Brasil| El Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra siembra conciencia: la lucha continúa en otro “Abril Rojo”

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Brasil | El Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra siembra conciencia: la lucha continúa en otro “Abril Rojo”

En Brasil, el 17 de abril es una herida abierta en la tierra. Cada año, el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) vuelve a ocupar, marchar y debatir para impedir que la memoria campesina quede enterrada bajo el avance de la agroindustria. En 2026, esa jornada vuelve a poner una pregunta en el centro: quién controla la tierra y para qué se produce.

En diálogo con NODAL, Paula Ribeiro Guimarães, encargada del sector de producción del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil, planteó que el “Abril Rojo” nace de una masacre, pero no vive como lamento.

 

El MST convirtió esa fecha en una acción política permanente. La prensa brasileña nombró así a la masacre de abril; el movimiento tomó ese nombre y le cambió el sentido: «Llevar a cabo esta acción precisamente para destacar y rememorar esta fecha y este acontecimiento cada año, y para provocar nuevos debates y mantener siempre vigente el tema en lo que respecta a la necesidad de seguir luchando por la reforma agraria». Lo que buscó ser una etiqueta para criminalizar la lucha pasó a ser una bandera para recordar, organizar y volver a poner la reforma agraria y la soberanía alimentaria en la agenda pública.

Brasil tiene tierra, tiene agua y tiene trabajo campesino, pero la tierra está concentrada. Esa concentración viene de lejos, nació con la colonización y se reorganizó con la agroindustria. Hoy, el campo brasileño aparece muchas veces como una postal de exportación de soja, carne, puertos, maquinaria, mercados externos. Pero detrás de esa imagen hay una disputa social, de un lado, un modelo que concentra propiedad, crédito y decisión; del otro, las familias campesinas que producen alimentos y reclaman acceso a la tierra.

Esa disputa también atraviesa al Estado brasileño. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una relación más cercana con las demandas populares que los gobiernos de derecha, pero esa cercanía no elimina una estructura. “Aunque ahora tenemos un gobierno alineado con nosotros y más cercano a nuestra causa, persiste una desigualdad estructural en la forma en que el Estado brasileño favorece a la agroindustria y perjudica a la agricultura familiar. Por ello, hemos organizado un importante debate para comenzar a elaborar nuestras propuestas y presentarlas al próximo gobierno de Lula, lo cual esperamos que suceda, ya que necesitamos reelegir al presidente Lula para evitar el regreso del fascismo a nuestro país”. Sin embargo, los recursos públicos siguen favoreciendo más al agronegocio que a la agricultura familiar. El problema necesita de mayor presión social, organización y una reforma agraria que no sea promesa de campaña, sino política concreta.

Por eso el MST no separa memoria y acción. En abril ocupa tierras, realiza marchas y convoca a sus militantes en distintos puntos de Brasil. Este año, la Jornada Nacional de Luchas por la Reforma Agraria tuvo acciones en veinte municipios, trece estados y el Distrito Federal de Brasilia, con alrededor de dieciséis mil militantes movilizados, según informó el propio movimiento. Esa cifra no es solo un número: es una forma de mostrar que el reclamo no está aislado en un territorio, sino que recorre el mapa brasileño como una red de disputa social.

El 17 de abril también excede a Brasil. La Vía Campesina, articulación internacional de movimientos rurales, convirtió esa fecha en el Día Internacional de la Lucha Campesina. La razón es concreta: los enemigos de la agricultura campesina no actúan solos ni de manera local. Las corporaciones, los fondos de inversión y los grupos exportadores se organizan a escala global. Frente a eso, los pueblos también necesitan construir fuerza internacional. América Latina no puede pensar la tierra como un problema nacional aislado. La tierra define soberanía alimentaria, arraigo, trabajo y poder político.

El MST también entiende que la reforma agraria no puede quedar encerrada en el campo, “Organizamos una gran feria nacional de reforma agraria una vez al año en la ciudad de São Paulo, precisamente con la idea de traer a todo el movimiento de los campesinos sin tierra a la ciudad, ocupando la ciudad con nuestra gente de forma productiva para dialogar con la sociedad e introducir la agenda de la reforma agraria, de modo que puedan acercarse a ella y comprender que la reforma agraria es importante para toda la sociedad brasileña y no solo para los campesinos, con el fin de distribuir la tierra y favorecer la producción de alimentos sanos y agroecológicos». La operación política es simple y profunda: mostrar que la reforma agraria no interesa solo a quien no tiene tierra, sino también a quien come, a quien trabaja, a quien paga alimentos caros y a quien vive en ciudades cada vez más separadas de su propio sustento.

La lucha campesina discute el precio de la comida, la calidad de lo que llega a la mesa y el destino de los territorios. También discute democracia, porque una sociedad donde pocos controlan la tierra es una sociedad donde pocos controlan una parte decisiva de la vida. La reforma agraria no es una consigna vieja, sino es una respuesta concreta a un presente marcado por la concentración, el hambre y la dependencia.

Como reflexión final, Paula convocó a la organización en red a nivel nacional e internacional: “porque nuestros enemigos también están organizados globalmente. Nosotros, como trabajadores, como pueblos, también necesitamos organizarnos globalmente para fortalecernos. Así que continuemos juntos en la lucha, no nos desanimemos porque necesitamos cada vez más trabajo de base, involucrar a los trabajadores, dialogar desde las bases con los pueblos, la importancia de fortalecernos y unirnos”, en un claro mensaje a las organizaciones campesinas del mundo en un contexto tan especial.

Brasil vuelve a abrir esa discusión desde la tierra. No lo hace solo para recordar una masacre. Lo hace para afirmar que la memoria popular no puede quedar quieta. Si el agronegocio avanza organizado, la respuesta campesina también debe organizarse. En Brasil y en toda América Latina, se reafirma que, si es la tierra quien produce vida, no puede quedar sometida al negocio de unos pocos.

 

*Paula Ribeiro Guimarães es ingeniera agrónoma, encargada del sector de producción del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil, y forma parte de la dirección política del movimiento, integrando la junta directiva estatal.

Suplemento especial elaborado por el equipo del Centro de Estudios Agrarios, coordinado por Carolina Sturniolo, Bruno Ceschín y Fernando Rizza.

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