Empate pírrico: Rodrigo Paz vs Bolivia
Empate pírrico:
Rodrigo Paz vs Bolivia
Todo conflicto cambia la correlación de fuerzas, el de los últimos 50 días ha establecido un empate, el cual Rodrigo Paz vende como “victoria”.
Para ver este empate hay que retroceder tres horas antes del inicio del Estado de Excepción, Rodrigo Paz, con puño y letra, firma un acuerdo con la COB. El documento expresa diversos compromisos: No privatizar, no entregar los recursos naturales, no aplicar una “ley Antibloqueos”, no tocar la Constitución, evaluar todas las políticas públicas con las organizaciones sociales indígenas (urbano y rurales) y liberar a los detenidos durante las protestas.
Aquella firma fue la capitulación de Rodrigo Paz, en la concedió a la movilización cuanto querían con tal de terminar el conflicto y dejarlo en la silla presidencial. Abandonó su modelo económico, político y social con tal de seguir en el cargo.
Por ello el acuerdo fue polémico y la derecha saltó como leche hervida, las bancadas de Tuto y Samuel no tardaron en acusarlo de traidor, cobarde y tibio. Lo conminaron a romper el acuerdo para tener gobernabilidad en la Asamblea y, 3 horas después, el presidente que hablo junto a la COB de “paz y dialogo” ahora enunciaba orden, represión, persecución y muerte.
Del otro lado del conflicto, propios y extraños criticaron a la COB por el acuerdo, no por el contenido. La crítica radica en que no es posible creerle a un gobierno mitómano, que a la primera que pudo traiciono a su electorado y ante la presión popular quiso abandonar a sus patrones.
La crítica puede ser válida, pero ignora un hecho real: ahora existe un documento firmado por el presidente al cual se tiene que acoger y, de romperse, hace legitima cualquier movilización en contra del gobierno.
Y esta condicionante para el gobierno no es casual, es producto de la ola de protesta que arrinconó a Paz y su gabinete al límite. Por ello el gobierno buscó enterrar en la discusión aquel documento, que nadie se entere que el gobierno tiene una bomba de tiempo amarrada al pecho, con un cronometro que avanza lento pero seguro.
Porque si, Rodrigo Paz tiene que elegir entre cumplir aquel acuerdo que él mismo firmó con la COB o seguir gobernando para la elite de este país y todos sabemos lo que va a hacer, la única pregunta es desde cuándo.
Durante esa pausa, el gobierno busca destruir a la movilización lo más posible: persigue dirigentes, silencia voces, interviene ampliados, impone su narrativa con el servilismo de los medios de comunicación. Sin embargo, fracasan: la gente reclama por el combustible, la deuda externa crece, las críticas por la falta de solución aumentan y el descontento no cesa. El sol intentó tapar el sol con un dedo y decir que es de noche, mientras el país lo mira con una mezcla de burla y bronca.
Nos encontramos entonces frente a un empate pírrico, un empate que retrasa una derrota ya firmada por la derecha, reconocida por su presidente y postergada por la bota militar. Del otro lado del conflicto, las tareas se avocan a la rearticulación de sectores, a profundizar en la organización, reponer fuerza y avanzar en una pregunta central para la siguiente ola del conflicto: ¿Sale el pollo y luego qué? Aquí la respuesta no es lo importante, sino la pregunta que expresa una voluntad de poder: Bolivia es indígena, solo ellos la pueden gobernar.
El Choco
