Recursos naturales en Haití: entre el mito de la riqueza oculta y una realidad sin explorar
Por Paula Companioni*
En el imaginario geopolítico del Caribe, Haití suele ser descrito como un territorio con un potencial minero casi mítico. Desde la ocupación estadounidense de 1915 hasta los debates contemporáneos sobre el desarrollo económico, la narrativa del “país sentado sobre una mina de oro” ha sido recurrente. Sin embargo, la realidad actual dista mucho de esta ficción.
Mientras su vecina República Dominicana anuncia hallazgos de tierras raras en Pedernales, Haití se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿Qué hay realmente bajo su suelo? Este artículo analiza tres puntos clave —qué minerales existen, dónde están y el tamaño real de las reservas— para concluir con una reflexión sobre cómo esta incertidumbre se convierte en un arma de doble filo en el volátil panorama geopolítico actual.
Minerales existentes: Oro, cobre y bauxita
La geología de Haití, marcada por el choque de placas tectónicas, ha dotado a la isla de un subsuelo variado. Los estudios geológicos señalan la presencia de oro, cobre y bauxita, así como potencial para cobalto y, según especulaciones recientes, tierras raras.
El sociólogo haitiano Jean Eddy Saint Paul, en una entrevista reciente, confirma esta perspectiva: “Hoy en día está muy de moda el tema de minerales y tierras raras. Creo que en Haití tenemos ambas cosas. Es un país muy importante en términos de minerías y tierras raras”.
Sin embargo, el mito choca con la realidad técnica. Claude Prépetit, director de la Oficina de Minas y Energía de Haití (BME), denunció en febrero de 2025 que el país no ha invertido en investigación minera desde 1993 y que en 2012 se detuvieron todas las actividades de exploración de metales. Esto significa que, aunque existe la certeza geológica de la presencia de estos minerales (hay muestras y vetas conocidas), no hay datos actualizados sobre su concentración, viabilidad económica o pureza. Haití carece del mapa moderno que convierte la geología en economía.
La ubicación de estos recursos no es fortuita y tiende a concentrarse en las zonas montañosas y en las fallas geológicas que atraviesan el país. Históricamente, los principales permisos de exploración se han otorgado en la región norte, específicamente en el Macizo del Norte, donde se encuentran vetas de oro y cobre.
Uno de los puntos más críticos en la actualidad es la frontera sur, en la zona de Belle-Anse y Anse-à-Pitre, en el departamento Sureste. Tras el descubrimiento de 114 depósitos de tierras raras en Pedernales (lado dominicano), los geólogos estiman que es probable que la misma formación geológica se extienda al territorio haitiano. Esta zona es densamente poblada por agricultores y está ubicada sobre fallas sísmicas activas, lo que convierte cualquier intento de explotación en un problema de alta complejidad social y ambiental.
Aquí es donde el mito colapsa ante la realidad. La respuesta honesta es que no se sabe con certeza el tamaño de las reservas. Haití no tiene un inventario actualizado.
Mientras que en la década de 1970 y 1980 se habló de un potencial significativo de oro y cobre, la falta de exploración sistemática durante más de 30 años ha dejado al país en una situación de ceguera informativa. Lo que existe no son reservas probadas (como en Chile o República Dominicana), sino “recursos inferidos” o simplemente concesiones de exploración otorgadas a empresas extranjeras en el pasado —como la estadounidense Newmont— que realizaron exploraciones preliminares, pero no avanzaron a la fase de extracción debido a la inestabilidad social y a la oposición comunitaria.
De hecho, entre 2006 y 2013, se otorgaron más de 50 permisos de exploración sin una adecuada evaluación de impacto ambiental, lo que generó conflictos por el desalojo de campesinos, pero no una producción efectiva. Haití, por tanto, es un país con una riqueza potencial aún sin cuantificar, atrapado en la fase especulativa de la minería.
En el actual panorama global, marcado por la transición energética y la demanda de minerales estratégicos (como las tierras raras necesarias para baterías y tecnología), el desconocimiento sobre el subsuelo haitiano no es un vacío inocente. Es, en realidad, un espacio de disputa discursiva y geopolítica.
El profesor Jean Eddy Saint Paul aporta una clave histórica fundamental: ya en 1924, durante la ocupación estadounidense, geólogos como Wendell P. Woodring estudiaron a fondo el subsuelo haitiano y publicaron un informe detallado (en el libro titulado Geology of the Republic of Haiti). “Los mejores expertos de los Estados Unidos han estudiado el suelo y el subsuelo. Por eso, de acuerdo con las informaciones de este libro, estratégicamente es un país muy importante porque tiene litio, recursos naturales, minerales y tierras raras”, señala.
La paradoja, según Saint Paul, es que mientras República Dominicana tiene élites capaces de negociar sus recursos, en Haití “los que mandan no tienen la capacidad de negociar con Estados Unidos qué es lo que es conveniente para la sociedad haitiana”.
Existe una narrativa interesada en presentar a Haití como un “Estado fallido” para justificar la intervención extranjera bajo el pretexto de la “estabilidad”. No es una receta nueva: durante la ocupación de 1915, Estados Unidos controló el Banco Nacional y se apropió de tierras; hoy, la presión del Banco Mundial y las potencias extranjeras promueven la minería como solución económica, a pesar de la oposición de las comunidades locales que ven en esta industria una amenaza de despojo.
Para el sociólogo haitiano, cualquier explotación de estos recursos debería pasar por un cambio político profundo: “Para explotar o hacer algunas concesiones con empresas o compañías extranjeras, necesitamos tener a gente nacionalista o patriota tanto en el Congreso como en la Presidencia, que vea por los intereses del pueblo haitiano y que no vean que los recursos naturales son un fin en sí mismo, sino que son un medio que debe contribuir para el bienestar de la población”.
El mito de los recursos naturales actúa entonces como una espada de Damocles. Por un lado, alimenta las esperanzas de un desarrollo económico milagroso; por otro, legitima los intentos de injerencia, el daño ambiental, el acaparamiento de tierras y la explotación sin beneficio local.
En un mundo con conflictos activos por la posesión de petróleo, litio, cobre y tierras raras, Haití se enfrenta al riesgo de que su vulnerabilidad sea aprovechada para convertir sus recursos (cuya magnitud real desconoce) en un botín para potencias externas, repitiendo la tragedia de otros países del Sur Global donde la maldición de los recursos ha perpetuado la inestabilidad en lugar de la prosperidad.
*Este artículo es la segunda entrega de la «Serie: La minería en Haití — contexto, riesgos y debates», construida en el marco del Programa de Defensa de Territorio de la Universidad Itinerante de la Resistencia en Haití.
Haití: ¿crisis permanente o castigo histórico? – Por Paula Companioni
Fuentes consultadas:
Diario Libre. Haitianos se preguntan si tienen tierras raras tras el hallazgo en Pedernales. Ver: https://www.diariolibre.com/mundo/haiti/2025/02/18/en-haiti-se-pregunta-si-tiene-tierras-raras/3002520
López Soto, Ximena Damaris. El concepto de “Estado fallido” como estrategia para la explotación en Haití (CLACSO). Ver: https://conferenciaclacso.org/programa/resumen_ponencia.php?&ponencia=Conf-1-1439-35442&eje=13
Somos Pueblo. Tras el hallazgo en Pedernales, Haití se pregunta si también tiene tierras raras. Ver: https://somospueblo.com/tras-el-hallazgo-en-pedernales-haiti-se-pregunta-si-tambien-tiene-tierras-raras/
Entrevista propia al profesor Jean Eddy, sociólogo haitiano (sin publicar).
