportunidad histórica. No queremos dejarla pasar.

*@NiUnaMenos_ son Soledad Vallejos, @SoleVallejos; Ingrid Beck, @soyingridbeck; Hinde Pomeraniec, @hindelita; Ana Correa, @anaecorrea; Florencia Etcheves, @fetcheves; Micaela Libson, @micaelalibson; Marina Abiuso, @mabiuso; Valeria Sampedro, @sampedrovale; Marcela Ojeda, @marcelitaojeda, y Mercedes Funes, @mercedesfunes.

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