El Supremo Tribunal Federal (STF) decidió aplazar ayer la decisión sobre la validez de la designación del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva como ministro jefe de la Casa Civil, que fue suspendida el mes pasado por una cautelar dictada por el juez Gilmar Mendes.

Los magistrados del STF decidieron postergar el análisis para juzgar en conjunto otras dos acciones que llegaron al STF, que también cuestionaron la decisión de Mendes. Las nuevas acciones tienen como miembro informante al juez Teori Zavascki, quien pidió más tiempo para analizarlas.

Mendes suspendió la designación de Lula por apelaciones de dos partidos opositores por entender que la decisión de su nombramiento tenía como objetivo retirar de la competencia del juez federal Sergio Moro los procesos para juzgarlo.

La demora del STF fue interpretada en el Palacio de Planalto como el adelanto de un posible revés para el oficialismo; analistas como Helena Chagas señalaron que la corte suprema quizá evadió el tema temiendo que cualquier decisión impacte políticamente en el proceso de impeachment presidencial que corre en el Parlamento. “Es malo para Planalto porque los deja de manos atadas, no permitiendo siquiera que, inviabilizado para la Jefatura de Gabinete, Lula sea nombrado como asesor directo de Dilma. Tendrá que seguir trabajando medio clandestino en un cuarto de hotel”, dice la analista.

“De la misma forma, el STF no tuvo el coraje de decidir que Lula, a pesar de todo, puede ser ministro, ya que es prerrogativa constitucional de la presidente elegir a sus ministros. En ese caso (Lula) asumiría el cargo y comenzaría a trabajar a todo vapor junto a los senadores que juzgarán el impeachment”, estima Chagas.

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