Bolivia | Baile y revolución: El arte de pasar un bloqueo – Por Mishka y Jaime Iturri
Baile y revolución: El arte de pasar un bloqueo
Por Mishka y Jaime Iturri
Se ganan la vida tocando rancheras en un país que a pesar de estar a miles de kilómetros de México festeja cumpleaños al ritmo de “sigo siendo el rey”. Ahora el bloqueo se interpone entre su contrato y ellos. De pronto, alguien entre los bloqueadores grita “que canten” y los mariachis andinos llegan a un acuerdo: canciones por el pase.
No es un chantaje, es parte de lo que se conoce como reciprocidad andina. Así funciona el “preste” que hace posible la fiesta. Cada invitado lleva algunas cajas de cerveza (siempre en número par porque sin pareja no somos completos) y se anota en el cuaderno. Cuando el que ha “prestado” celebra algún acontecimiento, debe recibir la misma cantidad que entregó.
Ahora es música por el pase en un bloqueo que ya dura más de tres semanas y que el sábado no ha podido ser roto por la policía y el ejército. De manera muy sensata la Central Obrera Boliviana y las organizaciones campesinas han determinado que el corte de ruta continúa, pero si se deja pasar a ambulancias, a mujeres embarazadas y vehículos con medicinas y oxígeno que van rumbo a la rodeada sede de gobierno.
El grupo de mariachis comienzan con una canción que dice “el mariachi loco quiere bailar” pero, son tiempos nuevos, la cantan entonando “el mariachi loco quiere pasar”. Carcajadas y abrazos porque como dice Max Eastman en 1921, hace más de cien años: “La risa es, después del habla, lo principal que mantiene unida a la sociedad.”
El autor ruso Bajtín fue más allá cuando dice: «La risa carnavalesca es ante todo patrimonio del pueblo; todos ríen, la risa es general; en segundo lugar, es universal, contiene todas las cosas y la gente, el mundo entero parece cómico; por último, esta risa es ambivalente: alegre y llena de alborozo, pero al mismo tiempo burlona y sarcástica, niega y afirma, amortaja y resucita a la vez.»
Son un grupo de baile juvenil llamado los Turromanticos. Lo suyo es un ritmo parecido a la cumbia villera que tanto éxito tuvo en la Bolivia popular. Ellos cantan y las mujeres de pollera que hace minutos estaban calladas y solemnes llevan el ritmo con las palmas. “Porque en la vida no todo es pelear joven” dice doña Jacinta Barrios.
Con razón la anarquista judía norteamericana, Emma Golmán decía algo parecido a “Si no puedo bailar no quiero tu revolución”. Y por eso también William de Basketville, el personaje de Umberto Eco en El nombre de la rosa señalaba: “la risa … es respirar en medio de la tragedia”. Bailar y cantar también.
De frío y calor
Hace frío en los bloqueos, pues el invierno ya ha comenzado. De hecho, ha nevado la madrugada del domingo. Para los andinos esa es señal de buena suerte. Bailar desentumece, pero además pone las cosas en su lugar, esto es fiesta y revolución.
Y de esta tendencia de “pagar” el paso por el bloqueo no se salvan ni los estudiantes de colegio. Una banda de ellos toca el himno nacional. Ante eso no hay boliviano bien nacido que no se cuadre.
Hay quien vende un poco de ají de fideo a menos de un dólar el plato, que en realidad es un pedazo de papel sobre el que se sirve el alimento.
En otro bloqueo un grupo de chicas que hacen la coreografía de un grupo “chicha” bailan y los bloqueadores las llaman “lindas chiquillas”.
Hace años, en el golpe de Estado de 2019 los manifestantes en las llamadas “jornadas de agosto” que pedían elecciones para recuperar la democracia cantaban la sonada “a volver, a volver vamos a volver” resignificando el grito futbolero. También se escuchaba en las marchas la cueca “La caraqueña” que Nilo Soruco escribió en el exilio. “Pero he de volver no llores, mi amor, no llores mi amor ¡Nadie le pondrá Murallas a nuestra verdad! Nunca el mal duró, cien años ni hubo pueblo que resista. Ya la pagarán, no llores, prenda ¡Pronto volveré!” Y esperábamos el regreso de la democracia y de nuestros exiliados con la fe de quien lucha por lo que sueña.
Qué duda cabe que Bolivia, la más profunda, la más sacrificada pero también la más vital está en movimiento. Y la risa y el baile, acá son realmente subversivos porque finalmente se burlan de los poderosos y les dicen no los necesitamos para mover los cuerpos como queremos mover al gobierno.
Finalmente, como también decía Eastman: La risa pone tu cerebro, tu sistema nervioso central y todo tu ser en un estado de juego libre. Y qué mayor libertad que la de definir quién es dueño de las carreteras y los caminos. En resumen, quien es dueño de la patria.
La música y el baile, como los libros, también son espejo. Decía Umberto Eco en El nombre de la rosa: “solo se ve en ellos lo que uno lleva adentro”. Y lo que estos bolivianos llevan adentro es resistencia, alegría y la certeza de que las carreteras son suyas porque el espejo no sólo te devuelve tu reflejo, sino también tu ilusión. Y la ilusión es que esta revolución con canciones, vítores y danzas devuelva al pueblo lo que siempre fue suyo, la capacidad de decidir el rumbo de su patria.
*Mishka Iturri es integrante de Movimiento de Resistencia Plurinacional. Miembro del espacio comunicacional «El club del Té con Té”.
Jaime Iturri Salmón, Jimmy. Periodista desde hace más de 40 años y docente titular de la Universidad de San Andrés, en Bolivia. Autor de 28 libros.
