César Gaviria (Pereira, 1947) se ha vuelto omnipresente en las últimas semanas. El expresidente de Colombia (1990-1994) coordina la campaña por el sí en el plebiscito que se celebrará después del acuerdo final entre el Gobierno y las FARC para refrendar lo negociado. Una consulta aún sin fecha pero que capitaliza la actualidad colombiana.

Su tarea no es fácil de aplicar. Tampoco de explicar: “Será una elección en la que el mundo no político va a tener una participación tan gran como el político. Muchos sectores, empezando por las Iglesias, ongs, grupos de ciudadanos, planean participar en el proceso. Están también los partidos de la coalición del Gobierno, pero también los de la izquierda. Mi función es tratar de mantener un mensaje unificado, que los recursos se usen de la mejor manera, ser equilibrados y tratar de contestar los argumentos del no de forma organizada”, asegura Gaviria, quien admite que su papel también consiste en salir al paso de las críticas del exmandatario Álvaro Uribe, que encabeza la campaña por el no y evitar del desgaste del presidente, Juan Manuel Santos y el equipo negociador: “Estamos en una etapa de responder a versiones que son medias verdades, que son falsas. No es lógico que el presidente sea el epicentro de la lucha. Entre otras cosas, porque el plebiscito no es del Gobierno ni del presidente, sino del país”.

Pregunta. Las primeras encuestas apuntan a igualdad entre los partidarios del sí y del no. ¿Qué le parece?

Respuesta. No es exactamente así. Ha habido seis encuestas, de las cuales tres, que ofrecen buena credibilidad, dan una victoria al sí. Lo que sí tenemos detectado es que el país rural, las pequeñas y medianas poblaciones son más favorables al sí que en las ciudades grandes, porque han sufrido mucho más la violencia. El mensaje del fin de la guerra en el campo es más fuerte que en las ciudades. Hay que tratar de mostrar en las ciudades cómo sería Colombia sin tanta violencia.

P. Votaciones como esta apelan a las emociones. ¿Cómo van a mejorar en ese aspecto?

R. Hay que generar un sentimiento de perdón, hacer un alto en el camino y no vivir en medio de una ciudadanía que solo piense en las venganzas y que los crímenes de la guerrilla solo se pueden solucionar con la muerte de los guerrilleros o a través de una solución militar. Hay que romper con esa idea, porque el esfuerzo de todos estos años ha sido descomunal.

P. El presidente Santos va a ser el primero en llegar a un acuerdo con las FARC. Su impopularidad, sin embargo, es muy alta. ¿Cuánto va a pesar en la campaña?

R. Hasta ahora las fuerzas políticas han tenido la madurez suficiente para separar una cosa de la otra. Son dos cosas demasiado diferentes. Los partidarios del no tratan de jugar a esa estrategia pero no creo que lo vayan a lograr.

P. ¿Qué le parece la propuesta del expresidente Uribe de renegociar algunos puntos de los acuerdos?

R. Eso carece completamente de realidad. Si se vota el no, las dos partes se van a parar de la mesa. El proyecto constitucional que está en tramite y que sería el que permitiría ejecutar la paz no se podría llevar a cabo si la gente vota que no. Es una forma de no pintar la realidad. Crearle a la gente la expectativa de que si se vota por el no no va a haber más guerra es equivocado. No queremos decir que el que vote por el no quiera la guerra, pero lo que tiene que saber el que vota por el no es que si gana, va a seguir la guerra.

P. ¿Ese discurso de generar miedo no puede suponer rechazo para la gente?

R. Siempre ha habido ese temor. Hay algo favorable y es que las FARC no están amenazando con la guerra. Pero que no amenacen no quiere decir que si no hay paz y no hay acuerdos ellos no vayan a volver a la guerra. El planteamiento no es que haya un pedazo de país que quiera la guerra y otro que no. Pero si gana el no, la guerra va a seguir, así la gente no la quiera.

P. Uribe y el también expresidente Andrés Pastrana critican que va a haber impunidad. ¿Qué le parece esa posición?

R. En el proceso de Justicia y Paz con los paramilitares uno encuentra que hubo mucha impunidad. Pensar en procesos de paz que no tengan algo de impunidad es imposible, porque para eso no se harían acuerdos. Y con los paramilitares hubo cero reparación siendo gente muy adinerada.

P. ¿Cuánto cree que hay en el discurso de Uribe de rechazo al proceso de paz y cuánto a la figura de Santos?

R. Hay mucha antipatía con el presidente Santos en todo este proceso. No tienen ninguna conexión emocional ni de amistad, no les ha quedado nada. Por eso ha sido imposible que se sienten a la mesa.

P. ¿Qué argumentos de Uribe serían asumibles?

R. Hay una cosa que hay que reconocerle y es que para la gente es difícil de entender que la cúpula guerrillera, que puede haber incurrido en delitos de lesa humanidad, pueda participar en política y simultáneamente recibir una sanción. Fue necesario hacerlo para cumplir con los preceptos del Tratado de Roma. Lo que va a haber es una justicia restaurativa, no punitiva, que representa un reconocimiento al derecho de las víctimas.

P. La abstención en Colombia es siempre muy alta. ¿Cómo se va a invertir esta tendencia?

R. Ocurre en todos los sistemas presidenciales. La gente que no vota considera que eso es un derecho, no el incumplimiento de una obligación. En Colombia ha sido muy difícil imponer el voto obligatorio. A lo largo de décadas la sociedad siente que no recibe grandes transformaciones y además no está ideologizada.

P. ¿Qué margen debería tener una victoria del sí para que los acuerdos se consideren respaldados? ¿Valdría con un voto más que el no?

R. Es muy importante que el sí tenga una victoria holgada, que sea una victoria clara. Mostrar una sociedad fraccionada y dividida no ayudaría a aclimatar la paz.

P. ¿Qué trae de bueno la incorporación de las FARC a la vida política?

R. El país ha pagado un costo muy alto en vida. Además, las zonas más atrasadas, donde no hay Estado, las carentes de servicios públicos, son las áreas del conflicto. Otra cosa que no es normal es que un país tenga gastarse el 6% de su PIB en seguridad. No es que estemos pensando en reducir la fuerza pública, pero igual sí traerla de las zonas alejadas a las ciudades, para reforzar la seguridad, por ejemplo en Bogotá.

P. ¿Y en el ámbito político?

R. No hay duda de que la guerrilla ha perjudicado a la izquierda de Colombia. porque la gente tienden a vincular izquierda con guerrilla y violencia y eso ha impedido que Colombia nunca tenga una izquierda fuerte, salvo en Bogotá. Es muy probable que si hay paz con las FARC la izquierda tienda a tener más fortaleza política, no a que vaya a tener un triunfo político inmediato. La izquierda en este país tiene un desafío muy grande.

P. ¿Qué opina cuando escucha que está entregando el país al castrochavismo?

R. Es una idea descabellada, ajena a cualquier realidad. El presidente Santos es una persona de la clase alta, de centro y uno podría pensar que más de centro derecha que de centro izquierda. Lo malo es que muchas personas inteligentes lo dicen, como si hubiesen perdido la inteligencia. Pastrana está diciendo que Maduro y Santos son iguales. Pero, por favor…

El País