El Gobierno se plantea remplazar la economía petrolera gradualmente en medio de un escenario posconflicto, en el que país no solo entraría en una transición política, sino también económica.

El precio del petróleo le sigue pasando factura al país y esta vez la cuenta no va por el lado de los ingresos o la producción. Va por el lado de la inversión extranjera directa (IED). En 2015, según le adelantó a El Espectador el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, esta fue de US$12.100 millones y tuvo una caída de aproximadamente US$4.200 millones respecto a lo que llegó en 2014, cuando registró US$16.300 millones.

Aunque para 2016 el panorama no está tan despejado, el Ejecutivo es optimista y espera que la IED alcance los US$13.300 millones, explicados por la venta de la generadora de energía Isagén, dijo Cárdenas. “Los restantes US$9.800 millones entrarán en su mayoría a la industria manufacturera, comercio, restaurantes y hoteles, y servicios financieros y empresariales, continuando con la tendencia observada en 2015, cuando los sectores diferentes al petróleo representaron cerca del 70% de la IED”.

Por eso, si en algo está pensando el Gobierno Nacional hoy, es en reemplazar gradualmente la economía petrolera que durante una década le dio una renta de más de $20 billones anuales y que hoy es casi nula. En un discurso dado en un evento de paz territorial esta semana, el ministro de Hacienda lo reconoció así: “La paz cada día es más importante para la economía colombiana, porque nos va a ayudar a construir la nueva economía. (…) Pasado el boom de los productos básicos, del petróleo, de los minerales, esa nueva economía va a estar cimentada sobre la agricultura, el turismo, la industria, y sectores que dependen críticamente de que logremos la paz”.

Y es que en 2014 —de enero a septiembre— llegaron recursos al sector petrolero por US$3.828 millones, mientras que el año pasado sólo alcanzó los US$2.766 millones. Esto quiere decir que la IED cayó aproximadamente US$1.062 millones en los primeros nueve meses del año pasado.

La inversión en el sector de minas y canteras también perdió terreno. Pasó de US$5.398 millones entre enero y septiembre de 2014 a US$3.393 millones en el mismo período del año anterior.

Presentadas las cifras y las proyecciones del Gobierno, el reto para 2016 es, a pesar de la situación económica que atraviesa el país, mantener la confianza inversionista que logró con el boom petrolero y minero, desde cuando el presidente Juan Manuel Santos, en su primer período, anunció que el país se financiaría con la famosa “locomotora minera”.

Según Camilo Pérez, director de investigaciones económicas del Banco de Bogotá, uno de los temores de los inversionistas extranjeros este año será el crecimiento de la economía, que no pasará de 3%. “Si usted va a poner una cadena de almacenes o invertir en una empresa, la demanda local probablemente va a estar un poco moderada en los próximos años”, afirmó.

Otra incertidumbre será la devaluación del peso, pues las utilidades para un extranjero que invierte en dólares en el país se verían afectadas.

Y un tercer punto de análisis es el político: se espera “que los ingresos que recauda el Gobierno sean suficientes para los gastos requeridos, entre los que se incluye el tema de la paz”, dijo Pérez.

José Francisco Mafla, socio de la firma de abogados Brigard & Urrutia, resume el panorama de 2016 en una frase: “Los inversionistas lo pensarán dos veces antes de invertir, sobre todo en proyectos de largo plazo de los que sea difícil retirarse”.

Aunque el panorama para el Gobierno no es de crisis ni de alarma, la nueva economía de la que habla el ministro Cárdenas se sigue abriendo camino.

Camilo Reyes, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo Americana, cree que, tras firmarse la paz, el país no sólo entrará en una transición política, sino también económica.

“Durante mucho tiempo el sector más significativo, en cuanto al Producto Interno Bruto, ha sido el extractivo: el petróleo, el carbón y la minería. Ahora eso está cambiando. Sin olvidar este sector, el país tiene que permitir que otros se vayan reposicionando en la composición de la economía colombiana”, señaló.

Es decir, llegar al campo para llevar equidad territorial y cerrar la brecha entre el centro y la periferia, como lo afirmó Cárdenas.

Por eso, ante la pregunta de un asistente del foro de paz en el que se encontraba el ministro, quedó claro que la expectativa económica del país está en el posconflicto: “¿Cuántos recursos va a haber para la paz, ministro?”.

“Esta es una pregunta difícil de contestar, especialmente ahora con el precio del petróleo a US$35. Hubiéramos dado otra cuando el barril estaba a US$100. Pero, más que hablar del monto total, que lo decidiremos una vez se terminen las negociaciones, es que la asignación de recursos les dé prioridad a las regiones más atrasadas”.

Con ese discurso, parece que el Gobierno pretende enviar un mensaje positivo al mercado extranjero, con el fin de atraer inversionistas para el posconflicto.

El Espectador