Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Con buen criterio y con el objetivo de no agravar la delicada situación que a nivel regional se está atravesando con relación a Venezuela, nuestro gobierno mantiene la norma establecida de traspasar la presidencia pro-témpore del Mercosur. La realización de la reunión del Consejo de Mercado Común para hacer balance del período que Uruguay estuvo ejerciendo la conducción del bloque y el traspaso a Venezuela es la respuesta adecuada para la credibilidad e institucionalización del proceso de integración regional. Una salida en la dirección contraria generará una fractura en el bloque, y no se aporta en nada para la solución de la compleja situación venezolana.

Esta posición es coherente con la línea sostenida por Uruguay en cuanto a defender el díalogo político como herramienta para favorecer el entendimiento entre el gobierno legalmente constituido de Venezuela y los sectores de la oposición.

Los sectores políticos que plantean que no se le debe traspasar la presidencia a Venezuela, están vulnerando al Mercosur y la institucionalidad del bloque. No es novedad, puesto que siempre fueron proclives a frenar el desarrollo del Mercosur como proceso de integración política, cultural y social además de comercial. Son concientes además, que congelar al Mercosur es el primer paso para desactivar a la UNASUR, con lo cual toda la construcción regional de la integración sudamericana estaría en jaque.

Es claro que para activar un mecanismo como el Protocolo de Usuhaia (como pretende Paraguay) debe haber una ruptura del orden democrático en Venezuela, algo que no ha sucedido. Si se pasara a aplicar una mirada “flexible” de este instrumento, entraríamos a discutir en terrenos en los cuales talvez algunos países que hoy cuestionan a Venezuela, tampoco pasarían la prueba.

En el caso que se discute actualmente, el traspaso de la Presidencia Pro-Témpore se realiza siguiendo un determinado orden de secuencia alfabética, que en ningún caso puede servir para adivinar la situación política en cada país cuando le toque ejercer esa responsabilidad máxima en el MERCOSUR.

Si la razón que se esgrime para no realizar el traspaso de la presidencia pro-témpore a Venezuela es una supuesta preocupación por la institucionalidad democrática, el camino a seguir no es dilatar el período de presidencia uruguaya, sino discutir directamente la permanencia de Venezuela en el mismo. Las posiciones de los gobiernos uruguayo y argentino han sido claras en el sentido que no existen hoy razones para excluir a Venezuela del Mercosur, por lo cual no hay motivos para no traspasarle la presidencia del bloque en función del criterio de rotación aceptado por todos.

¿Porqué motivos el gobierno interino de Brasil y Paraguay no plantean abiertamente la suspensión de Venezuela del MERCOSUR?

Porque lo que se están poniendo sobre la mesa no son argumentos jurídicos sino políticos. Son razones de orden político en primer lugar en el caso de Brasil, que en un marco institucional interno totalmente atípico, busca legitimarse regionalmente como gobierno provisional. Una legitimidad de la cual hasta ahora carece.

También son razones políticas las que expresa la posición del gobierno paraguayo, puesto que hasta la fecha, todos los representantes de dicho país en el Mercosur se encuentran participando en los diferentes espacios orgánicos del bloque, sin cuestionar la participación del gobierno de Venezuela.

Si existe cuestionamiento a las credenciales institucionales del gobierno venezolano, Paraguay debería plantear directamente que se active alguno de los protocolos del MERCOSUR sobre la observancia de la institucionalidad democrática o de la preservación y respeto de los Derechos Humanos. En cambio, este escenario no es lo que plantea la Cancillería paraguaya, sino una serie de argumentos más difusos sobre la internalización de normas del Mercosur por parte de Venezuela.

En el caso de la posición de la Cancillería de Brasil, a cargo del interino José Serra, lo que se termina plasmando es tomar de rehén al Mercosur y particularmente a Uruguay, para no iniciar una discusión regional acerca de las credenciales democráticas del gobierno interino de Temer. Por eso se ha manifestado por no realizar ahora la reunión del Consejo de Mercado Común.

Para activar un protocolo de compromiso con el respeto a los derechos humanos en el Mercosur, cualquier país primero debería asegurarse que en su caso propio se respetan los derechos humanos. ¿Paraguay puede asegurar que se respetan los derechos humanos en su situación interna? Es algo que se discute intensamente dentro mismo de Paraguay.

El MERCOSUR como bloque debe apoyar a todos sus miembros a superar las dificultades que se presentan a nivel económico, político y social, y esto implica mantener la institucionalidad que el bloque se ha dado para su funcionamiento. En definitiva, para eso se apuesta a la creación de bloques supranacionales a nivel global, ya sea desde una óptica de integración o desde una mirada más estrictamente comercial.

No es conveniente agregar mayores puntos de fricción al interior del bloque, tomando en cuenta que todos los países en Sudamerica -salvo contadas excepciones- están apostando a que el díalogo entre las partes genere las condiciones para normalizar la vida política venezolana.

La región en su conjunto debe apoyar al diálogo que se está impulsando desde UNASUR. Es importante para la estabilidad del conjunto de América Latina, puesto que no habrá sustentabilidad del proceso de paz en Colombia si en Venezuela no se estabiliza la situación política.

Esta discusión no debe hacernos perder de vista que el balance de la presidencia pro-témpore del MERCOSUR a cargo de Uruguay es positivo y que se debería analizar la situación del bloque para proyectar su etapa futura.

(*) Diputado uruguayo. Vicepresidente del Parlasur.

Parlasur