El miedo – Por Soledad Buendía Herdoíza

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El COVID19 se expande por todo el planeta y en numerosos países existe lo que se llama “distanciamientos físicos” o “cuarentenas” que recluyen a miles de personas en sus hogares. Si bien se trata de evitar la propagación del virus, los confinamientos tienen múltiples efectos sobre ellas. En esta sección “reflexiones sobre la pandemia” NODAL comparte testimonios de quienes han pasado por diversas experiencias de falta de libertad. Es un espacio de pensamiento abierto, para contribuir a visibilizar otros aspectos de la pandemia.

El miedo

Por Soledad Buendía Herdoíza*, especial para NODAL

Hoy el Coronavirus recorre la faz de la tierra cobrando vidas humanas en todos los países, como si fuere una pesadilla o una película de terror, pero la diferencia es que hoy somos los protagonistas. Y el obligatorio “quédate en casa” nos ha permitido muchas reflexiones sobre aquellas veces que hemos sentido miedo, ese miedo que paraliza y espanta, ese miedo que somete. El miedo que utilizan los tiranos como herramienta para ejercer el poder.

Camus diríamos que lo peor de esta pandemia no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso, y es así. Hemos visto el odio y el egoísmo, la desesperanza y el horror pero también hemos podido experimentar profundos sentimientos de solidaridad.

No puedo dejar de recordar el 14 de octubre de 2019 día en que sin saberlo saldríamos de casa para nunca volver, no puedo dejar de recordar el miedo, la incertidumbre y el dolor por la injusticia, que te llena de rabia y te lleva hasta la desesperación. Nos perseguían por pensar distinto, por atrevernos a cuestionar al poder, por no bajar la cabeza! Permaneceríamos encerrados por 87 días en la embajada de México en la ciudad de Quito. Confinamiento que nos vimos obligados a asumir para cuidar nuestras vidas, ahora lo hacemos también con el mismo fin, cuidar nuestras vidas y la de los demás.

Los recuerdos no sólo salen de la mente sino del corazón y vuelvo a llenar mis ojos de lágrimas y vuelvo a vivir los días de octubre, los heridos, los muertos, el toque de queda y otra vez como en los años 80 se repite la historia, los perseguidos políticos y el terror impuesto desde el Estado.

En escenarios distintos, los días de encierro nos enseñaron muchas cosas entre ellas la importancia de los afectos verdaderos, de la familia y los amigos. No me deja de doler en el alma la injusticia que vive, Jorge1, preso, enfermo y solo, sin la calidez de una sonrisa y ni la fuerza de un abrazo. Aprendimos, como hoy muchos lo hacen, a valorar lo esencial, pensar en que es lo que requerimos en verdad, alimentos, mascarillas o medicinas. Pensar en cómo ayudar al vecino que no tiene y seguro la está pasando mal. Aprendimos y muchos quizás cambiamos nuestra escala de valores.

En la embajada pensábamos en los compañeros detenidos, en los allanamientos, en los hijos, en los procesos judiciales armados con tintes de legalidad para aniquilarnos, mientras los medios de comunicación se ensañaban con nosotros. Estar entre cuatro paredes, ahora todos lo sabemos es muy duro, las horas pasan muy lentas y las noches son interminables…

Establecimos rutinas y responsabilidades, los días pasaban entre lecturas, yoga y ejercicios, no faltó la música en la voz potente de Gabriela2 y su amor para vivir, siempre impulsándonos los unos a los otros! El día en que amanecías triste escuchabas la voz de aliento, siempre estaba el hombro amigo para llorar, la serenidad de Carlos3, las palabras de esperanza de Gabriel4 y Lucho5 y el amor de Edwin6. Estábamos encerrados pero no estábamos solos, golpeados pero no vencidos, nunca pudieron doblar nuestro espíritu.

Es cuestión de tiempo, todo pasa y esto también pasará. Y así fue. Hoy estamos en México con asilo político, paradójicamente en otro confinamiento, pensaba en Nietzsche y la necesidad del eterno retorno por el que lo vivido ha de repetirse eternamente…

La pandemia también pasará y ojalá nunca volvamos a ser los mismos, ojalá dejemos el egoísmo neoliberal centrado en el capital y vivamos diferente, con redes sociales ciudadanas, dejemos el consumismo que destruye la naturaleza y nos llena de basura, pensemos en construir un mundo de abajo hacia arriba y eso será posible, sólo si los de abajo tienen garantizada la salud y la educación desde lo público, un mundo solidario, sin miedos ni mendigos, sin violencia, ojalá que aprendamos para que así lo vivido deje de repetirse eternamente…

*Feminista, legisladora de la Asamblea Nacional de Ecuador y asilada política en México


1 Jorge Glas, ex Vicepresidente del Ecuador, preso político.

2 Gabriela Rivadeneira, ex presidenta del Parlamento ecuatoriano, legisladora y asilada política

3 Carlos Viteri, dirigente indígena, legislador y asilado político

4 Gabriel Rivera, ex asambleísta constituyente y abogado de los exilados ecuatorianos en México.

5 Luis Fernando Molina ,abogado constitucionalista, legislador y asilado político

6 Edwin Jarrin, mi compañero de vida.


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