Axel Kicillof, ministro de Economía argentino: “Los países hermanos que hicieron lo que propone la oposición hoy están peor que nosotros”

Por Fernando Cerolini y Mariano Caruso

Axel Kicillof posa en el balcón desde el que se ve la Casa Rosada, una imagen que seguramente pondrá los pelos de punta a más de un integrante del hoy ya remanido Círculo Rojo.

El tipo se olvida por un rato de los números y sonríe desafiante, sabiendo que pese a que es petiso la facha está de su parte: hace poco las tuiteras inglesas y norteamericanas lo consideraron un ministro de economía precioso y pidieron alguien así para sus países. Aquí, sin embargo, para buena parte del establishment este hombre de 43 años que luce una camisa sin corbata y un traje gastado que le va largo de mangas y se le marca en el cuello, es poco menos que un cuco.
“El tema es que los medios que no me quieren nunca publican una entrevista completa. Eligen un recorte que sirva para generar un escándalo y chau. Ahora que estoy yendo más a los medios y de pronto ven un reportaje completo la gente se sorprende. Era más sensato de lo que pensaba este Kicillof, dicen. Así son las cosas”, comenta resignado.

Si hay algo que reconocerle a este economista formado en la UBA que hizo la primaria en NEA 2000, la célebre escuela de Salonia, y vive junto a su familia en el barrio de Agronomía, es que siempre fue K, mucho antes de escuchar hablar de los Kirchner. Su tesis y su prédica están desde siempre ligados a John Maynard Keynes, el economista inglés que el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt  tomara como modelo para sacar a los Estados Unidos de la Gran Depresión.

-Contra lo que dicen muchos economistas a uno puede parecerle razonable que el Banco Central le preste dinero al tesoro, ya que es el organismo depositario de las reservas con que se paga la deuda externa del país. Y si para no tocar las reservas pedimos prestado afuera y a una tasa más alta, a la hora de pagar las deudas las reservas bajaran más que si las presta el Central. Pero queda claro estas medidas deberían ser excepcionales, lo mismo que el nivel de inflación con el que convivimos.

¿Cuándo se va a poder dejar de lado una política anticíclica para volver en un círculo virtuoso de superavit con la economía mundial en crisis?
-En estos días hablé de desendeudamiento argentino y destaqué que la Argentina en estos últimos doce años tuvo una política económica de crecimiento e inclusión. Y que el sustento para que se pudieran hacer políticas públicas como la incorporación de jubilados al sistema, la Asignación Universal por Hijo, y el plan Procrear entre otros, fue justamente el desendeudamiento.

Porque antes, cuando la Argentina estaba sumida en el modelo que comienza con la dictadura militar y que tiene su máxima expresión en los 90, que es el sobrendeudamiento, buena parte de lo que vos recaudabas de impuestos lo tenías que usar para pagar la deuda, y no solo eso, para pagar la deuda externa en moneda dura, en dólares. En relación al PBI, Argentina es el país que más se desendeudó en estos últimos años.

En 2001 debíamos 161 % de lo que producíamos en un año; hoy es del 40%. De manera que ni Argentina, ni el fisco, ni el Banco Central está sobregirado porque la relación deuda-PBI es muy baja en todos los casos. Y otra cosa trascendente es que una gran parte de esa deuda con el sector público y en pesos.

Es como que yo le deba a mi mujer, todos sabemos que una deuda entre nosotros no implica que la casa esté endeudada: de alguna manera lo vamos a resolver. Es más, hoy si tomamos la deuda dura en dólares del Estado, eso es un solo 9% del PBI. Esto nunca pasó en la Argentina desde épocas inmemoriales y es lo que nos permite atravesar un momento complicado de la economía mundial sin dejar de crecer.

El secreto es el peso de la deuda.

-¿Por qué lo decís?

-Porque nosotros logramos que la deuda externa no sea un condicionante para nuestras políticas públicas. Esto nos dio libertad e independencia económica: podemos usar la recaudación impositiva para jubilar gente, para prestar para la construcción a través del Procrear, el Ahora 12 y demás programas que tenemos para incentivar la economía doméstica.

Durante mucho tiempo debimos mucho y estábamos estrangulados y como no llegábamos a pagar venían los acreedores, el FMI, y te decía que políticas tenías que implementar, que eran una lista de ajustes. Es lo que pasa con Grecia: vos ajustás, pagás cada vez más intereses y la deuda
crece igual.

Por eso hay que destacar que aquellos que se escandalizan porque el Central le presta al país no decían ni mu cuando las políticas de los 90 multiplicaban la deuda externa en moneda dura. Por eso nosotros estamos muy atentos a lo que pasa afuera; yo siempre repito: nosotros somos muy flexibles en los instrumentos, no en las metas.

-¿Cuáles son esas metas?

-Que la gente no pierda el laburo, que no pierdan poder adquisitivo, ni ajustar en salud, ni educación, ni en infraestructura. Y siempre pienso que mientras las cosas vayan pasando a nosotros algo se nos va a ocurrir en cada una de las coyunturas. Cada acto nuestro fue para cuidar el empleo de los argentinos y su salario
en desmedro del pedido de los agoreros de siempre de abrir la economía.

Algunos ya se olvidaron que la receta de los ‘90, la Convertibilidad, abrió las importaciones y luego de barrer la industria nos dejó en 2001 con 25% de desempleo.

-Sin embargo la oposición sostiene que durante los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner tuvieron viento de cola y no lo supieron aprovechar…
-Sí, hace 12 años que explican que a la Argentina le ha ido bien gracias al viento de cola y es una mentira enorme. Porque en los últimos 7 años de los doce estamos atravesando una crisis internacional.

Y esa crisis no les pegó a todos por igual: depende mucho de los instrumentos que utilizás para defenderte de la crisis internacional. Estados Unidos, buena parte de Europa y potencias emergentes como Rusia y
Brasil tuvieron o tienen problemas más graves que los nuestros –en cuanto a la caída de la actividad
y pérdida de puestos de trabajo- como consecuencia de la crisis.

-Un sector del periodismo económico que siempre destacaba a Brasil y a Chile como modelos antepuestos a lo que se hacía en la Argentina, hoy no pueden explicar la caída de la popularidad tanto de Dilma como de Bachelet, y los problemas que hoy exhiben esos países que supuestamente habían hecho las cosas mucho mejor.

-No me gusta hablar de los problemas de los países hermanos, pero lo cierto es que algunos de ellos que llevaron adelante las políticas ortodoxas que aquí recomienda la oposición, han dejado de crecer y perdido
muchos más puestos de trabajo que nosotros. Y también tienen déficit fiscal.

-Eso es indudable. Como también lo es que resulta insostenible en el tiempo que el Banco Central le pague a los bancos tasas cercanas al 30 % en pesos.
-El año pasado muchos economistas que hoy salieron del closet para decir que responden a Macri, vaticinaban una mega devaluación, una inflación del 40% al 60 %, un dólar oficial a 16, un ilegal a 25 y una fuerte caída de las reservas. Sin embargo nosotros terminamos negociando con los gremios una paritaria del 32%.

Y hoy los que decían que en el 2015 terminábamos en una inflación del 40% están dando para este año entre 20 y 25% El último número de inflación que publica Melconian es menor que el del INDEC: 0,9% mensual. O sea que hubo una desaceleración de los precios, y que esa desaceleración de los precios se hizo sin ajuste. Quiero
destacar esto porque el ajuste es el único plan que tienen los liberales para bajar la inflación. Su receta siempre es ajustar la economía bajando salarios, jubilaciones, y perdiendo empleos.

-Pasemos al tema de los fondos buitres. ¿El impedimento de cobro de intereses que lograron con Griesa sobre aquellos bonistas que si entraron al canje no podría finalmente hacer caer en default toda la deuda que fue refinanciada?
-En primer lugar hay que decir que nosotros nos dedicamos a arreglar uno por uno los desastres que dejó el neoliberalismo. El del 2001 fue el default más grande de la humanidad: 81 mil millones de dólares.

Nosotros arreglamos con el 93%, están casi todos adentro con una quita mundial que hizo Néstor y que después
reabrió Cristina en 2010; ya estaba todo encaminado hasta que aparecen estos buitres -que estuvieron sobre Grecia, sobre General Motors, etc- y lograron una sentencia que no dice que le debemos pagar sino que la plata que Argentina le paga a los acreedores no se la deja cobrar a esos acreedores.

Entonces el lío en sí no es un default, porque técnicamente nosotros pagamos pero los bonistas no pueden cobrar. Se generó una guerra de bonistas contra bonistas, a tal punto que la Asociación Internacional de Bonos y Títulos Públicos condenó públicamente a los buitres al igual que el Tesoro de EE.UU.

De hecho en Naciones Unidas se armó una comisión para tratar estos temas de los buitres y armar un tribunal para arbitrar estas cuestiones que perjudican al mundo entero. Y solución va a haber porque lo contrario no le conviene a nadie, y mucho menos a los buitres. Si se cae todo, los papeles de ellos se sumarían al 93% restante y hay que empezar todo de nuevo. Les resultaría un pésimo negocio. Es más ellos mismos llegaron a ofrecer un descuento del 15% que después extendieron al 30%, algo que seguía siendo absolutamente usurario y no aceptamos.

-¿Por qué no siguieron negociando?
-Porque algún candidato anduvo diciendo que les iba a pagar todo. Entonces es lógico que se queden esperando, apostando a eso.

-¿Hablás de Macri?

-Sí, claro. El había dicho que había que pagarles a los buitres lo que dijera Griesa. Una estupidez. Ahora cambió de parecer; si hasta Pinedo salió a decir que hay que negociar como lo hace Kicillof. Esto va a tener que tener un arreglo porque no tiene lógica financiera, no sólo es injusto e ilegal.

Entregarse con los buitres hubiera sido mucho más que entregar 1600 millones de dólares, era entregar 20 mil millones de dólares y entregar la soberanía. Pero tampoco hay que descartar que ese sea el plan de algunos candidatos.

-Recién hablabas de que se cuida el salario de los argentinos, pero el año pasado hubo una pérdida del salario real, sobre todo de aquellos que trabajan en negro.

-Yo digo que no hubo una pérdida en 2014, pero podemos discutirlo. Y este año me decían que el 27% en las paritarias no iba a alcanzar y todo el mundo reconoce que alcanza. Repito: nuestras prioridades son el empleo, después la distribución y luego el crecimiento. Para que se cumpla ese combo la dinámica de los precios
tiene que estar dentro, pero no significa atarse a una variable.

-Las reservas llegaron a tocar los 52 mil millones de dólares , ¿no pensás que se hizo algo mal para que hoy haya casi 20 mil millones menos?

-Cualquier país del mundo, salvo EE.UU, tiene el mismo problema: no emite dólares pero comercia en dólares. Y los países que crecen, como Argentina, necesitan cada vez más dólares porque si tenés crecimiento en inversión, parte de esa inversión es en dólares, si tenés crecimiento importás más, la gente viaja y gasta
en dólares, la gente puede ahorrar y lo hace en dólares.

Cuando la Argentina tenía 25% de desempleo ese problema no existía. Como todo en economía, no es blanco y negro, es una cuestión de balance y equilibrio. Cada vez que vos tocás una perilla, beneficiás a uno y perjudicás a otro. Si implementamos precios cuidados y decimos que tales precios no se pueden subir: la gente contenta y los productores y los comerciantes tristes.

Lo mismo pasa con los dólares, en un momento en Argentina vos podías comprar dos millones de dólares sin siquiera mostrar el documento. Cuando le pusimos el freno gritaron “cepo”. Los agoreros de siempre

nos dijeron que para diciembre del año pasado las reservas iban a estar en 15 mil millones y tenemos 34 mil millones, la pifiaron como lo vienen haciendo siempre. Y eso lo logramos administrando bien, no hubo ningún estallido. Le dijeron a todos los argentinos durante 2014 que se iban a quedar sin empleo, que se caía todo, y no pasó nada.

-Sin embargo hay caída de la industria, las automotrices han tenido dos años complicados.

-Si vos calculás el Indice de Producción Industrial sin el área automotriz no viene mal la industria.
El problema de las automotrices es que el país produce cerca de 700 mil autos por año con once terminales ensambladoras extranjeras que insumen muchos dólares para funcionar.

De todo lo que se produce el mercado argentino absorbe un 40%, el resto se exporta a Brasil. En Brasil yo no puedo implementar el Procreauto para que compren el 60% de nuestra producción; es decir que si en Brasil hay crisis tenemos un problema. Pero no es una catástrofe. Es una crisis internacional que genera incertidumbre pero ha tenido un desplazamiento, porque empezó en 2008 en EE.UU y luego le pegó a la Europa periférica: España, Italia, Grecia, Portugal e Irlanda. Y ahora un coletazo de esa crisis parece que toca a los emergentes como Rusia, China y Brasil. Entonces Brasil devalúa y aparece un coro de economistas irresponsables pidiendo lo mismo. Nosotros no vamos a ir por ese camino ni bajar el gasto porque queremos conservar salarios y empleos.

-¿Por qué no hay números de la pobreza?

-No es así. Hay montones de estadísticas de pobreza, lo que pasa es que hay una sola que se discontinuó cuando cambiamos el índice de precios. Porque había una medida de pobreza que era la más simple pero la menos confiable. Era tomar un índice de ingresos, tomar un índice de precios y ahí quienes quedaban dentro
de un rango determinado, eran pobres o no lo eran. Entonces, para los que calculaban 60% de inflación todo el mundo era pobre, un disparate. Pero había algo peor: los índices de precios e ingresos eran de la década del ochenta. Y nuestro nuevo índice de precios es nacional y federal.

Uno de los índices que mejor mide la pobreza es el que mide la pobreza estructural: aquel que no tiene casa, que no tienen cloacas. Hay otros índices que usamos, como el Gini, que mide la distribución del ingreso y que marca que en Argentina mejoró en un 20%. Tenemos como 30 índices, pero parece que sólo les interesa el que discontinuamos por obsoleto.
Cuando publicamos algunos que son favorables la oposición los minimiza y dice que es mentira. Nosotros trabajamos con seriedad, cuando tengamos listo el índice de precios que sirva para medir pobreza lo vamos a publicar.

-¿Porqué dijiste que dar los números de pobreza era estigmatizante?

-Yo lo dije respecto a medir pobreza por ingreso: si ganás 5001 no sos pobre y si ganás 4999 sos pobre. Y ser o no ser pobre no depende únicamente del ingreso. Sacaron eso de contexto para operar como hacen siempre.

-Hace poco dijiste que el blue era un mercado que movía menos dinero que la quiniela, ¿no creés que de todos modos genera incertidumbre y temor en la gente cuando se dispara la brecha con el oficial?

-Con el dólar antes cualquiera compraba los dólares que se le ocurría sin demostrar de dónde había sacado la plata. Hoy simplemente debe demostrar sus ingresos y eso redujo mucho la importancia del dólar marginal porque aquellos que quieren comprar están en su derecho y nadie los persigue.

Los argentinos tienen una tendencia a comprar dólares y si les llenan la cabeza con que se viene una debacle, esa tendencia aumenta. Sobre todo en época de elecciones. El tema es quién se beneficia con las corridas, que no son los perejiles que compran un puchito sino las grandes financieras y los grandes bancos.

La verdad es que desde que se vende el dólar tenencia -ya se vendieron 6500 millones que fueron a parar a cajas de ahorro, seguridad y colchones- hemos revertido parcialmente la tendencia. Voy a contar una anécdota muy graciosa: un día llevé a mi hijo mayor, que tiene seis años a un cumpleaños.

Había un típico mago haciendo el típico truco de la galera y la varita mágica. De repente les dice a todos los nenes que estaban el lugar: “Ahora acá voy a meter un conejo y cuando saque mi mano voy a sacar plata. ¿Ustedes qué quieren que saque, pesos o dólares? y todos los pibitos de cinco años gritaron a coro: Dólares” (se ríe).

Bueno, lo cierto es que después de algunos comentarios míos hubo notas diciendo que yo iba a traer máquinas de rayos X para ir a buscar los dólares a las cajas de seguridad de los bancos. Y están escritas por los mismos periodistas que después dicen que despilfarramos reservas vendiendo dólar ahorro. ¿En qué quedamos?

-¿Cómo viviste el episodio de buquebús hace dos años, cuando algunas personas que viajaban en el mismo barco te escracharon mientras vos viajabas con tu familia?
-Fue un tema doloroso, yo estaba con mi mujer (Soledad Quereilhac, doctora en letras e investigadora) y mis hijos chiquitos (una nena de 3 tres y un nene de 6). Ningún medio de los que me critican y al mismo tiempo critican los escraches salió a decir nada del asunto.

Como escondieron hace poco que un candidato trompeara a un periodista hasta dejarlo desmayado. ¡Imaginate si hubiera sido del Frente para la Victoria! Yo era un funcionario que viajaba en clase turista a mi casa que tengo en Colonia desde hace diez años, desde antes de ser funcionario. Parte de esa casa la hice yo con mis manos, hasta la instalación eléctrica puse. A mi no me puso en la función pública ni un banco ni una gran empresa, yo vengo de ser militante en la universidad, militante de los sindicatos y de ser docente e investigador universitario. Entonces, yo sabía que no estaba haciendo nada malo.

El tema es que la gente que estaba viajando a Uruguay en ese barco tenía el último ejemplar de la revista Noticias tenía una tapa que decía “La residencia de Kicillof en Uruguay”. Y el día anterior a ese viaje había salido una tapa de Clarín y otra de La Nación diciendo “Kicillof ahorra en dólares e invierte en Uruguay”. Y era para generarle a esa gente violencia, la violencia que tanto critican.

-¿Cómo te trata la gente en la calle?
-Hace unos días fui a Mataderos y Parque Patricios y la gente fue muy respetuosa. Cuando pusieron en la tapa de Clarín la mentira de que yo cobraba 400 mil pesos de sueldo por YPF, ese mismo día cuando salí a hacer las compras por mi barrio y un tipo me grito “chorro”. Eso es algo que no me pasa nunca y lo generaron estos grupos mediáticos y sus mentiras. Y lo peor es que después no rectifican. Sólo este año tengo 21 semáforos rojos de ese diario. Sé que son campañas políticas, pero la gente no come vidrio, conoce los perfiles de los funcionarios. Yo vivo con mi familia en la misma casa que tenía antes de la función pública, y tengo el mismo auto que tenía antes.

-¿Es cierto que tenés aversión a las corbatas?

-Yo vengo de la militancia popular y la docencia y nunca usé corbatas en mi vida. Cuando entré al Colegio Nacional Buenos Aires, en el 84, fue el último año en el que te obligaban a usar corbatas, que era una regla que venía de la dictadura. Yo no la usé ni un día porque me la puse en el bolsillo.

-¿Y no hubo sanción?
-No, porque en ese momento se armó en el Nacional una suerte de rebelión de las corbatas y también por el largo del cabello que no debía tocar la camisa. Cosas de colegio secundario. Pero igual yo creo que la vestimenta no hace a nadie, puede ser un cajetilla y el peor de las personas. Evo Morales, que no usa corbata y
es presidente de un país dijo algo que a mi me gusta mucho: “El problema de la corbata te corta la conexión entre el cerebro y el corazón: si uno quiere usar las dos cosas a la vez, la corbata lo impide”.

-Hablemos de política. Scioli fue elegido por Cristina como candidato a presidente. ¿Tienen confianza de que va seguir con sus políticas si llega a la presidencia?

-Yo lo he dicho muchas veces, lo conozco desde hace poco en mi rol de ministro y él como gobernador, pero es un hombre que ha ocupado los cargos de muchísima importancia a lo largo de estos doce años acompañando todas las medidas del gobierno; ha probado ser parte de este proyecto. La fórmula que incluye a Carlos Zannini es un armado representativo de lo que constituye el Frente.

-¿Vos te ves como parlamentario, en un rol que no sea ejecutivo?
-Yo estoy muy entusiasmado y dejo muy en claro de que voy a asumir. Yo siempre dejo en claro que estas cosas no las decido solo, discuto con mis compañeros. Soy parte de la Cámpora y del FPV y discutimos dónde cada uno puede ser más útil. Esto se decide discutiendo con todos los compañeros y escuchando a una importantísima conductora como es la presidenta.

-¿Hoy te considerás peronista?
-En los noventa, cuando militaba en la universidad con la agrupación TNT, éramos abiertamente anti liberalismo y hoy lo seguimos siendo. Mi familia no era peronista, mi viejo había sido militante en los 60, cercano al frondizismo e incluso estuvo en cana en la dictadura de Onganía. Pero lo que yo fui viendo del peronismo,
lamentablemente fueron los ‘90. Pero nunca fui gorila, siempre reivindiqué la importancia de las figuras de Peón y Evita. Y cuando llegaron Néstor y Cristina, abrazamos el kirchnerismo y por tanto el peronismo. A mi me encanta la frase de la presidenta: este es un movimiento nacional, popular y democrático, y no sólo argentino
sino de Latinoamérica.

-Hablemos de tu vida, ¿cómo es un día tuyo, a qué hora arrancás?

-A las siete llevo a los chicos al cole, y después en casa hago todos los días una rutina de gimnasia, cinta y
bicicleta. Lo empecé a hacer hace unos años porque había tenido dolores de espalda luego de haber trabajado mucho escribiendo un libro.

-¿Y el tiempo libre qué hacés?
-Estar con mi familia, es lo que más valoro, como estoy mucho tiempo afuera trato de que los ratos que me quedan libres estar con ellos

Pronto