Bolivia | Silencio: Aquí no pasa nada – Por El Choco

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Silencio: Aquí no pasa nada

Por El Choco

Cuando un gobierno recurre a la represión militar es porque ya perdió la batalla política y el caso boliviano, sin dudas, de fe de ello.

Tras 50 días de protesta, el gobierno boliviano declaró el Estado de Excepción a nivel nacional por 90 días. La justificación fue terminar con los bloqueos y retornar a la “normalidad” económica y social. En la práctica, la medida se usa para perseguir y secuestrar dirigentes sociales y políticos, callar la narrativa de los movilizados, evitar los ampliados obreros, vecinales y comunales, criminalizar la protesta y avanzar en la implementación del modelo neoliberal y colonial.

Solo 48 horas después del Estado de Excepción, todas las estructuras comunales, campesinas y urbanas movilizadas anunciaron un cuarto intermedio en las protestas. El concepto es importante, los movilizados retiraron la medida para quitarle el argumento al gobierno, sin bloqueos no hay “razón” de militarizar y perseguir; pero también para reorganizarse y reponerse del desgaste, se vienen nuevas batallas y hay que estar listos.

Desde el lunes 21 de junio, el país vive en la “normalidad” de la crisis económica previa a los conflictos: filas interminables para comprar combustible o para reparar a los automóviles por usar ese mismo combustible, caída de la actividad económica y de la industria nacional, dólar paralelo pujante e inflación. La población retornó a la calma para darse cuenta que, en el fondo, el gobierno no resolvió ninguno de los problemas que gatillaron las protestas.

Eso sí, ahora queda sancionado reunirse: “conspiradores” son quienes se reúnan para evaluar la situacion, “incitadores a delinquir” a quienes digan que el gobierno no está resolviendo la crisis, “terroristas” son quienes salgan a las calles a protestar.

En los medios de comunicación, Rodrigo Paz vende una victoria a un país que ya no le cree, ante el cual su credibilidad y legitimidad se han erosionado; el mal manejo del Estado, los escándalos de corrupción y narcotráfico, la incapacidad de resolver el tema de los combustibles, el insultar y denigrar a los sectores que lo llevaron a la silla presidencial y el contradecirse comunicacionalmente cada 24 horas contribuyeron a ello.

En este marco, el fin de los bloqueos no es más que una pausa en un conflicto estructural, donde el gobierno pretende retornar al orden colonial y neoliberal, mientras el pueblo resiste y construye una alternativa. En esta batalla, la incapacidad de Rodrigo Paz de seducir al país con su propuesta, mediante su narrativa y recursos comunicacionales, representa una derrota estructural de la derecha. Con ella, han dado paso a la rearticulación narrativa, ética, moral, organizativa y política de la mayoría indígena, urbana y rural, de este país. Así, este mundo indígena tejido desde sus bases ha dado batalla en dos ocasiones al gobierno, arrancándole en la primera un retroceso directo en su proyecto político y ocasionándole un colapso ideológico y narrativo en la segunda.

Los abuelos dicen “si ves a tu enemigo equivocarse no lo interrumpas, aprovecha”

Por ello el gobierno celebra, amenaza y secuestra a diestra y siniestra, anunciando su victoria, mientras la población aguarda en silencio.

Porque en Bolivia, el arma más temible del pueblo es su silencio, aquel del que las naciones indígenas volvieron un muro infranqueable; volviéndolo en una herramienta de resistencia ante la represión, la persecución y la masacre. Aprendieron a callar ante quien festeja su error y hablar a quien, ahogado en impotencia, lo convierten en aliado, avanzando lentamente en su cometido y promesa colectiva: volver, y ser millones.

 

El Choco

 

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