Venezuela: La reactivación económica y el financiamiento de la Agroindustria en la Nueva Fase del Capitalismo – Por Por Matías Strasorier y María Rizzo

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Venezuela: La reactivación económica y el financiamiento de la Agroindustria en la Nueva Fase del Capitalismo

Por Matías Strasorier y María Rizzo*

En la economía venezolana, funcionan las nuevas formas de generar valor que son propias de esta nueva fase del capitalismo. Una de ellas es financiar las empresas agroindustriales desde el teléfono, ¿Existen las condiciones en la economía en Venezuela para invertir en bonos de deuda de empresas agroindustriales?

Históricamente, Venezuela fue una economía típicamente rentista que importaba entre el 70% y el 80% de los alimentos procesados y materias primas agrícolas. El bloqueo petrolero obligó a un viraje productivo estructural. Bajo esta óptica, la reactivación de empresas como Purolomo (abasteciendo más del 50% de la proteína avícola nacional) y GENICA no es un fenómeno casual de mercado, sino el resultado directo de una política gubernamental deliberada de sustitución de importaciones y estímulo al campo nacional que logró abastecer los supermercados con producción 100% hecha en Venezuela. 

La actividad agroindustrial, y en general la cadena agroalimentaria completa, es uno de los sectores de la economía venezolana que impulsa la recuperación en los últimos cinco años (2021–2026). No se trata de un crecimiento comparable al del auge petrolero, pero sí, evidencia la superación de la guerra económica y las medidas coercitivas impuestas por EEUU y sus aliados. El Gobierno venezolano logró que la economía nacional se recupere poco a poco y esto se observa en los datos duros y los números, rompiendo los relatos de redes y medios de comunicación opositores.

De acuerdo con los registros del Observatorio Venezolano de Antibloqueo, el país ha sido objeto de más de 930 medidas coercitivas unilaterales (MCU) directas e indirectas desde 2014. El efecto central de este andamiaje sancionatorio fue el estrangulamiento de los ingresos externos del Estado, provocando una caída superior al 90% en los ingresos petroleros en divisas entre 2014 y 2020, junto con el congelamiento de activos soberanos en el exterior (como CITGO, reservas de oro en el Banco de Inglaterra y más de 22.000 millones de dólares en cuentas bancarias internacionales retenidas por el bloqueo financiero). A nivel de la economía real, la imposibilidad de operar en el sistema de pagos internacionales (SWIFT) y la cancelación de cartas de crédito afectaron severamente la importación de semillas, fertilizantes, vacunas veterinarias, repuestos de maquinaria y materia prima industrial, obligando al aparato productivo a operar en condiciones de desabastecimiento de insumos sin precedentes. 

Claro que falta mucho por mejorar, pero Venezuela se encuentra en una recuperación económica y disputando riquezas que se producen socialmente en el país. Esta afirmación se sostiene en la práctica cotidiana, podemos tomar como ejemplo las ruedas de inversiones en empresas agroindustriales como PUROLOMO o GENICA, en la cual observamos que actualmente cualquier venezolano o venezolana, que tenga desde $100 (DOLARES CIEN) en adelante, puede convertirse en un inversor de dichas empresas. Pero ¿existen estos pequeños inversionistas o es una mentira del chavismo?

El financiamiento de la Agroindustria en la Nueva Fase del Capitalismo

El cierre del último ciclo en la Bolsa de Caracas registró una masa de más de 18.000 inversionistas registrados, lo que confirma que la virtualización del microahorro es una parte importante del pulmón financiero de la industria nacional de alimentos.

Las estadísticas consolidadas del mercado bursátil venezolano revelan que entre el 65% y el 72 % de los inversionistas de corporaciones como Purolomo o GENICA, son personas que invierten montos de entre $100 y $500 dólares. Aunque las tesorerías institucionales y las grandes empresas aportan el mayor volumen del dinero en montos concentrados, la cantidad atomizada de participantes está dominada abrumadoramente por ciudadanos de a pie, pequeños comerciantes, productores agropecuarios y profesionales independientes (finanzasdigital.com 2026).

En la empresa agroindustrial PUROLOMO, entre 450 a 600 pequeños inversionistas que participan en cada rueda de emisión de deuda tipo de 1 millón de dólares. Este segmento absorbe cuotas que promedian los $300 por individuo, y el grupo inyecta conjuntamente alrededor de $150.000 a $180.000 dólares directo a las cuentas de capital de trabajo de las plantas lácteas y de alimentos. PUROLOMO es una empresa con 4.000 empleados y más de 25 puntos de producción entre granjas y plantas, contribuyen al 54% de la producción de pollo nacional, 35% de huevos de consumo, 15% de la fabricación de embutidos y 60% de la elaboración de alimento balanceado para animales.

Por cada inversión se paga una tasa anual en dólares del 12% aproximadamente, siempre a tipo de cambio oficial o BCV. Es un porcentaje bastante más alto que el que paga la banca tradicional por un plazo fijo en dólares, claro que estamos hablando de una inversión que asume riesgos que la banca tradicional no presenta… en teoría.

Otro ejemplo es el de la empresa agroindustrial GENICA (General de Alimentos Nisa), una de las corporaciones agroindustriales de capital privado más importantes, consolidadas y tradicionales de Venezuela dentro del sector lácteo y de consumo masivo, nacida en la ciudad de Maracaibo, Estado Zulia (cuna histórica de la mayor cuenca lechera del país). Las ruedas de emisión de deudas, en GENICA, se fragmentan mediante series más cortas y continuas, que oscilan entre los $250.000 y $650.000 dólares por tanda, como sus recientes series de septiembre de 2026.  El perfil de sus pequeños inversionistas de $100 a $500 está fuertemente concentrado en el occidente del país (Estados Zulia y Lara); son los mismos productores medianos del campo o comerciantes regionales de lácteos quienes inyectan su dinero en la bolsa para capitalizar a la empresa que les compra o les provee marcas como Dalvito o Campestre. 

Es importante resaltar que, para que los pequeños inversionistas puedan participar de este tipo de “negocio”, existe un mecanismo legal de protección (El «Frenazo» a los Grandes), ejecutado por la Superintendencia Nacional de Valores (Sunaval). Este mecanismo obliga por normativa a que las primeras cinco jornadas hábiles de cualquier oferta pública estén reservadas de forma exclusiva para los pequeños y medianos inversionistas. Las tesorerías bancarias o grandes fondos mutuales tienen prohibido entrar en esa fase inicial, permitiendo que el microahorro del trabajador agote las primeras series de las empresas más cotizadas.

Lejos de la rigidez doctrinaria, el Gobierno demostró capacidad de adaptación al utilizar los propios mecanismos del mercado (papeles comerciales, indexación para blindar contra la devaluación y digitalización capilar) para quebrar la asfixia del cerco financiero externo. En esta perspectiva, el modelo no abandona la justicia social: la redefine garantizando que el trabajador participe en el rendimiento de la riqueza que él mismo produce y consume, manteniendo operativas las fábricas y garantizando el alimento en las mesas venezolanas en el contexto más hostil de su historia. 

Esto se produce por la digitalización e informatización del sector financiero, lo que hace que la virtualidad se convierta en un territorio más. En este caso sucede sin necesidad de asistir a la Bolsa de Caracas o a una rueda de inversiones en algún hotel de lujo.

En esta nueva fase del capitalismo, puede ser inversor financiero un trabajador del sector comercio en el centro de Caracas o un productor de Lara que logra cubrir sus gastos más inmediatos y le queda un pequeño excedente equivalente a 100 dólares estadounidenses. Abre una aplicación de corretaje digital desde su teléfono inteligente y compra un Papel Comercial Indexado de la empresa agroindustrial Grupo Purolomo.

En la fase anterior del capitalismo, ese dinero terminaría estático en una cuenta bancaria descapitalizada o bajo el colchón.

Al realizar esta transacción de apenas un click, este sujeto se desvincula del esquema bancario tradicional y pasa a financiar de manera directa la producción agroindustrial. A los pocos meses, la empresa agroindustrial le devuelve su capital protegido de la devaluación junto a una ganancia limpia (interés neto o cupón) de entre el 11% y el 12% anual en dólares (Purolomo Emisiones BVC). Con esos bolívares indexados que retornan a su billetera digital, el mismo trabajador camina hacia un supermercado (o bodega, nombre popular con el que se conocen a los almacenes en Vzla) y compra 500 gramos de jamón cocido producido por la misma empresa que él financió. 

La falta de billetes físicos y la necesidad de evadir el rezago cambiario, forzaron al país a construir un territorio virtual que hoy opera como una realidad económica. Las aplicaciones móviles de las casas de bolsa y los sistemas de pago inmediato transformaron los teléfonos en terminales de inversión capilar. Ya no se necesita ser un gran banquero de la aristocracia tradicional para participar en las inversiones de las bolsas; la virtualización permitió el acceso al mercado de capitales a cualquier persona… claro, que cuente con un excedente de $100 en adelante.

Independientemente de las valoraciones políticas e ideológicas, este fenómeno no se gestó en el vacío. El marco institucional para que el mercado interno se dinamizara durante el último lustro responde a un viraje en las políticas públicas del Gobierno Bolivariano presidido por Nicolás Maduro Moros.

 

*Médicos Veterinarios, integrantes del Centro de Estudios Agrarios y miembros de la Brigada Argentina Permanente Diego Armando Maradona en Venezuela.

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