Las desigualdades patriarcales de siempre (los cuidados) y la pandemia en América Latina y el Caribe – Por Laura Ximena Iturbide, especial para NODAL

Mujeres portan mascarillas como medida de prevención contra la enfermedad causada por el nuevo coronavirus (COVID-19) mientras caminan en una calle de La Habana Vieja, en La Habana, capital de Cuba, el 6 de abril de 2020. (Xinhua/Joaquín Hernández).
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Por Laura Ximena Iturbide *

Como advierten muchos organismos nacionales e internacionales en los últimos meses, los efectos de la pandemia del COVID 19 tendrán resultados más graves en los sectores más pobres de la sociedad, producto de la retracción de las economías en todo el mundo. Veremos que las desigualdades que genera la pandemia se complementan con las desigualdades de género estructurales, también denominadas cuidados, y que no será posible una salida de la crisis sin abordarlo desde el Estado.

Un informe emitido por la CEPAL (2020) advierte que la pandemia del COVID 19 en Latinoamérica profundizará las desigualdades entre varones y mujeres, no sólo por el aumento en las horas del trabajo doméstico, sino también por la importancia de las mujeres como trabajadoras en los sistemas de salud, que representan más del 70% de las personas ocupadas en el área; y por la caída del empleo doméstico en casas particulares, que mayoritariamente lo llevan adelante mujeres en condiciones informales en toda la región.

Los cuidados representan la organización del ámbito doméstico, desde la elaboración de todas las comidas del día, el cuidado de niñez y adolescencia,  acompañamiento escolar y otras actividades como la limpieza y provisión de insumos, el cuidado de personas con discapacidad y/o personas mayores; y la organización de asistencias médicas o de otra característica que requieran las otras múltiples tareas.

Trabajamos cerca de seis horas al día en los cuidados, frente a dos o menos horas que realizan los varones al día, según relevamientos de Instituto Nacional de Estadísticas (INDEC), garantizando la inserción laboral de otras personas de la familia, sin recibir reconocimiento ni pago alguno.

La socióloga Karina Batthyány estudia la región y los cuidados y observa que Chile inicia sus debates sobre los cuidados desde el programa “Chile Crece Contigo”, aunque ha tenido  resultados focalizados. Costa Rica desde la Red Nacional de Cuido en 2010 abre los debates y las propuestas, pero todavía está lejos de conseguir universalizar la respuesta a los cuidados, mientras que Ecuador puso en discusión los cuidados en la Constitución del 2008 y el Plan Nacional de Buen Vivir, desde legislaciones y con programas específicos.

En Latinoamérica las desigualdades sociales responden a la provisión desigual de cuidado familiar y social y que las responsabilidades de los cuidados desarrollan un círculo vicioso, donde quienes tienen más ingresos cuentan con un mayor acceso a cuidados de calidad, en circunstancias que tienen menos miembros del hogar que cuidar. Y quienes disponen de menos recursos para los cuidados mercantiles, acumulan desventajas por el trabajo doméstico familiar, la inaccesibilidad a los servicios públicos y los contextos de informalidad para resolver los cuidados.

Uruguay desde 2015 es la única experiencia de Sistema Nacional de Cuidados Integrales (SNCI), aunque con el cambio del gobierno nacional en 2019 corre riesgos de ajuste, como se denuncia en los últimos meses. Los gobiernos recientes en Argentina y México han expresado su compromiso político con la temática de los cuidados, pero aún desde debates legislativos y relevamientos nacionales, respectivamente.

Los cuidados no sólo comprometen los escenarios actuales de niñas, jóvenes, mujeres y disidencias, además proyecta una vejez sin jubilación para quienes no salen a trabajar para que otres en la casa puedan hacerlo, quedando a merced de las políticas sociales coyunturales, por fuera de un sistema previsional.

El COVID 19 augura caídas en todas las economías del globo, y América Latina ya era un escenario de grandes desigualdades.  Es un escenario excepcional que puede habilitar la revisión de las desigualdades preexistentes, y para eso es necesario llevar los cuidados a un ámbito público, para que empiecen a ser esfuerzos colectivos materializados en políticas de Estado y obras públicas.

* Politóloga, docente de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), Argentina


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