El nuevo espíritu del capitalismo en la era digital – Por Marcio Pochman

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Marcio Pochman *

La instrumentalización de las luchas feministas y antirracistas por parte del mercado revela la astucia del sistema: la diversidad en la cima no puede servir como máscara para mantener las desigualdades materiales en la base.

 1. El capitalismo posee una característica histórica única: su capacidad para transformar crisis y críticas en oportunidades para su propia renovación. A diferencia de los sistemas económicos que sucumben ante los desafíos y crisis sociales, el capitalismo suele sobrevivir porque logra incorporar algunas de las críticas y demandas que cuestionan sus fundamentos.

Esta es la tesis central de Luc Boltanski y Ève Chiapello en *El nuevo espíritu del capitalismo *. Al analizar el período posterior a las revueltas de mayo de 1968, los autores demostraron cómo el capitalismo no solo absorbió las críticas dirigidas contra la jerarquía, la burocracia, la alienación del trabajo y la falta de autonomía individual inherente al modelo de empleo fordista que se extendió en la posguerra, sino que también las convirtió en principios de una nueva organización económica neoliberal.

La empresa rígida y de estructura vertical del pasado ha dado paso a la compañía flexible, innovadora y conectada en red. Del mismo modo, valores asociados a las críticas culturales de la década de 1960, como la creatividad, la autonomía y la adaptabilidad, se han convertido en elementos centrales de la competitividad empresarial.

El neoliberalismo no eliminó las jerarquías, sino que las reconfiguró sustituyendo la supervisión directa por la autogestión y transfiriendo la responsabilidad del desempeño al propio trabajador. Bajo la lógica del «emprendedor de uno mismo», el individuo comenzó a disfrutar de una falsa autonomía en la que la presión por alcanzar los objetivos se internaliza, y así, el éxito o el fracaso empresarial pasó a considerarse mérito o culpa exclusivamente individual, generando un aumento significativo del agotamiento psicológico y el síndrome de burnout , como lo destacan Pierre Dardot y Christian Laval en *La nueva razón del mundo : un ensayo sobre la sociedad neoliberal * y Byung-Chul Han en *Psicopolítica : neoliberalismo y las nuevas técnicas de poder *.

La gran capacidad de reconfiguración del capitalismo no solo ha consistido en resistir a sus críticos, sino también en aprender de ellos, adaptarse y seguir dominando. En este sentido, surgen dos de las mayores transformaciones sociales que se están produciendo en el primer tercio del siglo XXI, un fenómeno probablemente similar al que se desarrolla actualmente debido a las importantes luchas por la emancipación de la mujer y contra las desigualdades raciales.

2. El auge de la denominada economía SHEparece reflejar un profundo cambio histórico. La expansión de la educación femenina, la mayor participación de las mujeres en el mundo laboral, el aumento de su autonomía financiera y su creciente presencia en puestos de toma de decisiones representan logros sociales forjados a lo largo de décadas de movilización.

Un estudio de Morgan Stanley, por ejemplo, un importante banco de inversión multinacional y empresa de servicios financieros de Estados Unidos, identificó este fenómeno como una de las principales tendencias económicas del siglo XXI, destacando que para 2030, aproximadamente el 45 % de las mujeres estadounidenses de entre 25 y 44 años podrían ser solteras. Estos datos se refieren específicamente a la situación de las mujeres solteras, aunque forman parte de un proceso demográfico más amplio caracterizado por el aplazamiento de la maternidad, la disminución de las tasas de natalidad y las transformaciones en las estructuras familiares.

Más que un cambio de comportamiento, se trata de una transformación en la organización misma de la sociedad. El capitalismo contemporáneo reconoció rápidamente este cambio.

3. La autonomía de la mujer ha impulsado nuevos mercados en inversión, vivienda, salud, educación, jubilación, tecnología y servicios personalizados. La longevidad femenina se ha convertido en un sector económico estratégico. Las nuevas estructuras familiares están generando una mayor demanda por parte de los consumidores.

La emancipación también se ha interpretado como una oportunidad económica. Y esta es la principal contradicción del capitalismo contemporáneo, que puede reconocer e incorporar avances sociales sin necesariamente alterar todas las estructuras que generan desigualdad.

Esta tensión se pone de manifiesto en el análisis de Nancy Fraser, Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya, que se encuentra en Feminismo para el 99% . Las autoras advierten sobre el llamado neoliberalismo progresista, en el que las legítimas agendas de reconocimiento, diversidad e igualdad pueden coexistir con políticas económicas marcadas por la ortodoxia de la financiarización, el trabajo precario y la concentración de la riqueza.

El problema, evidentemente, no radica en lograr la igualdad de género. El reto consiste en asegurar que esta igualdad no se limite a un sector privilegiado de la población, sino que llegue a la mayoría de las mujeres, especialmente a aquellas que sufren las mayores vulnerabilidades económicas y sociales.

 4. El mismo debate surge en el ámbito racial. La creciente presencia de personas negras en universidades, empresas, instituciones públicas y puestos de liderazgo representa un avance democrático fundamental e innegable. La representación es crucial porque nos permite derribar barreras históricas y cambiar patrones de exclusión.

Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que la diversidad en los puestos de poder debe ir de la mano de la transformación de las condiciones materiales que estructuran las desigualdades. Esto se debe a que una sociedad puede ser más diversa en la cima y seguir siendo desigual en su base.

Por lo tanto, la cuestión central no radica en elegir entre representación y transformación estructural. Una sociedad democrática necesita ambas dimensiones simultáneamente: por un lado, ampliar la presencia de los grupos históricamente excluidos y, por otro, modificar las estructuras económicas y sociales que limitan la difusión de oportunidades.

El capitalismo de principios del siglo XXI parece encaminarse hacia una nueva etapa en la que la vida misma se transforma en un espacio de valoración económica. Los datos personales se convierten en un activo estratégico, la inteligencia artificial reorganiza el trabajo, la transición ecológica redefine las inversiones y la economía del cuidado cobra mayor relevancia.

5. La diversidad se está integrando en las estrategias empresariales e institucionales. Por lo tanto, la economía femenina no es solo un fenómeno relacionado con las mujeres. Revela un cambio más amplio, donde el centro de la acumulación económica se desplaza de la fábrica a la vida social misma.

En el pasado del capitalismo industrial, el principal recurso era la fuerza de trabajo. En el presente del capitalismo digital, la información, el conocimiento, el tiempo, los comportamientos, los vínculos sociales y las formas de vida se vuelven fundamentales.

El gran debate del segundo cuarto del siglo XXI probablemente estará marcado por esta nueva fase de construcción de una sociedad más democrática o, simplemente, de un capitalismo más sofisticado, capaz de incorporar las críticas y las nuevas exigencias de la era digital. La historia demuestra que el capitalismo suele transformar la controversia en innovación. Así ocurrió después de 1968. ¿Podría repetirse con las agendas feministas y antirracistas actuales?

El reto para las sociedades contemporáneas parece residir en la lucha por incorporar estos logros sin reducir los derechos sociales a meras estrategias de mercado. La verdadera emancipación no se medirá únicamente por la presencia de mujeres y personas negras en puestos de liderazgo, aunque esto sea indispensable.

Se medirá por la capacidad de construir una sociedad en la que la igualdad, la diversidad y la dignidad sean características estructurales y no meras oportunidades selectivas para el progreso económico. Este parece ser un tema crucial derivado del nuevo espíritu del capitalismo digital, que se transforma a través de su capacidad de adaptación a los mercados cambiantes de la propia sociedad.

*Catedrático de economía en la Unicamp, es el actual presidente del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística).

A Terra e Redonda


 

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