Los hilos, los nudos y las tramas – Por Ana Esther Ceceña
Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.
Ana Esther Ceceña *
El impacto del entorpecimiento del paso de Ormuz, como resultado de la guerra de Estados Unidos e Israel sobre Irán, repercute en el mundo entero, aunque por el volumen de petróleo que abastece a China desde esa ruta, es ciertamente la principal afectada.
En contrapartida, los otros dos puntos de estrangulamiento en el Arábico-Índico están ubicados en la principal ruta de mercancías que utilizan todos los países del Pacífico asiático, de manera que todos tendrían repercusiones si la guerra se complica aún más. Yemen colinda con Bab el-Mandeb y mientras siga estando implicado en la guerra tiene el recurso del cierre al alcance. Con esto el paso de mercancías, cuyo destino está del otro lado de Suez, quedaría interrumpido temporalmente, con lo que significa parar la cadena de suministros. No obstante, el mayor cuello de botella es Malaca, pero el cruce de intereses en ese punto es mucho más intricado. A quien le podría interesar cerrarlo sería a Estados Unidos, aunque sea bajo la mano de sus aliados, pero por lo pronto no parecen contar con un consenso suficiente.
Atacar por el otro flanco
Después de la segunda guerra mundial Estados Unidos dejó instaladas un conjunto de bases militares en el Pacífico, algunas muy importantes en Japón, en las islas Marshall y en Australia, y otras regadas en algunas de las islas que circundan la costa. Además de eso, ha impulsado acuerdos militares y de seguridad con varios de los países de la región. Entre estos destaca el AUKUS, en que se permite la circulación de submarinos nucleares de Estados Unidos, Australia y Reino Unido en aguas del Indopacífico, además de compartir tecnología de monitoreo, comunicaciones y seguridad. Cabría preguntarse a qué le teme Australia porque participa también en el Quadrilateral Security Dialogue (Quad), un tratado similar, junto con Japón, India y Estados Unidos.
Así, parte de la estrategia de Estados Unidos para detener la emergencia de China ha buscado construir o fortalecer el andamiaje de complicidades con los países que la rodean en el Pacífico en los ámbitos comercial, financiero, de inversiones, de seguridad e incluso directamente militar. Uno de los puntos conflictivos más fuertes se ubica en la relación establecida con Taiwán, desafiando la posición oficial de una sola China. Estados Unidos ha proporcionado armas a Taiwán y mantiene una fuerte relación con su empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC).
La primera cadena de islas que bordean la costa china tiene a Taiwán en el centro pero a Japón y Filipinas en los extremos. Con ambos países EU tiene tratados de seguridad e intercambios militares, comprendidos en la Estrategia de Seguridad del Indo-Pacífico donde, por cierto, también Corea del Sur tiene un lugar relevante.
Un detalle geopolítico de enorme importancia es el punto de estrangulamiento particular que se forma en el estrecho entre Taiwán y China continental, por donde deben circular continuamente grandes embarcaciones cargadas de mercancías que provienen de los puertos de la costa norte de China (ver mapa), donde se encuentra, entre otros, Shanghai, que es el mayor puerto del mundo. De manera que Taiwán, más allá de otras consideraciones, es una entidad de disputa del más alto nivel con la que juegan en el difícil tablero del Indopacífico Estados Unidos y China.
El espectro completo
La reproducción material depende del abastecimiento o control de los bienes naturales que el capitalismo ha convertido en recursos. La economía no se mueve sin petróleo. La producción requiere minerales, tierras raras y una diversidad de elementos básicos. La población necesita alimentos y la agricultura fertilizantes. Defender la posición hegemónica no sólo implica convencer sino también controlar. No sólo requiere universalizar una visión del mundo y una cultura entendida como civilización sino que tiene que sostenerla como civilización material.
La materialidad en el capitalismo requiere, fundamentalmente, el control de los territorios, terrestres, marinos y glaciares.
Estados Unidos está apostando a controlarlo todo, a través de la fuerza: Peace through strenght, como bien asienta la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025. Quiere dominar la totalidad.
No obstante, Irán ha puesto en evidencia las limitaciones de la fuerza estadounidense, incluso acompañada por la de Israel, Rusia ha desafiado su capacidad en tecnología militar, China ha rebasado su potencia manufacturera y le disputa la primacía en inteligencia artificial y aeroespacial, el dólar se debilita frente a los espacios desdolarizados y, como si eso no bastara, internamente la sociedad estadounidense es un desorden, las protestas se militarizan, los trabajadores migrantes son perseguidos y encarcelados, el número de homeless va en ascenso, la inflación no cesa y la drogadicción, letal o no, no deja de aumentar. Y, para colmo, el orden mundial que propone ya no es compartido por buena parte del planeta.
Estados Unidos tiene todavía una gran potencia destructiva pero, ¿podrá sustentar con eso su hegemonía?
