América Latina | De los territorios a las plataformas: feminismos populares debaten una estrategia regional – Por Alejandra Rizzo
América Latina | De los territorios a las plataformas: feminismos populares debaten una estrategia regional – Por Alejandra Rizzo
Referentes feministas, sindicales, territoriales y políticas de diferentes países de América Latina y el Caribe participaron del Pre Encuentro de Feminismos Populares Latinoamericanos, organizado por Nodal el 30 de septiembre, rumbo al 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersex y No Binaries, que se realizará en Córdoba, Argentina.
Este evento, tradicionalmente reúne a feminismos y diversidades de todo el país y la región en espacios de reflexión caracterizados por la autogestión, la participación y la democracia. En ese marco el Pre Encuentro virtual se planteó para poner en común los problemas que se repiten a lo largo de la región: la precarización de la vida, crisis de los cuidados, violencia política, ofensivas contra derechos conquistados y una nueva disputa que atraviesa plataformas digitales, algoritmos e inteligencia artificial.
La pregunta que recorrió el encuentro fue cómo construir respuestas capaces de atravesar también las fronteras. Si muchos de los procesos económicos, culturales y tecnológicos que afectan a mujeres y diversidades tienen alcance regional y global, ¿pueden los feminismos populares construir una estrategia en esa misma escala?
En esta previa se congregaron así referentes de Argentina, Cuba, Venezuela, Ecuador, Brasil, México, Colombia, Chile, Honduras, República Dominicana, El Salvador y Uruguay. La propuesta fue analizar qué ocurre en cada país, cómo impactan esas transformaciones sobre mujeres y diversidades y cuáles son las herramientas políticas y organizativas para intervenir frente a ese escenario.
Una de las primeras coincidencias apareció en las condiciones materiales de vida. Trabajo, salarios, pobreza, vivienda, alimentación, endeudamiento, servicios públicos, acceso a la salud y cuidados no fueron planteados como problemas separados, sino como parte de una misma disputa por las condiciones en las que se reproduce la vida.
Desde Venezuela, Ana Luisa Sepúlveda, de la Federación Comunal de Apure y la Unión Comunera, planteó que no alcanza con reconocer que las mujeres sostienen los territorios. También es necesario discutir en qué condiciones lo hacen y cómo pueden distribuirse y colectivizarse las tareas de cuidado.
En Brasil, Lisandra Wedes, del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, vinculó feminismo, soberanía alimentaria y reforma agraria. Renata Reyes, de la Marcha Mundial de las Mujeres, incorporó otra dimensión del mismo problema: la tensión entre la acumulación de capital y el sostenimiento de la vida.
Desde Ecuador, la socióloga y comunicadora Irene León planteó la necesidad de que los feminismos construyan una agenda económica, geopolítica y tecnológica propia. Incorporó al debate la concentración de poder en las grandes plataformas y las formas de violencia que circulan en los entornos digitales.
Desde México, Natalia, integrante del Instituto Nacional de Formación Política de Morena, destacó la formación territorial y las asambleas populares, pero también la necesidad de disputar las narrativas en redes sociales frente a la desinformación. En Argentina, Mónica Macha señaló esa doble dimensión de las tecnologías: pueden reproducir violencias y discursos misóginos, pero también fueron herramientas centrales para procesos de organización como Ni Una Menos y la lucha por el aborto legal.
Durante el Preencuentro convivieron perspectivas vinculadas al feminismo popular, comunal, campesino, sindical y territorial; posiciones que reivindican la intervención institucional y otras que ponen el acento en la autonomía de los movimientos. Algunas participantes plantearon la necesidad de construir herramientas electorales; otras hablaron de poder comunal, organización territorial, sindicalismo o articulación internacional.
Estas discusiones adquieren una dimensión particular, cuando se mira el escenario latinoamericano, el avance de los neo fascismos, las políticas de securitización y militarización de los territorios y con ellas, los discursos de odio hacia la llamada “ideología de género”. Así la violencia política contra las mujeres, los ataques contra derechos sexuales y reproductivos, la precarización económica, las desigualdades en los cuidados y la criminalización de quienes se organizan aparecen, con características distintas, en varios países de la región.
Desde Cuba, María Teresa Fernández, quien logró vencer las dificultades que impone el bloqueo económico para participar de la reunión, relató cómo el avance de la ultraderecha en la región, fortalece las agresiones y las medidas coercitivas que hoy se aplican a su país.
Con la voz de la diáspora palestina, Tilda Rabí, presidenta de la Federación de Entidades Palestinas en Argentina expresó: “Cuando decimos liberación colectiva, estamos hablando como pueblos que se están despertando una vez más y por eso.Tenemos que ser radicales feministas, intersecccionales y decoloniales en nuestras resistencias, impulsadas por la rabia, el amor y el granero de justicia, transformación y liberación colectiva. Acá nadie se salva solo. Nadie se salva solo. Tenemos que resistir además la narrativa colonial hegemónica y no dejemos de hablar por eso de Palestina, de Cuba, de Argentina, de nuestros pueblos originarios, con nuestras familias, amigues, es decir, en todos los ámbitos”.
Desde Brasil, Andresa Caldas señaló la situación de mujeres indígenas, campesinas, negras, quilombolas y de las periferias. Desde Honduras, Abigail Flores advirtió sobre la violencia de género, los feminicidios, las restricciones a los derechos sexuales y reproductivos y los riesgos que enfrentan las defensoras de derechos humanos. Desde Chile, Margarita Peña, de la Coordinadora Feminista 8M, planteó una agenda que articula trabajo, vivienda, derechos sexuales y reproductivos, antirracismo y lucha contra la precarización.
No hay una experiencia latinoamericana única ni una respuesta que pueda trasladarse de un país a otro. Lo que sí aparece es la posibilidad de reconocer problemas comunes y, a partir de allí, construir articulaciones.
Rumbo al Encuentro Plurinacional de Córdoba, el desafío es continuar articulando los debates y las luchas de los feminismos populares que fortalezcan, de la virtualida a las calles, la organización y los vínculos.
El Preencuentro no cerró esa discusión, la dejó abierta, cómo conectar las experiencias que ya existen en barrios, sindicatos, organizaciones campesinas, comunas, instituciones y plataformas digitales; qué alianzas pueden sostenerse en el tiempo y qué capacidad existe para disputar, también a escala regional, las condiciones materiales, los sentidos y las formas de poder.
Si los problemas se organizan a escala regional, las respuestas también pueden tejerse en la glocalidad.
*Alejandra Rizzo, es militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Feminista Aquelarre en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de NODAL
