El novísimo rococó de la aristocracia financiera – Por Matías Feito

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El novísimo rococó de la aristocracia financiera

*Por Matías Feito

 

“Viernes — 9 Nada. Diputación de los Estados.

Sábado — 10 Nada. Respuesta a Diputación de los Estados.

Domingo — 11 Nada. Despedida de ministro Necker.

Lunes — 12 Oración de las Vísperas. Despedida de ministros Montmorin, Saint-Priest y La Luzerne.

Martes — 13 Nada.

Miércoles — 14 Nada.”

Luis XVI, diario del mes de julio de 1789

La argamasa ideológica del paisaje que habitamos se compone de una extensa superficie de frivolidades en livianos colores pasteles, salones privados de espejos móviles, nuevas escenas galantes en imaginarios entornos de paz social, retratos en cuerpos de porcelana, autorretratos y más autorretratos, liberalismo por doquier y emocionalismo para cada quién.

Lo abigarrado, lo saturado definen nuestros paisajes al desplazarnos entre conjuntos de mercancías, concentraciones de personas y mediaciones estables desde los confines de intereses dominantes.

El novísimo rococó está compuesto de saturaciones y tedios, de acciones descomponedoras y marginalismo político. Pensaremos tras la autonomización del “dinero por el dinero” y su desgastada contracara de efectos de derrota en teorizaciones sobre autonomía política. Se trata de un cálculo más en los negocios políticos y económicos de los que goza el proceso de radicalización de la aristocracia financiera y su alianza, al instalarnos en el dispositivo déspota/eunuco.

Un neorrococó se propone decorar, no resolver contradicciones. O más bien, habitar en el doble vínculo de la frivolidad del poder. Así contraponemos a la defensa, una desafección o desconexión; al espacio incómodo del antagonismo, un refugio donde gozar o prometer gozar en procesos de rebajamiento.

Al quitar drama a los vínculos sociales nos desplazamos de una burbuja a otra, donde reinan espectáculos íntimos que descansan sobre juegos de exclusión a cualquier forma de valor-trabajo en sufrimientos, dolores, costos.

Es la escena del goce privatizador en la clausura de la transformación social.

Sobre Laclos: ¿qué hace peligrosas a las relaciones?

La correspondencia como forma en que se intercambian acciones, encuentra en el intercambio de cartas un carácter más que reconocible. La novela epistolar Relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos es un artefacto curioso en la literatura del siglo XVIII.

En la forma de las correspondencias se construyen-destruyen relaciones sociales; sin embargo, lo peligroso se aloja allí donde se abren paso las debilidades constructivas. En este sentido, los dos personajes principales de la novela constituyen la intriga en operador específico que atraviesa el relato situado en Francia durante el periodo previo a la Revolución (publicada por primera vez en 1782).

Volvamos a la intriga en el marco de engaños, seducciones, conquistas de la Marquesa de Mertuil y el Vizconde de Valmont.

La acción de intrigar en Relaciones peligrosas, según André Malraux, es “un conjunto eficaz y orientado de engaños”, “creer que se puede actuar sobre los hombres, a través de sus pasiones, que son sus debilidades”, “saber lo que un personaje va a hacerle creer a otro para gobernar su acción” hasta la coerción, aunque el medio “ya no es la fuerza, sino la persuasión”. Suceden en espacialidades elevadas de la aristocracia y aisladas en sus salones de palacios donde intercambian estos comportamientos de intriga.

La Marquesa de Mertuil escribe al Vizconde de Valmont: “conservar el aspecto de la violencia hasta en las cosas en que acordamos, y halagamos hábilmente nuestras dos pasiones favoritas: la gloria de la defensa y el placer de la derrota”.

¿Qué hace peligrosas a las relaciones? La construcción del desarme en otros, por ejemplo: “que se entregue, pero que luche; que sin tener la fuerza para vencer, tenga la de resistir” (Carta XXIII). La alianza entre los personajes principales para operar sobre otros hasta hacerlos caer, entregarse, exponerlos a un escándalo que quebrará sus fuerzas morales, ante una sociedad que sanciona el comportamiento expuesto y destruye sus vínculos con el mundo. ¿No hay una marca de estas dinámicas y espacialidades en las interacciones de plataformas digitales?

Las figuras del libertinismo, del comportamiento libertino, en elección-seducción-caída-ruptura que traemos del ensayo de Roger Vailland (Laclos, Teoría del libertino) hace a su tecnología de intriga y conspiración. Estas figuras son fases que transforman en elección (¿a quién opera?) de la personificación, a seducción en movimientos de cacería (escena típica de la aristocracia), a caída o entrega bajo sus garras y, finalmente, de ruptura al despedazar socialmente.

Aquellos espacios interiores donde el comportamiento libertino se elevaba y aislaba en relaciones peligrosas, en posiciones resguardadas para goces calculados. Hasta que las tecnologías de intriga y conspiración llegan al interior de la alianza que los sostiene. ¿Qué reemplazan esas tecnologías?

El autor (Laclos) es crítico de este orden de estilo rococó y defensor de derechos de las mujeres en el proceso que denuncia. No es casual su afiliación jacobina, participando del proceso revolucionario, periodo en que inventó un tipo de artefacto explosivo llamado “bomba hueca”, un proyectil que penetra y explota dentro de un objetivo. Otro curioso artefacto en correspondencia a la correspondencia epistolar de Relaciones peligrosas, poniendo en crisis los modos de manipulación detona intrigas y conspiraciones desde un movimiento, una guerra de movimientos en busca de una batalla decisiva (no sólo al resguardo de posiciones que llegan a la saturación).

¿Qué hace peligrosas a las relaciones? Un desencadenante al orden social, un armazón que guarda al orden social (¿o lo reemplaza?).

Las ballenas del corsé: forma que asume y subsume

Lo saturado nos remite a la desasimilación, a la pérdida de enlace de un grupo dirigente. De aquellas figuras brotan percepciones desligadas, desafectadas de su entorno, parece que la desconexión a los acontecimientos hace a un código de detenimiento de la realidad porque siempre-fue-así, nada-cambia.

¿La saturación genera oposición? Un “grupo dirigente se ha saturado, convirtiéndose en una estrecha camarilla que tiende a perpetrar sus mezquinos privilegios, regulando o incluso sofocando el nacimiento de fuerzas que le opongan” (Gramsci, C. 13, 36). El descenso de las luchas intenta por la vía regia de la domesticación a un territorio libre de amenazas. La saturación nos lleva a la vía doméstica que carece de oposición por detenimientos políticos y sociales.

El viejo rococó en su liviandad transitaba de las pesadas normas de comportamientos religiosos y cortesanos, de relaciones sociales que constriñeron y saturaron, a la disolución de su orden. La frivolidad también puede llevar a una tendencia liberadora en lo insostenible de pesados referentes creados por los mismos grupos dominantes que en ciertas circunstancias prefieren no llevarlos a cuestas. ¿De qué sirve mantenerse en una espacialidad conceptual ajena? ¿Por qué sostener una representación abandonada que tuvo una función de dominio?

Esa sensación de liberarse de un corsé va a acompañar nuestra búsqueda de imágenes, nuestras mediaciones a modo de estaciones de paso. De tantos interiores vamos al espacio de la ruptura más íntima en lo corporal. Al pensar en un estilo rococó, nos viene automáticamente imágenes de retratos femeninos vestidos con corsé y miriñaque.

Lo encorsetado, encorsetamiento, encorsetar. Tiene un sentido de limitación o uso ortopédico. La palabra corset, de origen francés, significa “cuerpecito” (cors deriva de corpus, el sufijo et de pequeño). Considerada una prenda femenina de lujo que construía un tipo de silueta delgada que continuaba en faldas con miriñaque.

Estamos ante la presencia de un verdadero instrumento de intensa incomodidad o tortura, forma que subsume. La prenda está compuesta de ballenas (algunas publicaciones señalan que confeccionaban con huesos de ballena en un primer momento) que son varillas verticales que dan soporte y mantienen en tensión. La forma que asume, si podemos llamarla así a tal sufrimiento corporal, era el signo de posición social de aquellas personas que lo usaban, ya era sinónimo de ocio. Dado que impedía cualquier tipo de tarea o labor. Hasta Rousseau denuncia a esta “prensa corporal” y es desde sus lazos “ajustados” que seguimos explorando una imagen del estilo rococó.

Las ballenas del corsé como forma política demarcan una situación en que ajustan a las voluntades, constriñen relaciones sociales, soportan y mantienen tensiones. El ajuste permea una diversidad de otros ajustes. Retomando a Sarah Ahmed en la noción de ajuste de voluntad al alinearnos con los demás, al esforzarnos para querer lo que otros quieren o comportarse del modo esperado. Emerge un trabajo emocional por cerrar filas, convencernos para estar en defensa de un orden.

Aquellos que no sienten la opresión social, aún vulnerables, frágiles, no pueden oponerse a un orden injusto. El conocimiento de la realidad se re-describe encubriendo la herida del poder-sobre cada quién.

Dos usos del corsé en Gramsci. En un caso, “el contacto con el enemigo se buscó solo a través de los arditi, que formaban algo así como un velo entre el enemigo y el ejército de reclutamiento (función de las varillas del corsé)” (C. 13, 37). Y en otro caso, “se deducen determinadas necesidades para cada movimiento cultural a sustituir el sentido común y las viejas concepciones del mundo en general: 1) no cansarse nunca de repetir sus argumentos (variando su forma literaria): la repetición es el medio didáctico más eficaz para operar sobre la mentalidad popular; 2) trabajar incesantemente por elevar intelectualmente a estratos populares cada vez más amplios, esto es, para dar pie a élites de intelectuales de un tipo nuevo, que surjan directamente de la masa aunque permaneciendo en contacto con ella para convertirse en las “varillas” del corsé. Esta segunda necesidad, si es satisfecha, es la que realmente modifica el “panorama ideológico” de una época” (C. 11, 12).

La distancia entre desfile y marcha, o acerca del desplazamiento de fuerza social

De lo público del íntimo corsé al ornamento sin mundo, continuamos desplazándonos por la frivolidad del poder.

Nos preguntamos sobre el neorrococó en su aspecto de decorar contradicciones, más que resolverlas. Para ello, apelamos a algunas proposiciones de Georg Lukács sobre “Ornamentística” (Estética 1) a la que define por su “carácter abstracto y sin mundo”. Lejos de una mera superficialidad nos advierte que la “falta de toda negatividad no es en la ornamentística una huida para evitar su conformación, sino, por el contrario, una peculiaridad necesaria y de principio de este tipo de dación de forma. Por eso la falta de profundidad que de ello se desprende necesariamente no es una tendencia a la superficialidad, sino que expresa, por el contrario, un aspecto muy específico de la realidad”.

Más acá de una lectura sistemática, nos tomamos de aquella falta de profundidad que expresa un enfrentamiento específico. Lo ornamental recorre detenimientos, el poder intenta quitar negatividad para flexibilizar los cuerpos expropiados en un presente continuo “sin mundo” donde la decoración impide formación de fuerza antagónica.

¿A qué nos remite lo frívolo del poder? Al borrado de las luchas que forman el campo político; al borramiento del proceso de confrontaciones como príncipe/principio del orden de los cuerpos y las cosas. Este espaciamiento es sustituido –acciones descomponedoras que eliminan mediaciones históricas e institucionales- por una ofensiva radicalizada de la aristocracia financiera y los agrupamientos políticos que esta desencadena. El objetivo es articular un marginalismo político que opera en los espaciamientos del borrado, distribuyendo a la población en el eje utilidad/inutilidad. Los sacrificios hegemónicos pierden su carácter social y son asimilados a las leyes naturales del mercado.

Ante brutales cambios de proporción del capitalismo de mercado sobre el capitalismo de estado en las estructuras económicas-sociales. El novísimo rococó que ensayamos trata de contornear el despliegue de la aristocracia financiera a su intento de construir alianzas y consenso pasivo en una red de interdependencias. Su propuesta es moldear sentimientos, representaciones, imaginaciones, expresiones en el interregno en que las mediaciones existentes que nos sostenían tienden a descomponerse bajo nuestros pies.

La sensibilidad crítica en el neorrococó es un arma moral y punto de ataque que nos permite recomenzar ante acciones descomponedoras. Asumiendo el tiempo social que no es cronológico ni acumulativo, más bien kairológico (tiempo oportuno) de la zona desencadenante entre proceso de formación de fuerza y acto político.

Caeríamos en la misma liviandad criticada al creer en el sentido progresivo de la revolución o un proceso revolucionario que sucede al rococó histórico. Ya sabemos aquello de los géneros en la repetición de lo histórico. Por eso, en el neorrococó no sabemos si el sentido de revolución estará en el pasado o futuro de un tiempo social. Incluso, podemos imaginar el sentido de un barroco que no ha quedado atrás sino delante de nuestros pasos.

¿A dónde va el desplazamiento de una fuerza? ¿Cómo resolver problemas de conducción en desplazamiento? Traemos la distancia entre desfile y marcha para aproximarnos al desplazamiento de fuerza social.

Los desfiles comprenden una doble funcionalidad. Tienen fecha, hora y recorrido establecido para demostrar fuerza. Comienzan y terminan exhibiendo al poder el malestar sobrante conviviendo con la fotografía que lo captura. En minutos, millones de personas se arman y desarman hasta la próxima convocatoria cayendo en la trampa del ornamento.

Claro, también los desfiles pueden comprender otra funcionalidad que activa y detona un proceso de formación.

En cambio, marchar es más que la suma aritmética de caminar con otros. Consiste en la emergencia del acto en lucha del campo popular que puede tomar diversas maneras (larga, acelerada, intermitente, etc.) según la configuración de la fuerza contenida en los movimientos de protesta, oposición política y oposición oficial.

La distancia entre desfile (comprendiendo su doble funcionalidad de exhibición decorativa o de activador social) y marcha hace a puntos morfológicos de una escala en los procesos de formación de fuerza en la lucha de la clase obrera y el campo del pueblo. Aun así, no hay garantía del pasaje de una a otra mecánicamente. La clave es transformar concentraciones masivas en zona desencadenante de formas de lucha que asuman el movimiento de oposición política (fracturado y fragmentado organizativamente) y la fuerza de las protestas (dispersas) en la construcción de territorialidad social propia.

Sí retomamos los dos usos de Gramsci a la construcción de un nuevo panorama ideológico que equilibre dos tareas: a) repeticiones didácticas como tarea de agitación, y b) producción y reproducción de cuadros en las masas como tarea de propaganda. Sin este armazón que forme y organice la recuperación de territorialidad social, los hechos de protesta y lucha pierden sentido-continuidad-dirección.

Los problemas de conducción tienen una importante operación sobre las debilidades construidas en cada encuentro a lo largo y ancho de lo social, pero esto ocurre solo si emerge oposición en un tiempo oportuno, recuperando así la negatividad que trabaja en los procesos de lucha para resolver la distancia en las condiciones de existencia que obstaculiza el desplazamiento de las fuerzas contenidas.

Cerramos estas reflexiones siguiendo en las prácticas de verdad a Beba Balvé: “para encontrarse en el enfrentamiento tiene que haber marcha (desplazamiento), no desfile”.

 

* Investigador del Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (CICSO, www.cicso.org), Argentina.

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