Perú: negacionismo y verdad – Por Joseph Dager Alba
Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
Joseph Dager Alba *
Recordar es responsabilidad y no revanchismo. En las páginas del Informe están expuestos abusos y excesos que nunca debieron ocurrir, y que, en efecto, deberían provocarnos vergüenza como sociedad y Estado
La lectura del artículo Los 10 pecados capitales de la CVR firmado por Sebastião Mendonça me causó gran asombro y enorme preocupación. El autor, o bien demuestra ninguna lectura del Informe que pretende criticar, o su crítica es malintencionada, plagada de mentiras y vacía de base empírica
No estamos frente al desacuerdo entre interpretaciones. Estamos ante otra cosa: es un intento de borrar, así como el mal llamado revisionismo intentó negar el Holocausto. Lo de Mendonça es negacionismo. Como ha advertido Jason Stanley en Borrar la historia, el negacionismo no busca debate; busca reescribir el pasado para inventar una narrativa que controle el futuro2.
e empieza por deslegitimar a las Comisiones de la Verdad. Luego, se pide «un nuevo Informe» que no incomode a nadie, que ése sí sea indubitable. Y se termina castigando a quien exponga una Memoria distinta. «Varios actuales profesores de universidades lo padecen. Un ejemplo: el caso de Rashid Khalidi, que optó por jubilarse Columbia; o el mismo Stanley, que renunció a Yale y dejó de vivir en los EEUU»
Mendonça sostiene que la CVR usó las «injusticias sociales» para justificar a Sendero. Tremenda mentira. No era necesario que el autor revisase los nueve tomos del Informe para comprobarlo. Ni siquiera hubiese tenido que leer entero Hatun Willakuy (Gran relato), le hubiese bastado conocer el capítulo 6, “Los factores que hicieron posible el conflicto”3. Allí la CVR afirma categóricamente que la causa “inmediata y fundamental” del conflicto fue la decisión de Sendero Luminoso de iniciar la lucha armada.
No hay ambigüedad, y obviamente tampoco justificación. Lo que hay es un intento por comprender. Comprender es un principio metodológico de la disciplina histórica: explicar no es justificar, es procurar razones de los sucesos en un determinado contexto. Es como cuando en salud pública se estudian las condiciones que propagan una epidemia. El propósito no es justificar el virus ni “usar” la pandemia con protervos fines, sino evitar que se repita.
Otro de los cargos a la CVR es que negó el mérito de las FF.AA., la policía, los ronderos. Otra falsedad. Si nos quedamos en el mismo capítulo vemos el reconocimiento de que las Fuerzas del Orden aprendieron de sus errores, lo que resultó fundamental para vencer a Sendero; del “impecable” trabajo de la inteligencia policial; de la determinante labor de las rondas campesinas para derrotar al terrorismo. Y un sentido homenaje a los que cumplieron con su deber y a los que sobrevivieron en las zonas más golpeadas por la violencia.
Lo que sí hizo la CVR fue diferenciar, distinguir entre el soldado que murió defendiendo la democracia y el que torturó en una base. Entre el policía del GEIN y el que participó en una desaparición. Pero esa distinción no iguala a las instituciones con el terrorismo, reconoce, más bien, que hubo quienes actuaron defendiendo a la nación, justamente la misión de las Fuerzas del Orden. Pero, el negacionismo no quiere distinguir, quiere desprestigiar, no acepta evidencia, no escucha las voces de las víctimas, sólo descalifica de “ideologizada” a una verdad que no le gusta, pero tampoco intenta rebatirla en términos académicos e intelectuales.
La verdad-relato de la que nos habla la CVR es una verdad en minúscula, como todas las verdades que aporta el conocimiento científico. No es inmutable, la propia CVR afirmó que su verdad era “perfectible”. 23 años después del Informe han salido diversas investigaciones que precisan conclusiones estadísticas y numéricas, o complementan y profundizan algunos casos tratados, o que matizan la figura del estado ausente en zonas muy puntuales. Pero Mendonça no quiere perfeccionar, quiere deslegitimar, desfigurar y amputar. Aquí tenemos el extremo al que puede llegar el aceptar que un trabajo basado en 17 mil testimonios, en cruce documental, de años de investigación, sea sólo una “versión”4. No podemos confundir episteme con doxa. Opinión e investigación no están al mismo nivel en el itinerario de la verdad.
Interpretemos los documentos con otro marco teórico, si lo juzgamos necesario. Para eso está el archivo, impresionante regalo que nos ha dejado la CVR. O busquemos nuevos testimonios. Pero, hay que alejarse de descalificaciones sin argumentos. Seamos serios, no como el escrito de Sebastião Mendonça, que no quiere más verdad, sino menos memoria. Pide que olvidemos a las comunidades andinas donde hubo la mayoría de los muertos. Que olvidemos para que cierto statu quo no cambie.
Recordar es responsabilidad y no revanchismo. En las páginas del Informe están expuestos abusos y excesos que nunca debieron ocurrir, y que, en efecto, deberían provocarnos vergüenza como sociedad y Estado, como bien dice la CVR. Pero en esas páginas también hay múltiples casos que dan esperanza y orgullo patrio.
Ahí están los: “actos de coraje, gestos de desprendimiento, signos de dignidad intacta (…)Ahí se encuentran quienes no renunciaron a la autoridad y la responsabilidad que sus vecinos les confiaron (…) quienes desafiaron el abandono para defender a sus familias convirtiendo en arma sus herramientas de trabajo; (…) quienes pusieron su uerte al lado de los que sufrían prisión injusta; (…) los que asumieron su deber de defender al país sin traicionar la ley; (…) quienes enfrentaron el desarraigo para defender la vida”.(3)
*Doctor en Historia, profesor universitario y gestor público
