Foro Madrid en Chile: la internacional de las derechas disputa cuerpos, trabajo y sentido común – Por Rizzo Alejandra
Foro Madrid en Chile: la internacional de las derechas disputa cuerpos, trabajo y sentido común
Este 3 y 4 de septiembre, dirigentes políticos, funcionarios, fundaciones y usinas de pensamiento de la derecha internacional se reúnen en Santiago de Chile. Más que una coordinación electoral, el Foro Madrid permite observar la construcción de un proyecto para América Latina que articula liberalización económica, securitización y ofensiva sobre los derechos conquistados por los feminismos y las diversidades.
Si quisiéramos obtener una fotografía de la reorganización de las derechas en América Latina, alcanzaría con mirar al Foro Madrid. La alianza impulsada por el partido español Vox reúne en Chile a representantes de más de 25 países, en un escenario regional donde Javier Milei, presidente de Argentina; Nayib Bukele, presidente de El Salvador; Daniel Noboa, presidente de Ecuador, José Antonio Kast, presidente de Chile, y Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia, expresan, con diferencias nacionales, proyectos que combinan liberalización económica, reducción de las capacidades estatales, endurecimiento de las políticas de seguridad y cuestionamiento de derechos conquistados.
La articulación desborda a los gobiernos, partidos, empresarios, fundaciones, iglesias, medios de comunicación, plataformas digitales y centros de formación construyen redes internacionales para compartir estrategias, formar cuadros y disputar sentidos. El Foro Madrid es una de las expresiones más visibles de ese proceso.
Una internacional para disputar la conducción
El Foro Madrid fue impulsado en 2020 por la Fundación Disenso, el centro de pensamiento vinculado a Vox que preside el diputado español Santiago Abascal. Su documento fundacional, la Carta de Madrid, presenta a la organización como una alianza en defensa de la “libertad”, la “democracia” y el “Estado de Derecho” frente al socialismo.
Entre quienes adhirieron a esa articulación aparecen dirigentes que hoy ocupan lugares centrales en la política internacional: Milei, Kast, Giorgia Meloni, primera ministra de Italia; la dirigente opositora venezolana María Corina Machado y el diputado brasileño Eduardo Bolsonaro.
Bogotá en 2022, Lima en 2023, Buenos Aires en 2024 y Asunción en 2025 fueron puntos de encuentro de una red que construye territorialidad propia en América Latina y mantiene además vínculos con la derecha estadounidense. La participación en Santiago de Kevin Roberts, presidente de la Heritage Foundation y uno de los referentes del denominado Proyecto 2025, permite dimensionar el alcance de esa trama.
La agenda del encuentro sintetiza su orientación, seguridad hemisférica, desregulación económica, propiedad privada, lucha contra el socialismo, el papel de Estados Unidos en América Latina y la llamada “defensa de Occidente”.
No se trata solamente de coordinar campañas. Estas fuerzas buscan construir una orientación común capaz de intervenir sobre la crisis y conducir políticamente el malestar social de esta nueva fase.
Libertad para el capital, disciplina para la vida
La “libertad” que organiza buena parte del discurso de estas derechas adquiere contenidos concretos, desregulación de mercados, reducción de impuestos al capital, flexibilización laboral y mayores garantías para las inversiones.
Chile permite observar las consecuencias sociales de ese programa. El gobierno de José Antonio Kast impulsó durante 2026 la Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social, que redujo el impuesto corporativo del 27% al 23%, otorgó mayores garantías tributarias a determinadas inversiones extranjeras e incorporó nuevas formas de flexibilización contractual.
Mientras se amplían garantías para el capital, avanzan recortes que afectan particularmente a las mujeres. El Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género sufrió una reducción presupuestaria de 2.741 millones de pesos chilenos —alrededor de 2,9 millones de dólares—. La Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer (PRODEMU) perdió cerca del 8% de su presupuesto anual y en junio comenzó además el cierre del Programa Mujeres Rurales, desarrollado durante 34 años junto al Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP).
El deterioro del mercado laboral tampoco se distribuye de manera uniforme. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la desocupación llegó al 9,5% en el trimestre mayo-julio, pero entre las mujeres alcanzó el 10,3%, frente al 8,9% de los varones.
Como bien sabemos, el ajuste siempre pesa más sobre la vida de las mujeres y diversidades. Cuando se reducen políticas públicas, se deterioran los salarios o se precariza el empleo, las necesidades sociales no desaparecen: se trasladan hacia los hogares y recaen principalmente sobre quienes históricamente sostienen las tareas de cuidado y reproducción de la vida.
La promesa de libertad económica convive así con una profundización de las responsabilidades que recaen sobre los cuerpos y el tiempo de las mujeres.
Por qué el feminismo aparece en la mira
El ataque a los feminismos no puede analizarse entonces como un componente meramente cultural de estos proyectos.
Durante décadas, los movimientos feministas hicieron visible aquello que el orden patriarcal había presentado como natural, que las mujeres garantizaran gratuitamente el cuidado y la reproducción cotidiana de la vida; que la maternidad fuera un destino inevitable; que la familia heterosexual constituyera la única forma legítima de organización social o que las decisiones sobre los cuerpos estuvieran subordinadas a autoridades religiosas, familiares o estatales.
También politizaron la violencia, los salarios, la división sexual del trabajo, los derechos sexuales y reproductivos y las identidades de género. En sus expresiones populares, articularon además esas demandas con las luchas por el trabajo, la deuda, los territorios y la soberanía.
Por eso los feminismos constituyen un problema político para los proyectos que buscan restaurar jerarquías, ponen en discusión relaciones sociales fundamentales para organizar la reproducción de la sociedad.
En Argentina, una de las primeras áreas sobre las que avanzó el gobierno de Milei fue la institucionalidad construida alrededor de las políticas de género. Al desfinanciamiento y eliminación de programas se sumó una ofensiva discursiva sostenida contra el movimiento feminista.
En agosto, durante una exposición ante el Council of the Americas, Milei volvió a responsabilizar a la legalización del aborto por la caída de la natalidad y calificó aquella conquista como “la locura de los pañuelitos verdes”. Sin embargo, las estadísticas oficiales muestran que el descenso de la natalidad argentina comenzó varios años antes de la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.
La asociación entre aborto, maternidad y crisis demográfica no es casual. Frente a la crisis de reproducción social, sectores conservadores vuelven a presentar la familia tradicional y los roles históricos de género como respuestas posibles.
Chile: cuando el programa avanza sobre los cuerpos
En Chile esa disputa adquirió durante los últimos meses una expresión concreta. Parlamentarios del Partido Republicano, fuerza fundada por Kast, junto con representantes del Partido Nacional Libertario impulsaron el proyecto “Escucha su corazón”.
La iniciativa busca modificar las condiciones de acceso a la interrupción del embarazo dentro de las tres causales permitidas en el país y plantea que el personal médico ofrezca a la mujer escuchar la actividad cardíaca embrionaria o fetal antes del procedimiento.
El Colegio Médico de Chile y organizaciones feministas cuestionaron el proyecto por considerar que introduce mecanismos de presión emocional sin fundamento médico. Bajo la consigna “Escucha mi decisión”, mujeres y organizaciones salieron a las calles para defender la autonomía sobre sus cuerpos.
La discusión excede una ley. Lo que aparece detrás es quién tiene autoridad para decidir sobre los cuerpos y bajo qué relaciones sociales se organiza la reproducción de la vida.
La disputa sigue abierta
La dimensión internacional del Foro también expone una contradicción. Mientras sus integrantes reivindican la soberanía nacional frente a supuestas intervenciones externas, construyen una red transnacional donde fundaciones españolas articulan con dirigentes latinoamericanos, centros de pensamiento estadounidenses participan de encuentros regionales y estrategias políticas circulan de un país a otro.
Esa organización tampoco encuentra un territorio sin resistencias. Mientras las derechas se reúnen en Santiago, la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), la Coordinadora Feminista 8M, organizaciones sindicales y espacios populares convocaron movilizaciones contra el encuentro.
La respuesta permite observar el otro lado de la coyuntura. La precarización de la vida, el endeudamiento, el deterioro de los ingresos y la incertidumbre no producen automáticamente una orientación política. Ese malestar puede ser conducido hacia proyectos que prometen orden y respuestas individuales, pero también puede transformarse en organización colectiva.
El Foro Madrid demuestra que las derechas trabajan activamente para disputar esa conducción, construyen redes, forman cuadros, producen discurso y articulan estrategias internacionales.
Para los feminismos populares, el desafío excede entonces la defensa de cada derecho conquistado. Implica articular la lucha por el aborto con el trabajo; los cuidados con la deuda; la violencia de género con la precarización; la autonomía de los cuerpos con la soberanía de los territorios.
Esa capacidad de conectar conflictos que suelen aparecer fragmentados explica parte de la potencia política que los feminismos construyeron en América Latina y también por qué ocupan un lugar central en la ofensiva de estas derechas.
La disputa sigue abierta: quién logra organizar ese malestar, quién sostiene la vida y bajo qué relaciones sociales queremos construirla.
*Alejandra Rizzo, militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Feminista Aquelarre en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de Nodal
