¿Qué hay detrás del escándalo Adorni? Guerras por la conducción de una nueva etapa en la Argentina – Por Emilia Trabucco
¿Qué hay detrás del escándalo Adorni? Guerras por la conducción de una nueva etapa en la Argentina
Por Emilia Trabucco*
Los quinientos mil dólares que Manuel Adorni -Jefe de Gabinete del gobierno de Javier Milei- incorporó mediante la rectificación de sus declaraciones juradas, cuya explicación remitió a ahorros familiares e inversiones en criptomonedas, volvieron a colocar en el centro de la escena una discusión que excede ampliamente a un funcionario.
La secuencia abierta por el caso $LIBRA, la utilización de la denominada Ley de Inocencia Fiscal, la decisión presidencial de sostener políticamente a Adorni pese al creciente costo político, las tensiones con sectores aliados y la presencia en la Argentina de actores vinculados al nuevo capitalismo financiero-tecnológico constituyen manifestaciones de una misma disputa: la conducción de una nueva etapa del bloque de poder y de una nueva arquitectura de la relación entre capital y trabajo.
La política argentina suele presentar estos procesos bajo la forma de escándalos individuales. Sin embargo, los grandes cambios en la estructura económica rara vez se expresan como debates doctrinarios. Se manifiestan como guerras internas, desplazamientos de funcionarios, operaciones mediáticas, disputas judiciales y reconfiguraciones de alianzas. Lo que hoy aparece alrededor de Manuel Adorni constituye una expresión política de una discusión mucho más profunda: quién administrará el Estado durante la transición hacia una economía organizada alrededor de plataformas digitales, inteligencia artificial, datos, finanzas desreguladas, criptomonedas y recursos estratégicos.
La llegada de Javier Milei al gobierno fue posible por una convergencia excepcional entre distintas fracciones del capital alrededor de un programa común de desregulación, apertura y reforma del Estado. Esa alianza permitió construir una mayoría política, pero no eliminó las contradicciones entre quienes la integran. Una vez conquistado el aparato estatal, comenzó una disputa por la orientación concreta del proyecto y por la administración de los nuevos espacios de acumulación.
Por eso, la principal contradicción política de la etapa se desarrolla al interior del propio bloque de poder que sostiene al gobierno. El denominado Círculo Rojo, históricamente presentado como un espacio relativamente homogéneo del gran empresariado, aparece hoy atravesado por una tensión entre dos proyectos de acumulación, donde juegan empresarios, jueces y servicios de inteligencia.
Por un lado permanece un Círculo Rojo Analógico, integrado por los grandes grupos industriales, financieros, energéticos, exportadores y de servicios que durante décadas estructuraron las relaciones entre Estado y capital: Rocca, Eurnekian, Ratazzi, Macri, entre otros . Es el bloque construido alrededor de las privatizaciones, el sistema bancario, la obra pública, los grandes contratos estatales y las formas tradicionales de lobby empresarial. Su capacidad de influencia se expresa en cámaras empresariales, estudios jurídicos, medios de comunicación, consultoras y vínculos históricos con el sistema político.
Frente a él emerge un Círculo Rojo Digital, representado en el Ejecutivo por Santiago Caputo y expresión de una Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica cuyo poder ya no depende principalmente de la propiedad de activos físicos sino del control de plataformas, infraestructura digital, datos, inteligencia artificial, capital de riesgo y finanzas globales. Su lógica no consiste únicamente en producir bienes sino en controlar redes, algoritmos, información y nuevas formas de intermediación económica. La valorización se desplaza desde la fábrica hacia la plataforma y desde la propiedad material hacia el conocimiento y el procesamiento de datos.
Su articulación local encuentra uno de sus principales espacios en Endeavor, organización que articula una nueva élite empresarial. Allí confluyen actores como Eduardo Elsztain, Marcos Galperín, Martín Migoya y Alec Oxenford, junto con fondos de inversión y redes internacionales de innovación. La expansión de plataformas digitales, billeteras virtuales, inteligencia artificial, automatización, endeudamiento financiero y criptoactivos modifica las formas de producción, consumo y control social. Esa transformación requiere un Estado capaz de garantizar nuevas reglas de juego, reducir capacidades regulatorias y facilitar mecanismos de acumulación antes inexistentes.
Entre esas fracciones opera una forma específica de intermediación política que no constituye una fracción económica autónoma sino un dispositivo de administración del Estado. El clan Menem, lo que podría definirse como la lumpenpolítica, expresa esa lógica: Karina Milei como eje articulador y persona de máxima confianza e influencia sobre el presidente, acompañada por “Lule” Menem y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Representa una tecnología política de articulación entre negocios privados, estructura partidaria e instituciones públicas. La ingeniería parlamentaria, la construcción territorial, la distribución de cargos, la negociación permanente y la capacidad de convertir intereses económicos en decisiones estatales constituyen su principal función dentro del oficialismo.
Por eso resulta insuficiente interpretar las tensiones entre Karina Milei, Santiago Caputo, Martín Menem, Patricia Bullrich u otros dirigentes como simples disputas personales. Detrás de esas diferencias se encuentran distintas formas de administrar la transición y distintas alianzas dentro del propio bloque de poder.
El caso Adorni se inscribe precisamente en ese contexto. La rectificación de sus declaraciones juradas incorporando aproximadamente quinientos mil dólares previamente no informados y atribuidos, entre otras razones, a inversiones en criptomonedas produjo un efecto político inmediato. La utilización del régimen de Inocencia Fiscal por parte del propio jefe de Gabinete y de su entorno convirtió una herramienta impulsada por el gobierno en un problema político para el gobierno.
La Ley de Inocencia Fiscal fue presentada como un instrumento destinado a simplificar la regularización patrimonial y reducir cargas administrativas. Sin embargo, el hecho de que uno de los principales funcionarios recurriera a ese régimen inmediatamente después de conocerse inconsistencias patrimoniales trasladó el debate desde el plano tributario hacia el plano político.
Con el caso $LIBRA y el escándalo de corrupción que envolvió al propio binomio Javier-Karina Milei, el universo de las criptomonedas ingresó en la agenda pública asociado a una operatoria que terminó perjudicando a miles de inversores mientras las responsabilidades políticas permanecían difusas. Ahora vuelve a aparecer en el centro de la escena a través del patrimonio de uno de los principales funcionarios del gobierno. Lo significativo es que ambos aparecen asociados al núcleo político que impulsa una transformación estructural de la economía basada en desregulación financiera y digitalización.
En esa misma secuencia debe ubicarse la presencia -cada día más pública- en la Argentina de Peter Thiel, fundador de PayPal y Palantir y una de las figuras más influyentes del capitalismo tecnológico contemporáneo. Sus reuniones con funcionarios, empresarios y dirigentes políticos reflejan el interés por un país que combina recursos energéticos, litio, capacidad agroalimentaria y un programa de desregulación favorable al capital global. La proyección de empresas como Palantir muestra además la creciente convergencia entre inteligencia artificial, análisis de datos, seguridad y funciones tradicionalmente reservadas al Estado.
La reacción presidencial terminó de politizar el conflicto. Javier Milei decidió sostener a Adorni aun cuando comenzaron a multiplicarse los pedidos de interpelación, las iniciativas parlamentarias y las críticas provenientes de sectores aliados. La continuidad del funcionario pasó a representar una decisión estratégica y pactos de impunidad de los que gozan hoy los representantes del Ejecutivo.
En este marco, el posicionamiento de Patricia Bullrich -que la desmarca del sostenimiento de Adorni en su cargo- expresa la incomodidad de una parte del bloque gobernante -o la oportunidad- frente a una conducción cada vez más concentrada en el núcleo Milei-Karina- Santiago Caputo. Bullrich representa un sector con vínculos propios dentro del establishment político y empresarial, cuya incorporación al oficialismo amplió la base de sustentación del gobierno pero no eliminó sus márgenes de autonomía. Cuando toma distancia del caso Adorni, expresa las tensiones entre distintas fracciones que buscan influir sobre la conducción del proyecto.
El sistema mediático asociado al Círculo Rojo acompañó ese movimiento. Clarín tituló sobre el “efecto Adorni” y el crujido de la mesa política oficialista y La Nación publicó notas sobre la declaración jurada, el pedido del PRO y la presión parlamentaria. En la historia argentina, los reacomodamientos del bloque de poder suelen anticiparse mediante desplazamientos de la agenda pública y modificaciones en las alianzas mediáticas que sostienen o condicionan a un gobierno.
También el viaje de Martín Menem a Israel puede leerse dentro de esta reorganización. La profundización de la subordinación del gobierno con Estados Unidos e Israel forma parte de una estrategia de inserción en redes internacionales donde convergen innovación tecnológica, defensa, inteligencia y financiamiento, habilitada por los Acuerdos de Isaac. La política exterior aparece así estrechamente vinculada al nuevo patrón de acumulación, y el nuevo viaje a Israel, esta vez de la mano del clan Menem, puede leerse en el marco de una búsqueda de apoyo político.
La dimensión judicial tampoco resulta ajena a esta arquitectura. La distinta velocidad con la que determinadas investigaciones adquieren centralidad pública y otras transitan circuitos de impunidad y silencio alimenta la percepción de una capacidad diferencial de protección institucional para ciertos actores económicos y políticos. La relación entre poder económico, sistema judicial y construcción de legitimidad constituye una pieza indispensable para comprender el funcionamiento del nuevo bloque de poder.
El nuevo “escándalo de corrupción” debe ser analizado como otra expresión de la guerra interna, ya que expresa la disputa por la conducción de una nueva etapa del capitalismo argentino, es decir, quién administrará la transformación de la infraestructura económica del país y qué fracción del bloque de poder conducirá un Estado reorganizado alrededor de plataformas digitales, inteligencia artificial, datos, criptomonedas, energía y recursos estratégicos. Mientras una sociedad golpeada por la caída del salario, el endeudamiento y la precarización encuentra una pausa emocional en el Mundial, esa disputa continúa desarrollándose en el corazón mismo del oficialismo y comienza a definir el lugar que ocupará la Argentina en la nueva arquitectura del capitalismo global.
*Psicóloga, Magíster en Seguridad. Directora de NODAL. Analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) en Argentina
