Perú, el voto rural desafía al poder y tensiona en las calles la democracia liberal – Por Carolina Sturniolo y Bruno Ceschin

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Perú, el voto rural desafía al poder y tensiona en las calles la democracia liberal

 

*Por Carolina Sturniolo y Bruno Ceschin

Perú atraviesa nuevamente una situación de alta tensión política. Mientras el conteo de votos de la segunda vuelta presidencial continúa generando cuestionamientos, miles de peruanos comenzaron a movilizarse en distintas regiones del país para exigir transparencia electoral y respeto por la voluntad popular. La estrecha diferencia entre Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, expuso una vez más la profunda fractura territorial, social y cultural que atraviesa al país andino.

Según los últimos datos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Keiko Fujimori mantiene una ventaja de poco más de treinta y nueve mil votos sobre Roberto Sánchez en un universo superior a dieciocho millones de sufragios válidos. La diferencia representa apenas el 0,2 % del total emitido y explica por qué el resultado continúa siendo objeto de debate público y movilización política.

Las protestas registradas en Lima, Arequipa y Lambayeque no surgen únicamente por la estrechez del resultado. Expresan un conflicto más profundo vinculado con la representación política de los sectores populares, campesinos e indígenas. Buena parte de las organizaciones rurales de la sierra sur, las rondas campesinas y el electorado que años atrás respaldó a Pedro Castillo encontraron en Roberto Sánchez una propuesta asociada a la agricultura familiar, la descentralización política y el reconocimiento de los pueblos originarios.

En contraste, Keiko Fujimori consolidó su respaldo en los sectores empresariales vinculados al agronegocio, el complejo agroexportador de la costa y aquellos grupos que priorizan la estabilidad macroeconómica, la inversión privada y la continuidad del modelo de desarrollo basado en la apertura comercial. La elección terminó configurando dos proyectos de país con bases territoriales claramente diferenciadas.

El enfrentamiento político también reactiva memorias que siguen presentes en amplios sectores de la sociedad peruana. Para millones de habitantes de las regiones andinas, el apellido Fujimori continúa asociado a heridas que permanecen abiertas. Entre ellas se encuentran las esterilizaciones forzadas aplicadas durante el gobierno de Alberto Fujimori, que afectaron a cientos de miles de mujeres indígenas y campesinas, así como los efectos acumulados de décadas de exclusión social, económica y territorial.

Por esa razón, el comportamiento electoral de las regiones andinas no puede interpretarse únicamente a partir de variables económicas o ideológicas. Existe una memoria política acumulada que continúa influyendo en las decisiones de voto. Las comunidades que durante décadas enfrentaron la violencia política, la discriminación racial, el abandono estatal y una distribución profundamente desigual de la riqueza valoran especialmente aquellas propuestas vinculadas a la inclusión social, la presencia activa del Estado y el reconocimiento de sus derechos colectivos.

La situación adquiere mayor relevancia porque ocurre en un contexto marcado por una prolongada crisis institucional. Perú tuvo ocho presidentes en poco más de una década. A ello se suman los cuestionamientos al sistema político, la persistencia de conflictos sociales y el recuerdo reciente de las denominadas “Tomas de Lima”, las masivas movilizaciones populares que siguieron a la destitución de Pedro Castillo y que dejaron decenas de muertos y más de mil cuatrocientos heridos en el marco de la represión estatal.

La pregunta que hoy recorre al país es si el escenario actual puede convertirse en el punto de partida de un nuevo ciclo de protestas. Las convocatorias realizadas por Juntos por el Perú en defensa del voto popular muestran que una parte significativa de la sociedad peruana no está dispuesta a aceptar pasivamente un resultado atravesado por denuncias de irregularidades y acusaciones de fraude. Al mismo tiempo, el escaso margen electoral entre dos proyectos de gobierno claramente antagónicos dificulta la construcción de consensos y profundiza la polarización política.

Sin embargo, la disputa que atraviesa al Perú no puede comprenderse únicamente en clave nacional. Detrás de la confrontación electoral también se expresan modelos de desarrollo, esquemas de inserción internacional y proyectos geopolíticos diferentes. Mientras los sectores vinculados al agroexportador, a las finanzas y a los grandes grupos económicos encuentran en Keiko Fujimori una garantía de continuidad del modelo económico construido durante las últimas décadas, amplios sectores rurales, campesinos e indígenas respaldan propuestas que reclaman una mayor intervención estatal, una distribución más equilibrada de la riqueza y un fortalecimiento de la soberanía sobre los recursos estratégicos.

En este escenario también se proyectan las tensiones del nuevo orden mundial. La creciente disputa entre Estados Unidos y China por la hegemonía económica, tecnológica y comercial tiene una expresión concreta en América Latina, una región que concentra recursos naturales, alimentos, minerales críticos y mercados estratégicos. Perú, uno de los principales productores mundiales de cobre y un actor relevante en el comercio agroalimentario regional, se encuentra inevitablemente atravesado por esas disputas. La confrontación entre proyectos políticos internos también refleja distintas visiones sobre cómo vincularse con esas potencias y cuál debe ser el lugar del Estado en la administración de los recursos nacionales.

La elección de 2026 deja una señal contundente: el Perú profundo vuelve a ocupar el centro de la escena política. Mientras las élites observan los números finales del escrutinio, una parte importante del pueblo se moviliza para hacerse escuchar y exigir lo que considera un derecho democrático fundamental. Lejos de tratarse únicamente de una disputa electoral, el proceso actual pone de manifiesto un conflicto más profundo sobre quiénes representan a la nación, quiénes se benefician del modelo económico vigente y qué proyecto de país emergerá de una sociedad atravesada por profundas desigualdades históricas. En ese escenario, la posibilidad de una reconstrucción popular emerge desde abajo, desde los territorios históricamente postergados, como una fuerza capaz de reabrir el debate sobre el futuro del país.

*Carolina Sturniolo es Medica Veterinaria, integrante del CEA, Docente en la carrera de Medicina Veterinaria, UNRC.  Bruno Ceschin es Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública. Maestrando en Desarrolo Territorial en América Latina y el Carible. Integrante del Centro de Estudios Agrarios (CEA)

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