Brasil hoy: los militares y el poder moderador – Por Ernesto López, especial para NODAL

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Recientemente, el Gral. Antonio Mourão realizó una exposición ante una logia masónica en Brasilia. Dijo allí: “O las instituciones resuelven el problema político mediante las cortes, removiendo todos los elementos involucrados en actos ilegales en la esfera política, o nosotros [los militares] tendremos que imponer una solución”. El Comandante en Jefe del Ejército, Gral. Vilas Boas ni se mosqueó frente a ese anuncio incompatible con el orden constitucional actual en Brasil, efectuada por un oficial de alto rango subordinado a su mando. Se limitó a alabarlo en el plano profesional: “es un gran soldado”, dijo.

Es evidente que la estabilidad política de Brasil pende de un hilo. El país navega una crisis económica de magnitud y atraviesa una tormenta política gigantesca que entre otros hechos incluye: el golpe “blando” contra Dilma Roussef, la destitución y encarcelamiento –acusado de corrupto- de su gestor el ex presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, y la extrema debilidad política del presidente Temer también sospechado de estar involucrado en hechos de corrupción.

En rigor, no es del todo sorprendente el giro militar del que ha sido heraldo el Gral. Mourão. El politólogo norteamericano Alfred Stepan –recientemente fallecido- le dedicó dos de los cuatro grandes capítulos de su libro Brasil: los militares y la política (Amorrortu, 1974) al examen de lo que llamó “la pauta moderadora”: esa facultad arbitral, equilibradora e incluso intervencionista que tuvieron los uniformados durante el período 1945-1964 (la simplificación es inevitablemente obvia). Stepan invoca como antecedentes el “poder moderador” reservado al emperador, presente en la constitución imperial de 1824 y algunas disposiciones de la constitución sancionada en 1937, en tiempos del Estado Novode Getulio Vargas. Como quiera que sea, aquella última pauta moderadora caducó de hecho con el golpe militar de 1964 y la larga dictadura que le siguió.

El ejército brasilero se ha reposicionado y se ha autoadjudicado hoy esa facultad moderadora que tuvo otrora. Su advertencia –mencionada arriba- ha sido clara:o las instancias judiciales limpian el camino para que las instituciones políticas retomen el rumbo o interviene.Las elecciones del año próximo podríanrepresentar una oportunidad para el sistema político brasileño, aunque habría que ver bajo qué condiciones se hacen.Podría ocurrir también que en caso de que lo anterior no funcionarase acordara una fórmula negociada o un camino de transición bajo tutela militar;una primera, potencial y casi grotesca versión de esto ha quedado reflejada en la eventual candidatura a presidente del militar torturador y actual diputado Jair Bolsonaro. Mucho más lejana parece la opción de un golpe militar comme il faut. El tiempo dirá; no es mucho lo que se puede especular hoy sobre este devenir.Demás está decir que lo mejor sería, tanto para Brasil como para América del Sur, que los uniformados permanecieran en los cuarteles, que su papel tutelar se descartase yque el orden democrático se mantuviera incólume.

(*) Sociólogo; ex embajador argentino en Haití, Guatemala y Belice