Argentina debe discutir quién, cómo y para quiénes produce el alimento 

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Argentina debe discutir quién, cómo y para quiénes produce el alimento 

En Argentina, la lucha campesina no puede quedar encerrada en una efeméride. El 17 de abril vuelve a abrir una pregunta que golpea la mesa del presente: ¿Quién produce el alimento, para quién se produce y por qué tantas familias no pueden acceder a un plato diario? En un país con tierra, productores y saber rural, el hambre no es un accidente. Es una decisión política y una forma de organizarnos socialmente.

 

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El Día Internacional de las Luchas Campesinas recuerda la Masacre de Eldorado dos Carajás, ocurrida el 17 de abril de 1996 en el estado de Pará, al norte de Brasil. Más de mil quinientos trabajadores rurales sin tierra marchaban por la carretera PA-150 cuando fueron interceptados por la Policía Militar de Pará. Veintiún campesinos fueron asesinados. Diecinueve murieron en el lugar y dos después. Tras esa masacre, durante la Segunda Conferencia Internacional de La Vía Campesina, realizada en México, se estableció esta jornada como día mundial de memoria, unidad y lucha.

Pero recordar Eldorado dos Carajás no significa mirar una tragedia lejana. Significa traer esa pregunta al territorio propio. En diálogo con NODAL desde San Luis, en el centro-oeste de Argentina, Fabiana Moyano*, trabaja desde Luján, en la construcción de una comuna socio productiva, nos permite resignificar esa lucha. Desde allí articula con productores y productoras del pueblo, del corredor norte sanluiseño y de otras provincias argentinas. También impulsa jornadas rurales de trabajo voluntario con universidades de todo el país. La idea es simple: estar donde están quienes producen y poner el cuerpo en las tareas que sostienen la vida cotidiana.

Esa experiencia permite discutir la soberanía y seguridad alimentaria desde un lugar concreto. No como consigna. No como una palabra de documentos. Como problema diario. En este sentido Fabiana reflexiona: “ …creo que poder retomar un poco esa lucha de esos compañeros, compañeras campesinos, sobre todo en este mundo que hoy nos está atravesando para realmente ponerlo en tensión y discutir nosotros que estamos soñando, qué alimentos queremos para nuestros pibes y nuestras pibas, donde hoy  entendemos, sobre todo en nuestro país, que muchas de nuestras infancias y las familias no pueden hacer el plato de comida diario. Entonces poder poner, digamos, en tensión y discusión qué alimentos queremos consumir en nuestro país, quiénes lo van a producir y para quiénes va a ser, es sumamente necesario y urgente para que realmente haya soberanía alimentaria, para que realmente podamos concretar ese sueño.”

Por eso la pregunta central no es solo qué alimentos consume Argentina. La pregunta es quién y cómo los produce y con qué destino. Un modelo puede producir para exportar, para concentrar ganancias o para abastecer mercados lejanos. Otro modelo puede producir para alimentar a las comunidades, fortalecer economías locales y sostener territorios. Entre esos dos caminos hay una disputa. No se define sólo en el campo. También se define en las ciudades, en las universidades, en los comedores, en las redes, en los precios y en la vida de las infancias.

Fabiana Moyano plantea esa tensión desde una preocupación concreta ¿Qué alimentos queremos para nuestros pibes y nuestras pibas? Esa formulación obliga a salir del lenguaje abstracto. No habla de mercancías. Habla de comida. No habla de consumidores. Habla de familias. No habla de rentabilidad. Habla de la vida cotidiana. Cuando el alimento se vuelve inaccesible, el problema no es solo económico. Es una ruptura entre el derecho a vivir y el modo en que se organiza la producción.

La comuna socio productiva “La Crisálida”  que se construye en Luján aparece como una posible respuesta. No pretende resolver sola un problema nacional. Pero muestra una dirección. Organización territorial. Articulación y producción con productores. Trabajo voluntario. Participación de universidades. Construcción comunitaria. En lugar de pensar el campo como un espacio separado de la sociedad, lo ubica como centro de una política popular. La producción de alimentos no puede quedar aislada de la educación, de la organización barrial, de la comunicación y de la disputa cultural.

En esta etapa, esa disputa también ocurre en el plano virtual. Las organizaciones populares ya no pueden pensar el territorio solo como suelo, camino, parcela o galpón. La nueva fase del capitalismo también organiza deseos, consumos, discursos y sentidos desde las pantallas. Por eso construir poder popular implica trabajar en los territorios físicos y disputar los territorios digitales. Si el alimento se produce en la tierra, su sentido social también se pelea en la comunicación.

La lucha campesina, entonces, no es una causa rural. Es una causa nacional y social. Cada productor que resiste en su tierra defiende algo más que su parcela. Defiende la posibilidad de otra relación entre trabajo, alimento y comunidad. Cada jornada rural de trabajo voluntario rompe una distancia. Acerca la universidad al productor. Acerca la ciudad al campo. Acerca a la juventud a la producción. Y muestra que la soberanía alimentaria no se declara. Se organiza.

El 17 de abril permite volver sobre una certeza. La memoria de los campesinos asesinados en Brasil no puede quedar convertida en homenaje quieto. Tiene que servir para empujar una discusión actual en Argentina. No alcanza con producir alimentos si el pueblo no accede a ellos. No alcanza con hablar de dignidad si quienes producen viven al límite. No alcanza con nombrar la soberanía alimentaria si no se construyen experiencias que la hagan posible.

Argentina necesita discutir qué sistema agroalimentario quiere construir. Uno que expulse, concentre y encarezca la comida. U otro que arraigue, alimente y organice la comunidad. La respuesta no vendrá sola. Se construye con productores, productoras, estudiantes, profesionales, cooperativas, pymes, trabajadores, organizaciones populares y territorios en movimiento. Hasta que la dignidad sea costumbre. Hasta que comer bien no sea un privilegio. Hasta que la tierra vuelva a ser de quienes la trabajan y alimentan al pueblo.

*Fabiana Moyano, productora, militante y miembro de la Comuna Socio Productiva La Crisálida

Suplemento especial elaborado por el equipo del Centro de Estudios Agrarios, coordinado por Carolina Sturniolo, Bruno Ceschín y Fernando Rizza.

 

 

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