Cronología del golpe de Estado

Contrarrevolución de 1954

La Contrarrevolución de 1954 -también llamada Contrarrevolución del 54- fue un movimiento político y militar, orquestado por Estados Unidos, la United Fruit Company y algunos terratenientes guatemaltecos, que provocó la renuncia el 27 de junio de 1954 del presidente de Guatemala en aquel momento, Jacobo Árbenz, a quien acusaban de comunista. La verdadera razón por la cual buscaron la salida de Árbenz era para preservar sus intereses económicos en el país (Móbil, 2010).

Bandos de la Contrarrevolución de 1954

La Contrarrevolución de 1954 derrocó del poder al presidente Jacobo Árbenz, elegido en elecciones generales el 15 de marzo de 1951 (Móbil, 2010).

En 1953, las posiciones en Guatemala estaban definidas en una alineación de fuerzas contrarias al gobierno de Árbenz. Estas estaban compuestas, en primer lugar, por el gobierno estadounidense del presidente Dwight Eisenhower y, en especial, su Secretario de Estado, John Foster Dulles, así como el hermano de este, Allen Dulles, director de la Agencia Central de Inteligencia -CIA- del país norteamericano (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

En segundo lugar, siempre en contra del gobierno guatemalteco de turno, se encontraba la United Fruit Company, propietaria principal de tierras en el país y entre cuyos accionistas se encontraban los hermanos Dulles (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

A la vez, le acompañaban la alta jerarquía de la Iglesia Católica, encabezada por el arzobispo Mariano Rosell Arellano, quien había suscrito y divulgado la Carta Pastoral Contra los Peligros del Comunismo en Guatemala y había impulsado el Congreso Eucarístico Nacional en 1950, como una demostración de fuerza. El Arzobispo Mariano Rosell Arellano había puesto en marcha una cruzada de peregrinación del Cristo de Esquipulas para rogarle que terminara con el comunismo en Guatemala (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

También se encontraban en contra de Árbenz la mayor parte de los terratenientes del país, algunos de ellos agrupados en la Asociación Guatemalteca de Agricultores -AGA-, quienes veían el proceso de reforma agraria como una amenaza contra sus intereses. Por último, ciertos regímenes extranjeros, tales como el gobierno de Nicaragua, de la República Dominicana y Honduras, fuertemente comprometidos con los intereses de la compañía bananera, no se encontraban a gusto con el mandatario guatemalteco (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

A favor de Árbenz se encontraban varios partidos políticos de distinta ideología -algunos de ellos con cierta reticencia y diferencia de opinión-. Entre los que apoyaban al gobierno guatemalteco decididamente se encontraba el Partido Guatemalteco del Trabajo -PGT- (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

También lo respaldaban los sindicatos, ligas campesinas y comités de reforma agraria que, juntos, conformaban los Comités de Defensa de la Revolución. A su vez se encontraba implícito el apoyo del Ejército de Guatemala (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Por último, en apariencia, Árbenz y Guatemala contaban con el apoyo político formal de algunos gobiernos de América Latina y de Europa Oriental. Estos, sin embargo y como se verá durante el transcurso de los acontecimientos, no eran reales y terminaron siendo factores en contra del propio gobierno de Árbenz (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Esta confrontación se daba en el marco de la Guerra Fría, que se hacía cada vez más áspera, en cuanto al nivel ideológico. Era, asimismo, el momento de la Guerra de Corea, y dentro de los Estados Unidos se daba el fenómeno del macartismo como persecución contra intelectuales y artistas acusados de comunistas (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Cronología de acontecimientos

La primera confrontación seria con Estados Unidos se dio en el marco de la X Conferencia Interamericana, realizada en Caracas durante marzo de 1954. En esta actividad diplomática, a pesar del valiente discurso del canciller de la República de Guatemala -Ministro de Relaciones Exteriores-, Guillermo Toriello, se adoptó una resolución en contra de Guatemala, condenándola, y de hecho aislándola internacionalmente. Ya en esos momentos Estados Unidos trabajaba en la organización de la Operación Éxito, que no era más que la planificación del derrocamiento del segundo y último gobierno de la Revolución de 1944 (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

La Operación Éxito tuvo la característica de ser predominantemente política y propagandística. Con sus auspicios se organiza al Ejército de la Liberación, bajo la jefatura del teniente coronel Carlos Castillo Armas, que finalmente llegaría a romper con la revolución y lo dejaría en el poder tras la renuncia de Árbenz (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Es así como su conjunción de guatemaltecos desafectos al régimen, un grupo de agentes de la CIA, y grupos de aventureros pagado por el gobierno del presidente hondureño, Anastasio Somoza conspiraron en tierras catracahas para preparar la invasión de Guatemala, precedida por insistentes ataques aéreos. Contrariamente a lo que pueda pensarse, este grupo no sobrepasó los mil hombres (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

El 7 de junio de 1954, el Ejército de Guatemala presentó al presidente Arbenz un pliego de veinte preguntas que evidenciaban, en primer lugar, la inquietud de la institución sobre las posiciones políticas y el liderazgo gubernamental de los integrantes del Partido Guatemalteco del Trabajo -PGT- y, sobre todo, el nivel de influencia ideológica comunista ejercida en el mandatario (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

El segundo tema del cuestionamiento era la posibilidad de dar armas a las milicias populares creadas para defender a la Revolución de 1944. Desde principios de año, cuando el régimen, sintiéndose amenazado, quiso comprar armas previniendo un ataque militar, se encontró con la negativa de varios gobiernos. Ello lo forzaría a adquirir algún armamento checoslovaco, lo cual provocó temores en el Ejército ante la posibilidad de que estos fueran distribuidos entre la población y quedaran fuera de su control (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Árbenz afirmó que la influencia del PGT no era crucial para su gobierno y negó que tuviese intención de formar milicias populares. El Presidente cometió, no obstante, el error de no apreciar el significado político que tenía el cuestionamiento del Ejército, que también había sido sometido a una intensa campaña ideológica sobre los peligros del comunismo. A pesar de las respuestas del Presidente, la duda y el temor quedaron sembrados entre los miembros de la institución armada (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Durante el mes de junio de 1954 se vivía en Guatemala un clima de confrontación irremediable. En el campo, las invasiones de tierra sucedían una tras otra, en tanto que, los mítines y las manifestaciones de apoyo al régimen iban siendo cada vez menos. Los sermones y advertencias de la Iglesia arreciaban. No tardaron en surgir las transmisiones de Radio Liberación, una emisora establecida por los opositores de Árbenz, que divulgaban los pormenores de una invasion inminente, por parte de un ejército con mucho armamento y un contingente de soldados superior al de las fuerzas armadas nacionales (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Algunos aviones volaron el cielo de la ciudad capital, ametrallando objetivos militares y dejando caer propaganda contra el régimen, así como amenazas de muerte sobre sus colaboradores. Se produjo una campaña de rumores de la más diversa índole, entre ellos una supuesta marcha de campesinos para saquear la ciudad (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

El gobierno denunció el complot internacional, incluso en las Naciones Unidas -ONU- y en la Organización de los Estados Americanos -OEA-, pero solo recibió como respuesta la retórica del discurso ambiguo. Se decretó, en este contexto, la suspensión de las garantías constitucionales, y se persiguió a los opositores del gobierno, logrando encarcelar a algunos de ellos. Se llevaron a cabo cortes de energía eléctrica en toda la República para prevenir los ataques aéreos, pero con el consiguiente efecto sicológico negativo en la población, que nunca antes había sufrido esta clase de acciones. A todo esto se sumaban tanto las noticias de la prensa mundial como las declaraciones del gobierno norteamericano sobre los efectos del comunismo en el continente (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Los efectos psicológicos de la operación estaban plenamente logrados cuando Radio Liberación anunció el inicio de la invasión en el norte y el oriente del país. Nunca antes la sociedad guatemalteca se había visto confrontada tan radicalmente en su seno entre dos posiciones opuestas: el supuesto comunismo y el anticomunismo, pugna que definía y llegaría a justificar cualquier actitud que se tomara, por violenta que esta fuera (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Una vez iniciada la invasión, el Gobierno dio la orden de rechazarla. El Ejército nacional estaba en la posibilidad material de hacerlo, pero, fuera de una escaramuza en Gualán, el enfrentamiento entre las tropas no se dio, ya que los oficiales negociaron para detener el ataque a Chiquimula (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Las presiones y las amenazas del embajador estadounidense John Peurifoy eran diarias y se dirigían contra el Gobierno y el ejército. Árbenz se encontró ante la evidencia de que no era obedecido y de que a su gobierno lo defenderían los sectores populares que le pedían armas, pero ya era demasiado tarde para proporcionárselas, además de que no contaba con suficiente armamento. De haberse efectuado la distribución de armamento, se hubiese desencadenado una verdadera guerra civil, pero las pocas armas que se tenían nunca fueron repartidas. Arbenz confiaba en el Ejército de Guatemala. La operación llegó a su desenlance cuando Árbenz decidió renunciar, la noche del 27 de junio de 1954 y transmitió esa decisión al pueblo por radio. El Presidente entregó el mando al coronel Carlos Enrique Díaz, Jefe de las Fuerzas Armadas, esperanzado en que la institución armada sabría negociar un digno final de las hostilidades, sin que los guatemaltecos sufrieran las consecuencias, rompiendo de esta manera el orden constitucional. El efecto fue verdadermente desmoralizante. La Revolución de 1944 había quedado interrumpida (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Rota la Constitución, no fue difícil echar por tierra el pacto de transición de mando acordado entre Arbenz y Díaz. Primero por el caos y la incertidumbre social que caracterizaban el plano político: era evidente la presencia nula de los partidos políticos y del Congreso de la República, órgano que se transformó en mero espectador, al perder la capacidad de actuación independiente (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Segundo, la ausencia de comunicación no solo entre los cuadros revolucionarios, sino entre la Junta de Gobierno y los numerosos campesinos que en Retalhuleu, Suchitepéquez y Escuintla pedían armas y una estrategia a seguir para iniciar la resistencia. No hubo, como queda claro, capacidad de acción ni de respuesta política a la embestida contrarrevolucionaria, encabezada por el embajador Peurifoy, impacable en cuanto a cumplir el interés supremo de su país: derrocar al comunismo a como diera lugar, aparentemente sus intereses eran más económicos que políticos (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Expulsado Díaz, tomó, fugaz e ilegítimamente, la presidencia el coronel José Angel Sánchez, quien tuvo que entregar el mando a los coroneles Élfego H. Monzón, Mauricio Dubois y José Luis Cruz Salazar. La Jefatura de esta nueva Junta quedaba en manos del coronel Monzón (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

En El Salvador, Carlos Castillo Armas esperaba poder entrar triunfalmente al país. El problema de la entrada triunfal del Ejército de la Liberación a la ciudad de Guatemala representaba el punto de quiebre entre la nueva Junta de Gobierno y el caudillo liberacionista. O más especificamente: entre Castillo Armas y el coronel Monzón, quien aún con ser ferviente anticomunista y militar experimentado en el campo político, guardaba cierta fidelidad a la institución armada. Esta situación permitió que Castillo Armas tomase ventaja sobre el coronel Monzón, quien por presiones de Peurifoy viajó a San Salvador a reunirse con el líder rebelde, Castillo Armas. Durante el encuentro, Castillo Armas no tuvo mayor problema para dejar en claro su deseo de entrar a Guatemala investido con amplios poderes personalizados. Castillo Armas recibió a Monzón con una especie de gabinete de gobierno, conformado por abogados, empresarios y militares, quienes firmaron un pacto que puede resumirse de la forma siguiente: se reconocía implícitamente el liderazgo de Castillo Armas al reestructurar la Junta de Gobierno, permitiendo su incorporación, lo mismo que la del mayor Enrique Trinidad Oliva. Por otro lado, se acordó combatir el comunismo, y el ejército tomó el control de las instituciones públicas y del orden jurídico legal. La Junta Militar quedó integrada de la siguiente manera: Teniente Coronel Carlos Castillos Armas, coronel Jose Luis Cruz Salazar, coronel Mauricio Dubois, coronel Elfego Monzón y mayor Trinidad Oliva (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

De esa manera, Castillo Armas salía victorioso, y el 3 de julio de 1954 era recibido en la ciudad capital con los honores que había exigido para sí, al frente del Ejército liberacionista (Compendio de Historia de Guatemala 1944-2000, 2010).

Fuente: Wikiguate