No es Milei, es el imperialismo – Por Gabriel Mazzarovich

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No es Milei, es el imperialismo

Por Gabriel Mazzarovich.

La operación político-diplomática que protagonizó el presidente de Argentina, el ultraderechista Javier Milei, contra el presidente de Brasil, Luis Inácio Lula Da Silva, ya tuvo consecuencias graves, en el plano institucional, en las relaciones bilaterales y en el MERCOSUR. Esta operación es parte del plan explícito del imperialismo yanqui para acentuar su hegemonía en nuestro continente. No puede analizarse como un hecho aislado.

Milei, autoproclamado líder de la ultraderecha continental y mundial, es un provocador, no tiene límites y tiende a atribuirse un peso personal muy superior al que realmente tiene. La realidad es que está cumpliendo un rol que le asigna el régimen de Donald Trump en un guion cuidadosamente establecido, con fases, que además se están desarrollando a ojos de todo el mundo. No hay que permitir que la espectacularidad de algunos hechos y al presentarse estos como episodios sin conexión nos haga perder la gravedad de lo que está en marcha y su alcance.

Milei, que es el presidente de Argentina, fue el 25 de julio a Brasil, un país con el que tiene relaciones diplomáticas y es su principal socio comercial, a participar de un acto de campaña electoral de un partido político de ultraderecha que lleva como candidato a Flavio Bolsonaro, hijo de Jair que no puede ser candidato porque está preso por golpista. Esto ya de por sí es grave. Pero Milei fue mucho más allá, en el discurso de ese acto político partidario no solo ensalzó a Flavio, sino que, fundamentalmente, atacó, calumnió y denostó a Lula, que es el actual presidente de Brasil.

Milei dijo que Lula era “corrupto, ladrón, presidiario y basura socialista”. Luego repitió estos insultos en varias entrevistas de medios y streaming amigos e incluso fue más sincero y dijo que el objetivo político de esa brutal injerencia en los asuntos internos de Brasil era “cambiarle de singo” y agregó “por el bien de los brasileños, sacarse a los corruptos y chorros de encima siempre es bueno. Sacarse a los zurdos de encima siempre es bueno”.

Es evidente, lo dice él mismo, que la intención es influir descaradamente en las elecciones brasileñas para que gane la ultraderecha.

Milei miente, casi siempre miente, es parte de su identidad política mentir, Lula fue víctima de una operación de lawfare para marginarlo de las elecciones y permitir el triunfo de Jair Bolsonaro, para lo que previamente le habían dado un golpe de Estado a Dilma Rousseff. Y también sobre actúa, es posible que vaya más allá de lo que EEUU plantea, en su afán de sumisión al imperialismo y de transformarse en la figura referencial de la región para los yanquis. Pero esto no rebaja un milímetro la necesidad de ver quién manda en esta operación y la dimensión de esta.

Milei en una semana insultó y calumnió cuatro veces a Lula, en un acto en Brasil y en tres entrevistas en medios amigos. Lula y Brasil intentaron bajar el impacto de la provocación, llamaron al embajador brasileño en Buenos Aires en consulta, pero la escalada los fue llevando a tener que tomar otra posición. El miércoles el gobierno brasileño anunció que el embajador no iba a regresar a Argentina y que rebajaba las relaciones diplomáticas entre los países al nivel de encargados de negocios. Medios argentinos y brasileños han señalado que se está en el peor momento de las relaciones bilaterales desde la recuperación de la democracia, es decir en más de 40 años.

En el plano institucional es una crisis grave, desestabiliza y golpea al MERCOSUR, que acaba de firmar un TLC con la Unión Europea, está discutiendo uno con Vietnam y avanza en sus relaciones con China.

La pregunta es: ¿A quién beneficia esta desestabilización del MERCOSUR? La respuesta es clara: a ninguno de los países que lo integran, ni al continente, ni a sus pueblos, a nadie más que a EEUU y su política imperialista de dominación del continente.

Hay que recordar que simultáneamente a la provocación de Miel el régimen de Donald Trump canceló la visa de la embajadora de Brasil en EEUU, María Luiza Viotti y que antes había subido los aranceles a los productos brasileños.

Pero reiteramos, es necesario inscribir esta provocación contra Brasil en la política imperialista de EEUU. El objetivo de asegurar su hegemonía en nuestro continente está explícito en la Doctrina de Seguridad Nacional publicada a finales del año pasado, que reivindica a texto expreso la Doctrina Monroe que considera a nuestro continente como su propiedad; en la Estrategia de Defensa Nacional publicada poco después; en el Escudo de las Américas; y, más recientemente, en la cumbre denominada “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, realizada el 16 de julio en Washington, con el objetivo de unificar estrategias contra lo que denominaron “redes de extrema izquierda”. En estos meses además, EEUU atacó Venezuela y secuestró a su presidente e incrementó el brutal bloqueo y las amenazas contra Cuba.

A todo esto hay que incorporar otro elemento. Como informó el Portal de EL POPULAR, en estos mismos días, EEUU anunció que el Comando Sur lanzó la denominada Fuerza Operativa Conjunta del Hemisferio Occidental (JTF-WHEM). Esta nueva estructura militar continental está integrada por EEUU y 18 socios de América Latina y el Caribe.

Los países de América Latina y el Caribe que forman parte de esta nueva estructura militar son: Argentina, Bahamas, Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago. (https://elpopular.uy/lanza-estados-unidos-una-fuerza-militar-conjunta-con-18-paises-de-america-latina-y-el-caribe/)

Esta es la concreción práctica de los objetivos del Escudo de las Américas, ese ariete imperialista para aumentar la presencia militar de EEUU en nuestro continente, con la excusa de combatir el narcotráfico, al que se lo define como terrorista.

Una excusa que se cae por sí sola, solo basta recordar que EEUU ejecutó extrajudicialmente a más de 220 personas en el Pacífico y el Caribe, hundiendo lanchas, que, sin ninguna prueba, dijo que eran de narcotraficantes. Para mostrar la falsedad y el cinismo de justificar con el combate al narcotráfico esta militarización del continente y subordinación de las Fuerzas Armadas de nuestros países al Comando Sur y al Pentágono alcanza con señalar que un reciente informe de la DEA, publicado por el Washington Post, establece que el hundimiento de las lanchas, el asesinato de 220 personas y todas las operaciones realizadas “no han reducido el suministro, precio ni pureza de la cocaína que ingresa” a EEUU. A lo que hay que sumar que Trump indultó al ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, que estaba preso en EEUU, procesado por la justicia norteamericana y condenado a 45 años de cárcel por narcotraficante.

El régimen de Trump no esconde sus intenciones. Trump se ha vanagloriado de su injerencia e intervención en las elecciones de medio tiempo de Argentina, habilitando un préstamo de miles de millones dólares que se concretaría solo si ganaba Milei, que incluyó negociados con empresas vinculadas a su familia y a integrantes de su gobierno; en Honduras, apoyando al ultraderechista Nasry Asfura y amenazando con cortar las remesas si no ganaba; en Ecuador; en Colombia; en Bolivia, en Perú. Hay que incluir también la presión brutal contra Panamá por el Canal y el chantaje y las amenazas constantes contra México y su presidenta Claudia Sheinbaum.

Pero es importante poner todo junto, ver la dimensión real de la operación. Por supuesto que también juega la red internacional de ultraderecha, con campañas en las redes y los medios en manos de las oligarquías. Pero lo central es la estrategia continental del imperialismo yanqui.

EEUU con su política de chantaje, amenazas y su injerencia no solo ha contribuido a la victoria de la ultraderecha en buena parte del continente, también ha desestabilizado o paralizado a instancias de integración regional como el MERCOSUR, el CARICOM y la CELAC. Y ni siquiera está apelando a los organismos históricos de hegemonía gringa como la OEA, no, porque esta tiene normas, reglas, cartas democráticas. La ruptura del orden internacional en nuestro continente implica la creación de estructuras nuevas, donde EEUU decide quien está y quien no y tiene el mando, sin ninguna posibilidad de control o de debate.

Luchar para transformar la realidad implica, en primer lugar, asumirla en su complejidad y en su crudeza. La ofensiva imperialista es de este tamaño y está teniendo estos resultados.

No alcanza con describir la catástrofe, es necesario encontrar los caminos para enfrentar esta ofensiva y abrir caminos para superarla, el planteamiento de Rodney Arismendi de construir unidad de pueblos y gobiernos enfrenta los desafíos que esta realidad muestra, también los tenía cuando fue formulada.

Un buen comienzo es apelar a la claridad de Silvio Rodríguez y practicar “la necedad de asumir el enemigo”.

EL POPULAR UY 

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