El revés de Cartes en las elecciones municipales (Paraguay) – Por Paulo López

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El presidente Horacio Cartes se jugó las elecciones municipales como un plebiscito de su gestión y una eventual carrera reeleccionista dependía en gran medida de los resultados de los comicios de este 15 de noviembre. La derrota del partido oficialista en Asunción así como en 13 de los 19 distritos del departamento Central, el más poblado del país, muestra el creciente rechazo hacia un gobierno que transita la mitad de su mandato.

Es preciso subrayar que la tendencia dominante en la mayoría de las ciudades fue el triunfo del voto opositor, que también significó derrotas para el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Sin embargo, la dispersión de los movimientos progresistas provocó una vez más que los descontentos y los votos castigo se diriman entre los dos partidos conservadores.

La alta abstención electoral, el 60% del padrón, fue otra de las notas de la jornada con un Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) que no ofrece garantías de transparencia. Tras los 26 años que transcurrieron desde el inicio de la “transición democrática”, el voto ya no es percibido como una herramienta genuina de participación y las elecciones aparecen como una contienda donde los actores claves son el dinero y la trampa. De hecho, la compra de cédulas, de votos y la especulación con los sondeos de boca de urna de parte de los grandes medios estuvieron a la orden del día.

No obstante, además de la multiplicidad de factores que abonan la falta de legitimidad del sistema, un elemento fundamental en los resultados fue el rechazo al proyecto reeleccionista de Cartes, quien en principio había asumido con promesas de modernización y de acabar con el sistema prebendario que sustenta la hegemonía del Partido Colorado desde la dictadura de Alfredo Stroessner.

La rebelión al interior de su partido lo obligó a abandonar su pose tecnocrática inicial para convertirse en un caudillo más que advertía que la salud del país dependía de la salud del Partido Colorado e invitaba a teñir de rojo los 250 distritos del país. En Encarnación, feudo del vicepresidente Juan Afara y del gobernador Luis Gneiting, se impuso una coalición que postuló al candidato de Patria Querida, Luis Yd.

Las promesas el “nuevo rumbo” se han limitado a políticas económicas ortodoxas como las ya consabidas medidas de “austeridad”, con recortes en el prepuesto de salud y educación pero que tuvieron como contraparte el aumento del gasto militar. A pesar de duplicar en poco tiempo la deuda externa paraguaya (trepando a 6.000 millones de dólares), las grandes obras anunciadas no aparecen y el país ya está pagando intereses por un dinero ocioso que aún no empieza a ser ejecutado.

Si bien la Constitución Nacional de 1992 prohibió la reelección tras la dictadura de 35 años de Stroessner, la reforma constitucional es una de las agendas prioritarias del cartismo y en efecto ya son frecuentes las voces que sostienen que la democracia ha madurado lo suficiente en el país como para levantar la restricción.

El recientemente nombrado ministro de Defensa, Diógenes Martínez –un viejo exponente de la burocracia judicial de la dictadura– también se pronunció a favor de una reforma constitucional que amplíe las funciones de las Fuerzas Armadas a fin de que puedan intervenir en cuestiones de seguridad interna, como de hecho ya lo están haciendo en el Norte del país en el marco de la supuesta lucha contra el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

La proyección a largo plazo del modelo privatista y represivo encarnado en la figura de Cartes ha recibido un rotundo rechazo. Su proyecto, en cambio, aún no ha sido derrotado.

Paulo López. Periodista paraguayo.

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