La “magnífica humanidad” ó la torre de babel digital: la Iglesia entra al debate de la IA – Por Lina Merino

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La “magnífica humanidad” ó la torre de babel digital: la Iglesia entra al debate de la IA

Por Lina Merino*

El Papa León XIV publicó su primera Encíclica, Magnifica Humanitas, para fijar la posición de la Iglesia católica sobre el “fenómeno civilizatorio” que representa la revolución tecnológica actual.

Su primer gran documento político confirma que León XIV eligió su nombre papal en una clara evocación a León XIII, quien en 1891 publicó Rerum Novarum, la encíclica que intervino sobre la cuestión obrera en plena Revolución Industrial. Exactamente 135 años después, el nuevo León hace el mismo gesto, y hace que la Iglesia Católica irrumpa en el gran debate de una nueva fase en el modo de producción capitalista: la financiera-digital.

El 15 de mayo de 2026, fecha de firma de la Encíclica, Donald Trump aterrizó en Pekín acompañado por algunas de las principales figuras de la Aristocracia Financiera y Tecnológica estadounidense: Jensen Huang, CEO de Nvidia; Elon Musk, al frente de Tesla y SpaceX; Tim Cook, CEO de Apple; Sanjay Mehrotra, de Micron; y Cristiano Amon, de Qualcomm. A ellos se sumaron representantes de grandes conglomerados financieros e industriales como BlackRock, Boeing, GE Aerospace, Goldman Sachs y Citigroup.

Del lado chino, como parte del banquete de Estado y de la arquitectura empresarial-política desplegada por Beijing para recibir a la delegación estadounidense, destacó la presencia de Zhou Qunfei, presidenta de Lens Technology – uno de los mayores fabricantes mundiales de pantallas y componentes para Apple, Tesla y otras firmas tecnológicas -, Lei Jun, fundador y CEO de Xiaomi; Yang Yuanqing, CEO de Lenovo; Liang Rubo, CEO de ByteDance, empresa propietaria de TikTok; Zhou Yunjie, titular de Haier Group, gigante mundial de electrodomésticos; junto a directivos de grandes conglomerados estratégicos chinos como Hisense, Wanxiang Group, Fuyao Glass, Air China y COMAC.

Aquel banquete fue toda una manifestación política de la personificación social dominante de la nueva fase capitalista, es decir, de la Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica (NAFT). En torno a la mesa se sentaron los principales núcleos de poder de las plataformas digitales, la inteligencia artificial, los semiconductores, la industria aeroespacial, las finanzas planetarias, la logística, las telecomunicaciones y la producción industrial avanzada. Allí estaban representados los intereses estratégicos vinculados al control de los chips, las tierras raras, la inteligencia artificial, las cadenas de suministro, la infraestructura digital y la disputa por la conducción tecnológica e industrial del siglo XXI. Pero también estaban en discusión las necesidades urgentes de estabilización del sistema mundial frente al creciente desgaste geopolítico estadounidense.

En ese marco, los entendimientos alcanzados entre Washington y Pekín no pueden desvincularse del impacto producido por la derrota estadounidense frente al planteamiento estratégico iraní en Asia Occidental, donde Teherán logró erosionar la capacidad de coerción unilateral norteamericana y sionista, alterar el equilibrio regional y profundizar la crisis de sobreextensión militar y política de Washington. La cumbre de Pekín, por lo tanto, también expresó la necesidad de la elite dirigente occidental de reordenar parcialmente sus vínculos con China para administrar una lenta transición de poder mundial que hasta ahora no pudo ser detenida.

En ese sentido, la simultaneidad entre la cumbre de Pekín y la publicación de la Encíclica no parece un dato menor. Mientras en Peking se reunían las principales corporaciones tecnológicas, financieras e industriales que disputan la conducción de la economía mundial, el Papa León XIV intervino públicamente sobre las consecuencias humanas, éticas y civilizatorias de esa misma transformación histórica.

Para mayores gestualidades sobre la posición del Papa al interior de las tensiones de la NAFT, el 25 de mayo de 2026 durante la presentación oficial en el Aula del Sínodo del Vaticano, destacó la presencia del candiense Christopher Olah, cofundador de la estadounidense Anthropic, compañía de IA dueña de Claude y conocida en los últimos meses por enfrentarse a los lineamientos del Pentágono.

Fue uno de los tres disertantes y comenzó su intervención diciendo: “Todos los laboratorios de inteligencia artificial de vanguardia, incluido Anthropic, operan dentro de un conjunto de incentivos y restricciones que a veces pueden entrar en conflicto con hacer lo correcto”. Y continuó: “La presión por mantenerse comercialmente viables y permanecer en la vanguardia de la investigación. La presión geopolítica. Y las presiones más antiguas y simples del orgullo y la ambición. Por más sinceramente que cualquiera de nosotros intente hacer lo correcto, y creo que muchos lo hacemos, siempre estaremos influenciados por esos incentivos”. Reconociendo así las diferencias de posiciones sobre el uso que se le puede dar a la IA.

El documento subtitulado «sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial» aborda el impacto de la revolución digital, la ética tecnológica y la dignidad humana. Describe un capitalismo que ya no acumula fundamentalmente a través de la producción industrial sino mediante la digitalización y la financiarización de la totalidad de la vida social. Los datos son el nuevo insumo estratégico. Los algoritmos son la nueva maquinaria. Y la infraestructura cognitiva global como los motores de búsqueda, redes sociales, sistemas de recomendación y modelos de lenguaje, es el nuevo territorio de acumulación.

El punto de partida de la encíclica es una imagen poderosa y deliberadamente bíblica. León XIV plantea que la humanidad se encuentra ante una bifurcación histórica fundamental: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”.

La metáfora de la Torre de Babel no es decorativa. En la tradición bíblica, Babel representa el proyecto humano de autodivinización mediante la técnica, la voluntad de alcanzar los cielos por medios propios, y su resultado: la confusión, la fragmentación, la incomunicación. León XIV sugiere que la carrera tecnológica actual (concentrada en pocas manos, acelerada sin marcos éticos, orientada a la maximización del poder) reproduce ese patrón. Frente a eso, el Papa propone construir no una torre, sino una ciudad: un espacio de convivencia, justicia, comunidad y trascendencia.

Esta imagen estructura todo el documento. La encíclica no condena la tecnología en sí misma, sino que distingue entre dos modos posibles de desarrollarla: uno que instrumentaliza a las personas en función del poder y la rentabilidad, y otro que pone la técnica al servicio de la dignidad humana y el bien común.

El Papa describe con precisión implacable la personificación que acumula mediante el dominio de datos, algoritmos y capacidades de procesamiento y dice que unas pocas corporaciones “monopolizan datos, algoritmos y capacidades de procesamiento, generando nuevas formas de dominación económica y cultural”.

Cuando León advierte que “quien controla la inteligencia artificial corre el riesgo de imponer su propia visión moral y antropológica sobre pueblos enteros”, está nombrando exactamente ese poder.

La falsa neutralidad 

Uno de los aportes más importantes de Magnifica Humanitas es su rechazo explícito a la supuesta neutralidad tecnológica. León XIV afirma que la inteligencia artificial “asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. Esta formulación teológica converge con lo que la investigadora Kate Crawford demuestra en su Atlas de la Inteligencia Artificial. “La IA no es una innovación tecnológica neutral u objetiva ni una fuerza espectral o incorpórea, sino una verdadera industria de extracción global”. «Los sistemas de IA son diseñados para servir a los intereses dominantes ya existentes: son, finalmente, un certificado de poder”.

La neutralidad tecnológica parece una ingenuidad, pero es toda una ideología. Y tiene sus intelectuales orgánicos. En el polo GAFAM-Silicon Valley, la Aristocracia Financiera y Tecnológica se dota de un andamiaje filosófico que va desde el posthumanismo de Nick Land, quien postula que la desregulación tecnológica total conducirá hacia estructuras sociales más «evolucionadas», hasta el tecno-mesianismo de Peter Thiel, el CEO de Palantir instalado en Argentina, cuya visión político-corporativa propone un tecnofascismo en el que el poder estatal se disuelve y es transferido a las grandes tecnológicas de Silicon Valley. Ray Kurzweil aporta el sueño de la singularidad, la fusión del cuerpo humano con la máquina, la inmortalidad tecnológica y el propio Elon Musk avanza con su proyecto Neuralink. Son los intereses de la Aristocracia Financiera y Tecnológica presentadas como la filosofía universal.

Es precisamente contra esas visiones que León XIV escribe algunos de los párrafos más lúcidos de la encíclica. Frente al transhumanismo y al posthumanismo, el Papa no niega la vocación humana de trascendencia, eso sería un conservadurismo vulgar, sino que la reubica: “La tradición cristiana afirma que el ser humano no está encerrado en los límites de la propia naturaleza, sino que está llamado a trascenderse a sí mismo; no para huir de la realidad o despreciar el límite, sino para realizarse en el amor”. La trascendencia de Thiel y Kurzweil es la fusión con la máquina. La trascendencia de León XIV es el amor, la responsabilidad, la comunidad.

Hay una dimensión de la encíclica que merece atención particular: la advertencia sobre lo que podríamos llamar una ominización invertida. El Papa afirma que las inteligencias artificiales “no atraviesan experiencias, no poseen cuerpo, no sienten alegría o dolor, no maduran mediante relaciones y no conocen desde dentro qué significan el amor, el trabajo, la amistad o la responsabilidad”. Esta distinción no es técnica: es antropológica. Los sistemas de IA simulan comprensión sin comprender, producen lenguaje sin habitar el lenguaje, toman decisiones sin responsabilizarse de ellas.

La Inteligencia Artificial no es Inteligencia y, mucho menos, conciencia. Hay un debate sobre nuestra existencia que debe caer para el lado de los Pueblos, desde una perspectiva humanista crítica.

Si se impone, por el contrario, la lógica algorítmica de optimización, eficiencia, predicción estadística, se corre el riesgo de que colonice las formas en que los seres humanos se relacionan, trabajan, deliberan y se gobiernan. La Nueva Aristocracia tiene un interés material en esa colonización: un ser humano reducido a un perfil de datos es más predecible, más manipulable y más rentable que un ser humano en toda su complejidad.

Humanismo crítico frente a la subsunción digital de la vida  

En consonancia con la tradición de la doctrina social latinoamericana y africana dentro de la Iglesia, la encíclica incorpora una crítica al “colonialismo digital”. Los países del Sur global corren el riesgo, señala León XIV, de convertirse en meros proveedores de tres insumos para las grandes plataformas tecnológicas: datos personales extraídos de sus poblaciones, minerales estratégicos y recursos energéticos necesarios para fabricar los chips que hacen funcionar la IA, y fuerza de trabajo precarizada para las tareas que los algoritmos todavía no pueden automatizar.

Este diagnóstico implica que la brecha tecnológica no es solo un problema de acceso a herramientas, sino una nueva forma de dependencia estructural que reproduce y amplifica las asimetrías planteadas en la Teoría de la Dependencia.

Además, la encíclica rechaza la narrativa tecno-optimista que promete que la automatización siempre crea más empleos de los que destruye, o que liberará a los seres humanos para actividades más creativas. Sin negar esa posibilidad, el Papa advierte que esos beneficios no son automáticos, y dependen de políticas de redistribución, reconversión laboral y protección social que los mercados por sí solos no producen.

León XIV propone, en síntesis, una regulación profunda de las transformaciones tecnológicas contemporáneas, invocando la necesidad de construir una “civilización del amor”. Se trata de planteos legítimos y necesarios, aunque insuficientes frente a la magnitud de las relaciones de poder que estructuran esta nueva fase del capitalismo. La regulación sin correlación de fuerzas no deja de ser, en última instancia, una petición al poderoso para que limite voluntariamente su capacidad de dominación sobre el débil.

A nuestro entender, no alcanza únicamente con ésta perspectiva “regulacionista”. La escala del problema exige nuevas formulaciones políticas capaces de enfrentar los múltiples rostros del terror capitalista contemporáneo, producido por la creciente fusión entre los grandes fondos financieros de inversión, y las corporaciones tecnológicas-digitales.

En ese marco, asumir una perspectiva de humanismo crítico, que vaya más allá de la valiosa crítica papal sin quedar atrapada en un regulacionismo estéril, implica comprender la profundidad histórica del tiempo que atravesamos. Esto supone defender la soberanía de los pueblos sobre sus datos, sus recursos estratégicos y su infraestructura cognitiva, así como construir alternativas tecnológicas desde el Sur que no reproduzcan las lógicas extractivas ni profundicen las actuales desigualdades estructurales.

Por supuesto, compartimos la idea de un Papa que plantea que “no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de algunos a expensas de costos y heridas en otros, o que relega regiones enteras a roles subordinados impidiéndoles expresar sus propias potencialidades”. Así, sigue la encíclica “el desarrollo es integral cuando no se reduce al ámbito económico, sino que promueve la calidad de vida en sus dimensiones espirituales, culturales, morales y relacionales, en el respeto a la Casa Común, a la diversidad de los pueblos y a sus modos de vivir”.

Por eso vale afirmar, como ensaya el propio León XIV, que lo que hace valiosa la vida humana no puede ser optimizado por ningún algoritmo ni privatizado por ninguna corporación.

*Lina Merino es licenciada en Biotecnología y Biología Molecular, doctora en Ciencias Biológicas (UNLP), diplomada en género y gestión institucional (UNDEF), Profesora (UNAHUR), investigadora del Observatorio de Energía, Ciencia y Tecnología (OECyT) asociado a la plataforma Pueblo y Ciencia y al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).

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