La maquinaria digital de Nayib Bukele se expande por América Latina
Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
El Comercio
Nayib Bukele no necesita aparecer en una papeleta electoral para influir en unas elecciones. Sus videos, sus cárceles, su lenguaje y la promesa de recuperar el control frente al crimen ya forman parte de campañas políticas fuera de El Salvador. Un reportaje publicado por el periodista Daniel Castro en The New Yorker el 8 de agosto de 2026 analiza cómo la maquinaria de contenidos construida alrededor del presidente salvadoreño está modificando la conversación política en América Latina.
Castro, utiliza la reciente elección presidencial de Colombia para mostrar que el llamado modelo Bukele no se exporta solamente mediante leyes, cárceles o estados de excepción. También viaja a través de videos, símbolos, influenciadores y mensajes diseñados para convertir la seguridad en una experiencia emocional.
Colombia eligió presidente bajo la sombra de Bukele
Las celebraciones por la elección de Abelardo de la Espriella parecían, en algunos sectores de Medellín, las de un partido de fútbol. Hubo bocinas, vuvuzelas, camisetas amarillas y personas golpeando cacerolas desde los balcones. De la Espriella ganó la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026 con el 49,66 % de los votos. Iván Cepeda obtuvo el 48,70 %, según los resultados oficiales.
El nuevo mandatario colombiano, un abogado penalista sin experiencia previa en cargos públicos, construyó su campaña alrededor de una marca personal agresiva. Se presentó como “El Tigre”, utilizó imágenes del animal generadas con inteligencia artificial y convirtió la camiseta amarilla de la selección colombiana en un símbolo de su movimiento.
La estrategia combinó nacionalismo, confrontación política y promesas de mano dura contra el crimen. De la Espriella expresó públicamente su admiración por Bukele y llegó a decir que el presidente salvadoreño parecería moderado frente a las medidas que él estaba dispuesto a aplicar.
The New Yorker sostiene que esta narrativa encontró terreno fértil en el deterioro de la seguridad durante el Gobierno de Gustavo Petro. Su política de “Paz Total” intentó negociar simultáneamente con diferentes grupos armados, pero no consiguió reducir su presencia territorial. Según los datos recogidos por el reportaje, los homicidios alcanzaron su nivel más alto de los últimos tres gobiernos y el número de integrantes de organizaciones armadas aumentó un 90 % durante la administración de Petro.
El temor personal puede pesar más que la ideología
La reportería de Daniel Castro muestra que la admiración por Bukele no se limita a los votantes de derecha.Un barbero de Medellín, identificado como Jhonatan, le contó que tenía posiciones progresistas sobre educación y salud. Sin embargo, había pasado tres días encerrado en la casa de sus abuelos durante un ataque guerrillero y, cuando salió, encontró cadáveres en las calles.
Esa experiencia influyó en su respaldo a De la Espriella. Para él, los videos de Bukele representaban algo más poderoso que una propuesta electoral: la posibilidad de que un gobernante eliminara el miedo que había marcado su infancia.El periodista relata que encontró reacciones parecidas entre ciudadanos de México, República Dominicana y Venezuela. La frase que escuchó repetidamente fue sencilla: “Ojalá tuviéramos un presidente así”.
Esta dimensión permite entender por qué las denuncias sobre autoritarismo o vulneraciones al debido proceso tienen menor efecto entre parte de la audiencia. La promesa de vivir sin miedo se conecta con experiencias personales que no siempre pasan por una identificación ideológica.
Los videos de Bukele entraron en la campaña colombiana
Durante la campaña, Iván Cepeda cuestionó las políticas de Bukele y afirmó que había convertido a El Salvador en una enorme prisión.La respuesta ocurrió principalmente en las plataformas digitales. Cuentas favorables a De la Espriella difundieron imágenes del Centro de Confinamiento del Terrorismo, conocido como Cecot, y presentaron las críticas de Cepeda como una muestra de debilidad frente al crimen.
Los videos también circularon por WhatsApp, fuera de las cuentas oficiales y de los espacios tradicionales de información. De la Espriella se reunió con WestCOL, uno de los streamers más populares de Colombia, y defendió abiertamente la aplicación de una estrategia inspirada en Bukele.
Castro incluso encontró en un mercado de Medellín un retrato del presidente salvadoreño. La banda presidencial de El Salvador había sido reemplazada por los colores de Colombia.
El estratega político Julián Kanarek explicó al periodista que el populismo de derecha no es nuevo en Colombia. Lo novedoso es que un país pequeño de Centroamérica consiga imponer una de las principales narrativas de una campaña presidencial sudamericana.
Cómo funciona la maquinaria digital de Nayib Bukele
La estrategia comunicacional de Bukele no depende únicamente de sus perfiles personales. Combina producción audiovisual, medios estatales, cuentas anónimas, influenciadores, plataformas digitales y una distribución que continúa en WhatsApp, YouTube y TikTok.
Una investigación publicada por Reuters en 2022 entrevistó a tres antiguos contratistas que aseguraron haber trabajado en estructuras dedicadas a crear respaldo ficticio, amplificar mensajes oficiales y atacar a periodistas y opositores.
Los trabajadores describieron el uso de cientos de cuentas anónimas y automatizadas. Parte de su labor consistía en elogiar las decisiones presidenciales, desacreditar a los críticos y denunciar sus publicaciones para intentar que las plataformas suspendieran sus perfiles.
Reuters también accedió a un documento interno del Departamento de Estado de Estados Unidos que analizaba la estrategia de comunicación salvadoreña. El informe advertía sobre la difusión masiva de propaganda, la deslegitimación de la prensa y la ocupación del espacio público digital. La Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia no respondió entonces a las preguntas sobre las denominadas granjas de troles.
Bukele dirige personalmente sus escenas y videos
La maquinaria no funciona al margen de Bukele. El mandatario participa directamente en la construcción de su imagen.
Damian Merlo, lobista estadounidense y asesor de política exterior del presidente salvadoreño, explicó a The New Yorker que aproximadamente el 90 % de las decisiones sobre contenidos proviene del propio Bukele. El resto correspondería principalmente a su hermano Karim.
Bukele propone escenas, revisa videos y modifica las explicaciones de los funcionarios cuando considera que no transmiten el mensaje adecuado.Uno de los primeros ejemplos de esa capacidad ocurrió en 2019. Durante su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Bukele se tomó una fotografía desde el podio y sostuvo que esa imagen sería vista más veces que los discursos pronunciados durante la jornada.
La escena parecía desafiar la solemnidad de la ONU, pero anticipó una característica de su comunicación: el acontecimiento político pierde importancia frente a la imagen capaz de circular.
El Cecot se convirtió en un escenario audiovisual. Es el principal símbolo visual de esa estrategia. Los videos oficiales no se limitan a documentar una visita presidencial. Utilizan tomas aéreas, caravanas de vehículos negros, iluminación intensa, formaciones militares y recorridos cuidadosamente organizados.
Bukele aparece como la autoridad que inspecciona, pregunta y aprueba. Los funcionarios lo esperan en posición formal y las explicaciones se ajustan al relato presidencial.
Las imágenes de presos tatuados, con la cabeza rapada y encerrados bajo luces blancas, han recorrido el mundo. La culpabilidad individual, los procesos judiciales y las condiciones de detención quedan fuera de encuadre.
En 2024, el youtuber mexicano Luisito Comunica recorrió el Cecot. El video superó los 70 millones de reproducciones, según The New Yorker. Uno de sus comentarios más populares sostenía que todos los países de América Latina necesitaban una prisión semejante.
